José Manuel Rodríguez
Por estos días, los profesores de la Universidad Bolivariana de Venezuela, hemos estado reuniéndonos para discutir cómo, lo sucedido con la gravísima agresión norteamericana a nuestro país, nos obliga a someter a revisión nuestro plan de formación docente para adaptarlo a las circunstancias. Es absolutamente necesario hacerlo, esa agresión más allá de las pérdidas de vida y bienes, ha sido un ataque a nuestra institucionalidad.
No es poca cosa lo que hizo el imperio para secuestrar a nuestro presidente y a la primera combatiente. Lo aquí sucedido está bien lejos de aquello que pasó en el Panamá de 1989. Se ha violentado sin razón ni amparo de ley alguna, todo lo que se podía violentar. Esto ha convertido, como nunca antes, al gobierno norteamericano, incluyendo su rama legislativa y judicial, en un muy grande, poderoso y perverso delincuente.
Tan claro fue la declaración de guerra que, el mandamás de esa banda de facinerosos, actuando como «bestia de una no nación», ha declarado descaradamente, que a partir de ese momento, se ha convertido en jefe de Venezuela, agravando su impudicia y ofendiendo a nuestra presidenta encargada -y a través de ella a todos nosotros- al decir que la colocó bajo sus órdenes. Ante esto ¿de qué manera nuestro gobierno debería actuar? Este es el asunto más importante que la nación tiene hoy derecho a discutir pues está en juego su futuro. Aquí no vale argumentar que tal asunto es tarea de los altos funcionarios del Estado.
Volviendo a lo de la reunión profesoral, en ella, uno de los ponentes habló de lo que llamó pragmatismo vs. idealismo. Reafirmando que en tales circunstancias, no tiene dudas que el imperio más poderoso del mundo nos está obligando a actuar pragmáticamente -sin idealismo que valga- pues evidentemente USA, en contra de mantener como debería ser, el delicado equilibrio con las otras dos potencias mundiales, ha decidido impedir que negociemos libremente nuestro petróleo.
No me gusta llamar idealista lo que Chávez llamó «la revolución bonita» pues, esa caracterización no tiene cabida mientras exista un orden mundial, basado en la agresividad gringa para intervenir donde le dé la gana, en defensa de sus intereses. Aún menos me gusta el pragmatismo que es una manera de asumir, dependiendo de las circunstancias, «el todo vale». No fue esto lo que aprendimos de Chávez, al revés, nos llamaba a radicalizar el proceso avanzando al Estado Comunal.

















