José Sant Roz
Entre tantos recortes de periódicos y revistas me topo con una fotografía de Octavio Lepage, ex presidente de Venezuela, en la que él aparece siendo besuqueado por un grupo de adecas. Recuerdo que este personaje en medio de los temblores del 4-F de 1992, junto con David Morales Bello y Carlos Canache Mata fue de los que corrió a asilarse a una embajada pro-gringa.
Cuando Lepage por carambola llega a la presidencia se la pasaba en Miraflores tomándose fotografias «para la historia». Mandó a pedir un caballo blanco para hacerse un retrato, porque él se consideraba más apuesto que Bolívar en un corcel blanco, más apuesto que Antonio Guzmán Blanco, que Joaquín Crespo, Juan Vicente Gómez o el mismo Rómulo Betancourt; su delirio por llegar a la presidencia le hizo cometer en Miraflores toda clase de payasadas, entre ellas contratar a 25 fotógrafos para posar en los distintos salones y jardines del palacio. Cuando traspasó la codiciada Silla al doctor Caldera, se fue de viaje, como diplomático a la Conferencia de Río, en Brasil.
Lo insólito fue el robo que practicó don Octavio Lepage siendo encargado de la Presidencia, cargó el pillo con cincuenta estuches con monedas de Bronce que representaban los «Momentos esterales del Libertador», elaborados por una famosa casa europea. Esto nunca se ha investigado debidamente.
Como se sabe, Lepage en su carrera hacia la presidencia, fue ministro de Relaciones Interior de Crlos Andrés Pérez (CAP) durante su primer mandato, cuando hubo unas muertes horribles que ennegrecieron la imagen de aquel gobierno y cuando mataron a Jorge Rodríguez; la imaginación popular le echó la culpa por el fatal accidente en el que murió Renny Otolina. Entonces existían 83 presos políticos en el país. En el primer mandato de CAP se seguía torturando y sufriendo maltratos físicos en las cárceles igualito que durante la época de Betancourt y Leoni. Los estudiantes abaleados era cosa de todas las semanas, y el ministro de Relaciones Interiores Octavio Lepage se enorgullecía de la eficacia policial contra los disturbios estudiantiles. Las universidades se cerraban varios meses cada año, ya fuesen por estos disturbios estudiantiles o por reclamaciones reivindicativas de los profesores.
Hasta dirigentes, diputados (como Adolfo Melchert, de Copei, Salom Meza Espinoza, Fortunato Herrera), las doctoras Lila Frías, Berenice Rondón, Sara Godoy (por el lío del secuestro del norteamericano Frank Niehous) y el Presidente del Comité de Derechos Humanos (Agustín Calzadilla) fueron apresados y vejados durante el mandato del ministro Lepege. El 12 de junio de 1976 fueron detenidos 600 militantes de la Liga Socialista y del grupo Ruptura en Maracay. El 26 de julio, luego de ser detenido y torturado muere asesinado a manos de la DISIP, el dirigente socialista Jorge Rodríguez, como dijimos. Otro crimen que dejó impune esta democracia. En ese estilo cínico-irónico-burlesco impuesto por Gonzalo Barrios y que tanto le estaba encantando a adecos como a copeyanos, incluso a tipos de izquierda como Teodoro Petkoff, el ministro Octavio Lepage declaró: “Jorge Rodríguez ha muerto a consecuencia de un infarto al miocardio.” En mismo jefe de la DISIP, haciéndose eco de la macabra compostura del abuelo de AD, Gonzalo Barrios declaró: “A Rodríguez le dio un yeyo y se quedó muerto.”

















