El presidente Donald Trump dijo este martes que «Cuba va a caer bastante pronto», agregando que Venezuela, que una vez fue su principal proveedor, recientemente no ha estado enviando petróleo ni dinero a la isla.
El comentario fue seguido por la decisión de Trump de impulsar un embargo petrolero global contra Cuba amenazando con tarifas a terceros países que le vendan crudo a la isla socialista. Eso es genocidio. No hace falta mucho esfuerzo para imaginar la cantidad de vidas infantiles que costaría.
Mucho se ha escrito de la poca experiencia militar del presidente estadounidense, experto en huir de las citas para hacer el servicio militar y de su paso breve por una academia castrense para niños ricos en la que según se dice solo aprendió las malas artes del chantaje y el desprecio hacia sus subordinados – habilidades probablemente muy necesarias en el mundo de los sicópatas. Sin embargo, la principal carencia de Trump en estos momentos no es militar, sino de cultura general: No sabe nada de historia.
Antes de Trump, otros diez presidentes juraron doblegar a este pequeño país caribeño y perecieron (política o literalmente) en el intento.
– Ya en los albores de la Revolución Cubana, en 1959, el presidente Dwigt Eisenhower dijo que «Estados Unidos, de conformidad con sus obligaciones, no va a permitir que se establezca un régimen dominado por el comunismo en el hemisferio occidental». Eisenhower murió a los dos años, no sin antes promulgar la «Ley Puñal» que recortaba la cuota azucarera -entonces su única fuente exportaciones- de Cuba. Además firmó un memorando dando carta blanca a la CIA para impulsar acciones encubiertas contra la isla.
– A partir de 1962, John Fitzgerald Kennedy decía que «la Cortina de Hierro está a 90 millas de la costa de Estados Unidos». Heredero de las políticas anticubanas de Eisenhower, Kennedy no solamente firmó la orden ejecutiva 3447 que dio inicio al bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba, sino también aprobó la fallida invasión de Bahía de Cochinos y dio inicio a toda una prolongada campaña de terrorismo y sabotajes.
– Tras el asesinato de Kennedy, el presidente Lyndon B. Johnson a partir de 1963 reforzaría las políticas anticubanas del bloqueo concentrándose en tratar de prohibir los envíos de alimentos de terceros países a la isla y en dañar sus relaciones económicas con los países socialistas. Curiosamente, llamó «Alimentos por Paz» a un programa que prohibía los envíos de comida a la isla. Asimismo, presionó a paises latinoamericanos para que se unieran al bloqueo contra Cuba. Como vicepresidente de Kennedy, Johnson participó en las políticas anticubanas de este, en especial en la Operación Peter Pan consistente en secuestrar a miles de niños cubanos de sus familias en la isla para ser adoptados por familias al otro lado del estrecho de la Florida.
– Entre 1969 y 1974, durante la presidencia de Richard Nixon se registró un incremento en las hostilidades, los ataques piratas, los actos de terrorismo y los intentos de asesinato contra el presidente cubano Fidel Castro. En lo que respecta al bloqueo, los Estados Unidos adoptaron medidas para retener productos de fabricación soviética y checoslovaca pretextando sospechas de que podrían contener componentes fabricados en Cuba. Asimismo, las disposiciones del bloqueo prohibieron expresamente a ciudadanos estadounidenses en el exterior comerciar con productos cubanos.
– Gerald Ford, de 1974 a 1977, siguió en esta línea, cortándole a Cuba las pocas posibilidades de financiamiento que aún le quedaban tras las disposiciones anteriores del bloqueo, por ejemplo a través del Banco de Exportaciones e Importaciones Eximbank. Sin embargo, este presidente expresaba la necesidad de normalizar las relaciones entre ambos países: «No vemos virtud en un perpetuo antagonismo entre Estados Unidos y Cuba», escribía en un memorándum, por lo cual autorizó a su Secretario de Estado Henry Kissinger a establecer contactos con el gobierno de la isla. Se abrió así un período de acercamientos entre Estados Unidos y Cuba que no resistió la prueba de la realidad: El precio para normalizar las relaciones era el de renunciar al compromiso internacionalista de Cuba con el pueblo de Angola. Sin la participación de Cuba en defensa de Angola, probablemente el régimen del Apartheid en Sudáfrica (entonces protegido de EEUU, como lo es hoy el régimen sionista de Israel) estaría todavía en pie para mayúscula afrenta de toda la comunidad internacional. Estas negociaciones no prosperaron y resultaron en un recrudecimiento de los actos terroristas de Estados Unidos contra Cuba, ejemplificados en la voladura de la CIA, en octubre de 1976, de un avión de Cubana de Aviación con 73 personas a bordo frente a las costas de Barbados. Para ese entonces ya Kissinger había diseñado un plan de invasión de Cuba que no se concretó porque porque Ford perdió las elecciones con Jimmy Carter.
– Jimmy Carter (1977-1981) retormó las promesas iniciales de Ford, diciendo promover una normalización de las relaciones con Cuba, pero no pudo ir contra la corriente y mantuvo la estructura fundamental de la política de bloqueo y desestabilización de Cuba. En lo que respecta al bloqueo, por un lado flexibilizó los viajes a la isla, pero por el otro presionó a la empresa francesa Creusot-Loire con sospechas de que sus productos podrían contener níquel cubano y por lo tanto ser retenidos en las aduanas. Aunque firmó una orden al Fiscal General para que cesara todo apoyo a los actos terroristas o ilegales contra Cuba, esto tuvo poco efecto práctico. En el fondo, los Estados Unidos no pudieron ocultar que uno de sus principales problemas con Cuba se basaban en lo que ésta representaba para todo el tercer mundo. Sin embargo, el propio líder cubano Fidel Castro reconoció que Carter fue «el único, a mi juicio, con suficiente serenidad y valor para abordar el tema de las relaciones de su país con Cuba». En el año 2002 Carter visitó la isla en persona.
– La presidencia de Ronald Reagan (1981-1989) representó una contraofensiva neoconservadora e imperialista a escala planetaria de la mano de las políticas neoliberales y de una agenda declaradamente anticomunista. Dentro de esa agenda, Cuba ocuparía un lugar privilegiado. Aunque el teatro de operaciones durante esos años fuese Centroamérica, el dedo acusador del imperio se dirigía hacia Cuba, como si la isla socialista fuese responsable de la opresión endémica en la región causada por los intereses de la dominación estadounidense. De más está decir que Reagan echó por tierra cualquier avance en las relaciones logrado por Carter, y para colmo de males, se adjudicó la victoria por el colapso de la Unión Soviética, vista tradicionalmente como la fuente de sustento de la Revolución Cubana. Reagan introdujo nuevas medidas para intensificar el bloqueo, a las que extendió al terreno de la propaganda para ejercer presión sobre la isla y promover la subversión interna. Estas campañas se dieron bajo nuevas modalidades de injerencia, como las ONG y los mecanismos de «gobernanza» occidental, que formalmente «lavaban» los métodos ilegales implementados por Estados Unidos y sus agencias hasta el momento. Es así como en 1982, Cuba es incluida en la lista de países promotores del terrorismo, la que a su vez dificulta aún más las relaciones comerciales de Cuba con el mundo. Asimismo, en 1983, Reagan establece la Radio José Martí, con fondos federales, para transmitir propaganda anticubana dirigida a la población de la isla, en un acto de total violación de la soberanía de Cuba. En los años subsiguientes, Reagan endurece aún más el bloqueo en el sector azucarero; dificulta aún más los viajes a la isla y el envío de remesas, hasta que en 1988 impide por primera vez el pago con tarjetas de crédito de las personas que viajen a Cuba.
– El presidente George H.W. Bush (1989-1993) reforzó todavía más la naturaleza extraterritorial del bloqueo. Estamos hablando del período del colapso de la Unión Soviética, cuando todos los expertos anticomunistas vaticinaban un desplome automático de la Revolución Cubana como consecuencia. En esos días, los Estados Unidos le impusieron como condición a la Unión Soviética el terminar su ayuda económica y militar a Cuba para poder recibir asistencia estadounidense. En abril de 1992, Bush (padre) instruyó al Departamente del Tesoro restringir el transporte de mercancías y pasajeros a la isla. En octubre de ese mismo año, el presidente firmó la Ley Torricelli, que endureció aún más el carácter extraterritorial del bloqueo con falsos argumentos de derechos humanos y democracia, aumentando las sanciones contra filiales estdounidenses y empresas de terceros países que comercien con Cuba, prohibiendo durante tres meses el atraque en Estados Unidos de buques que hayan estado en puertos cubanos. Por si esto fuera poco, al mes siguiente los Estados Unidos prohibieron las visitas de «sondeo de mercados» de parte de ciudadanos y empresas estadounidenses en Cuba. Asimismo, prohibieron a viajeros desde Cuba el introducir cigarros y ron cubanos en su territorio, ni siquiera para consumo personal. Estas medidas perseguían aplastar el naciente movimiento comercial entre capitalistas locales y Cuba. No cabe duda de que Bush (padre), habiendo sido ex jefe de la CIA, conocía muy bien la génesis de las políticas anticubanas que impulsaba en un momento en el que toda la élite neoconservadora estaba borracha de triunfalismo y juraba dar la estocada final a la Revolución Cubana — una borrachera muy parecida a la que actualmente padecen Trump y sus socios como el Sectretario de Estado Marco Rubio.
– La llegada al gobierno de la administración demócrata de Bill Clinton (1993-2001) no significó ningún giro positivo en lo que respecta a las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Por un lado, Clinton aprobó finalmente la Ley Torricelli y por otro le agregó la Ley Helms Burton, con más medidas agresivas contra Cuba. En 1993, restringió aún más los viajes y el envío de remesas de cubano-americanos hacia la isla. En 1996, con la entrada en vigor de la ley Helms-Burton, se comenzó a negar préstamos estadounidenses a terceros países favorables a las relaciones con Cuba. En 1998 los Estados Unidos sancionaron a empresas telefónicas que hacían negocios con Cuba. En el año 2000, la prohibición de viajes a Estados Unidos por parte de ciudadanos estadounidenses se hizo ley. Dos incidentes de esos años, el derribo en 1996 de una avioneta proveniente de Miami de la organización Hermanos al Rescate que repartía propaganda contrarrevolucionaria y el secuestro del niño cubano Elián González por una parte de sus familiares en Miami dieron lugar a fuertes tormentas mediáticas y movimientos de solidaridad con Cuba en todo el mundo. En ambos casos el tiempo fue dando la verdadera medida de los hechos (la avioneta pertenecía a una organización terrorista y criminal financiada con dinero federal, mientras que se comprobó que el menor cubano fue, efectivamente secuestrado y los Estados Unidos fueron obligados a retornarlo a su legítimo padre). Asimismo, en ambos casos los medios occidentales controlados por Estados Unidos se encargaron de generar una versión totalmente distorsionada de los hechos y de negar que Cuba encontró el apoyo de millones de voces en todo el mundo a pesar de cuatro décadas de esfuerzos ininterrumpidos por fabricar la imagen de una isla inviable bajo un liderazgo ilegítimo. Al llegar a su fin la administración Clinton, parecían lejanos los días aquellos en los que el presidente Jimmy Carter había planteado normalizar las relaciones con Cuba.
– Como un eco de Ronald Reagan, la administración de George W. Bush (2001-2009) también significó a nivel global un giro neoconservador de la mano de la «lucha de las civilizaciones» y un rosario de guerras bajo el pretexto de la respuesta a los atentados del 11 de septiembre de 2001. Otra vez más, ahora bajo el reinado del emperador Bush (hijo), se escuchaban las trompetas del juicio final dirigidas hacia Cuba como parte del «eje del mal» junto a países como Irán, Irak, Corea Democrática, Siria, Libia, Zimbabue, Bielorrusia y hasta Myanmar. Hay que decir que algunos de esos países han sido literalmente destruidos en sangrientas guerras y todos ellos sometidos a brutales sanciones. En lo que respecta al bloqueo, en febrero de 2004 Bush (hijo) incluyó a las instituciones cubanas en una lista de la Oficina de Activos Extranjeros con las que ningún estadounidense podía tener relaciones. Más tarde ese mismo año, se limitaron las visitas familiares a una cada tres años y se redujeron aún más las remesas. Semanas más tarde, empieza a sancionar a bancos europeos por hacer transferencias a Cuba desde las Bahamas. Las listas de empresas y personas sancionadas por el bloqueo empiezan a llover. Se endurecen las reglas para exportación de equipos médicos y artículos humanitarios a Cuba, así como los controles de las exportaciones cubanas de níquel y cobalto. Se suceden las sanciones a empresas extranjeras que comercian con Cuba, como la canadiense MasterCard y hasta una compañía aérea de Islandia por alquilarle aviones a Cubana de Aviación. El 14 de mayo de 2004, en un acto en la Tribuna Antiimperialista frente a la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Hanbana, el líder cubano Fidel Castro, reunido con un millón de compatriotas le dijo a Bush (hijo):
«Este pueblo puede ser exterminado bien vale la pena que lo sepa, barrido de la faz de la Tierra, pero no sojuzgado ni sometido de nuevo a la condición humillante de neocolonia de Estados Unidos…
Puesto que usted ha decidido que nuestra suerte está echada, tengo el placer de despedirme como los gladiadores romanos que iban a combatir en el circo: Salve, César, los que van a morir te saludan.
Sólo lamento que no podría siquiera verle la cara, porque en ese caso usted estaría a miles de kilómetros de distancia, y yo estaré en la primera línea para morir combatiendo en defensa de mi patria.»
Importantes palabras que recordar para Donald Trump 20 años después, especialmente tomando en cuenta que en aquel entonces muchos todavía veían a Bush (hijo) como representantes de la mayor potencia del planeta, mientras que el actual inquilino de la Casa Blanca sólo promete que «América volverá a ser grande».
– En el año 2008, con un Bush desgastado y asediado por la corrupción que lo rodeaba y los efectos de las guerras que había promovido, el mundo entero dio un suspiro de alivio al enterarse de la elección de Barak Obama (2009-2017). Ese suspiro probablemente no fue más audible que en Cuba, sometida a la más cruel de las presiones. Lo cierto es que bajo Obama se dio el proceso más prometedor de normalización de las relaciones, pero solamente cuando al estadounidense le quedaban 3 años de mandato, en 2014, y todo lo acordado fue rápidamente desmantelado por su sucesor Donald Trump en su primer período (2017-2021). En lo que respecta al bloqueo, es importante recordar que Obama impuso sanciones a varias empresas que comerciaron con Cuba e incluso obstaculizó pagos de las Naciones Unidas al gobierno de la isla. Asimismo, Obama endureció las regulaciones a las importaciones de productos agrícolas estadounidenses a la isla así como el arribo a Cuba de yates y embarcaciones de placer. En 2012, el Consorcio Europeo de Bancos fue presionado para que alertase a sus miembros de cumplir con las normas del bloqueo establecidas por Estados Unidos. Se sancionó a grandes bancos europeos por ese motivo. A pesar del anuncio del reestablecimiento de las relaciones entre ambos países, la empresa PayPal se negó a realizar una transferencia de fondos a un grupo alemán de solidaridad con Cuba.
– Donald Trump ganó sorpresivamente en su primer período (2017-2021), en gran parte gracias a la incapacidad y / o falta de voluntad de Barak Obama de vivir a la altura de las expectativas que generó al ser electo. El mensaje de Trump era simple: Estados Unidos dejaría de ser el policía mundial y se centraría en resolver su desastrosa situación económica y social. Sin embargo, desde el inicio uno de sus temas favoritos fue Cuba, lo que en su momento se explicó por su deuda con el electorado de Miami. Durante su administración se tomaron más de 240 medidas contra Cuba, de las cuales 55 fueron durante la pandemia de Covid con el propósito de sofocar al país económicamente, subvertir el orden interno, crear una situación de ingobernabilidad y derrocar a la Revolución. En septiembre de 2017, Trump extendió por un año más la inclusión de Cuba en la Lista de Comercio con el Enemigo del año 1917. Semanas más tarde, suspendió la entrega de visas en el consulado de La Habaja, que Obama había habilitado. Acto seguido, emitió una lista de 179 «Entidades Cubanas Restringidas», es decir, organizaciones con las que los ciudadanos estadounidenses no pueden relacionarse. En octubre de 2018 astigó al banco J.P. Morgan Chase con multas por 5 millones de dólares por violar las disposiciones contra Cuba. En abril de 2019 el entonces Secretario de Estado Mike Pompeo activó el Título III de la Ley Helms-Burton según la cual los Estados Unidos pueden demandar a personas individuales de terceros países que inviertan en propiedades en Cuba que los Estados Unidos consideren como suyas. En junio de ese año, impuso nuevas restricciones a los viajes a Cuba y eliminó programas de contacto creados por Obama. En septiembre, más recortes a las remesas e incluso a transferencias a Cuba con origen y destino fuera de los EEUU. En agosto de 2020 se suspendieron los charters privados entre Cuba y EEUU, con unas pocas excepciones. Como guinda en pastel y con un pie en el estribo, Trump incluye al Banco Financiero Internacional en la Lista de Entidades Cubanas Restringidas y, faltaba más, vuelve a incorporar a Cuba en lista de Estados Promotores del Terrorismo.
– Tras una tumultuosa elección presidencial, en la que no faltaron acusaciones de fraude de uno y otro lado, así como una acusación de rebelión e intento de golpe de Estado contra Trump y sus seguidores, resultó electo el demócrata Joe Biden (2021-2025). No solamente Biden tuvo menos interés que Obama en normalizar las relaciones con Cuba, en su foja de servicios también cuenta el fallido intento, en julio de 2021, de montar una «revolución de colores» en la isla utilizando como pretextos un inexistente repunte de casos de coronavirus así como críticas puntuales ante el abastecimiento de alimentos y el servicio eléctrico. A pesar de la conmoción mediática global, este evento pasó a ser una más de las tantas campañas anticubanas organizadas a lo largo de las décadas y como todas ellas acabó «en agua de borrajas», es decir en algo sin substancia. Y es que el pueblo cubano a estas alturas, tras más de 6 décadas de pedagogía imperial, tiene un máster en guerra sicológica y es muy difícil hacerlo caer presa de golpes de mano propagandísticos, aún en condiciones tan terribles como las que genera el bloqueo estadounidense. En todo caso, esta fallida «revolución de colores» no fue un invento de Biden, y probablemente ni siquiera del propio Donald Trump. Sin embargo, a pesar de haber prometido lo contrario en la campaña electoral, Joe Biden siguió fielmente el guión del bloqueo. Durante el primer año no revirtió nada de lo actuado por Trump. En enero de 2022, el Tesoro castigó a la empresa AirBnb por facilitar el alquiler de alojamientos privados en Cuba y al mismo tiempo el banco holandés ING fue presionado para bloquear una campaña de recolección de fondos para financiar un viaje de la Internacional Progresista a Cuba con el fin de promover el acceso gratuito del pueblo cubano a vacunas contra la Covid. Ese tipo de chicanas anticubana se sucedió durante el mandato de Biden hasta 6 días antes de dejar la Casa Blanca cuando anunció la eliminación de Cuba de la lista de Países Promotores del Terrorismo – una medida que Trump de inmediato anuló no bien asumió su segundo período (2025-20??).
Lo que siguió después del regreso de Trump a la Casa Blanca es conocido, especialmente su designación de Marco Rubio como Secretario de Estado (y toda una caterva de archirreaccionarios en organismos de «las Américas»), su relanzamiento de la doctrina Monroe, su criminal acto contra el pueblo venezolano con la ilegal detención del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores y sus infames disposiciones sobre el petróleo de la nación bolivariana con su consabido «corolario» de que la «próxima en caer» sería Cuba.
Cuidado, porque las «fichas» que ve caer Trump en estos momentos bien pueden ser imaginarias y en realidad augurar el fin del propio imperio. Lo cierto es que en el caso de Cuba, el imaginario trumpista da pruebas de su desconocimiento de la historia – tanto la de Cuba como la de los propios Estados Unidos.
Estados Undos tiene más de 200 años de estar soñando con Cuba como una «fruta madura». El que acuñó la expresión fue el entonces secretario de Estado norteamericano John Quincy Adams que en abril de 1823 formuló su «ley de gravitación» o «de la fruta madura». Unos meses más tarde, el propio Adams escribiría la famosa «Doctrina Monroe» a instancias del entonces presidente.
Entonces, el secretario de Estado comparaba a la isla con una fruta madura, lista a desgajarse del imperio español para caer en las manos de Estados Unidos. En un mensaje al ministro estadounidense en Madrid, escribió:
Estas islas por su posición local son apéndices naturales del continente norteamericano, y una de ellas, la Isla de Cuba, casi a la vista de nuestras costas, ha venido a ser por una multitud de razones, de trascendental importancia para los intereses políticos y comerciales de nuestra Unión. La dominante posición que ocupa en el golfo de Méjico y en el mar de las Antillas, el carácter de su población, el lugar que ocupa en la mitad del camino entre nuestra costa meridional y la isla de Santo Domingo, su vasto y obligado puerto de La Habana, que hace frente a una larga línea de nuestras costas privadas de la misma ventaja, la naturaleza de sus producciones, y la de sus necesidades propias, que sirve de base a un comercio inmensamente provechoso para ambas partes, todo se combina para darle tal importancia en la suma de nuestros intereses nacionales, que no hay ningún otro territorio extranjero que pueda comparársele, y que nuestras relaciones con ella sean casi idénticas a las que ligan unos con otros los diferentes estados de nuestra Unión.
Tan fuertes son, en verdad, los vínculos que unen a esta última con la mencionada Isla, vínculos geográficos, comerciales y políticos, formados por la naturaleza, fomentados y fortalecidos gradualmente con el transcurso del tiempo y cerca ahora, a lo que parece, de llegar al punto de madurez, que cuando se eche una mirada hacia el curso que tomarán probablemente los acontecimientos en los próximos cincuenta años, casi es imposible resistir a la convicción de que la anexión a Cuba a nuestra República federal será indispensable para la continuación de la Unión y el mantenimiento de su integridad.
Es obvio, sin embargo, que para ese acontecimiento no estamos todavía preparados, y que a primera vista se presentan numerosas y formidables objeciones contra la expansión de nuestros dominios territoriales dejando el mar por medio (…) Pero hay leyes de gravitación política como las hay de gravitación física: y así como una manzana separada de su árbol por la fuerza del viento no puede, aunque quisiera, dejar de caer en el suelo, así Cuba, una vez separada de España y rota la conexión artificial que la liga con ella, e incapaz de sostenerse por sí sola, tiene que gravitar necesariamente hacia la Unión norteamericana, y hacia ella exclusivamente, mientras que la Unión misma, en virtud de la propia ley, le será imposible dejar de admitirla en su seno. [1]
Cuba es estratégica para el proyecto imperial, no por sus recursos naturales sino por su ubicación geopolítica y por lo que representa en términos de autoridad moral. Es la isla más grande del Caribe que a su vez es el bajo vientre de la bestia estadounidense. El Caribe es lo que da sentido imperial al «hemisferio occidental» de la Doctrina Monroe de Trump. Es la capacidad de ser un factor global de poder con presencia en ambos polos y el vínculo entre el Atlántico y el Pacífico, todo ello además del acceso a los ingentes recursos de Nuestra América.
Como es ignorante, Trump ignora que esas ideas no las inventó Fidel Castro, sino José Martí, un visionario e intelectual cubano del siglo XIX que formuló un concepto sumamente avanzado de cubanía capaz de integrar a todo el pueblo cubano basado en la integridad y el respeto al ser humano, más allá de una concepción provinciana y estrecha del nacionalismo, sino en una concepción revolucionaria cuyo horizonte es toda la humanidad. Y como es ignorante, Trump también ignora que esas ideas en gran medida están inspiradas en lo mejor de la Revolución Americana que de alguna manera poco clara Trump dice reivindicar. Lo cierto es que Trump no reivindica a la Revolución Americana, sino a la ideología de la Ilustración Oscura de muchos de sus mecenas e ideólogos como el financiero Peter Thiel para quienes la democracia es enemiga de la libertad y que proponen un mundo en el que los países se organicen como sociedades anónimas dirigidos por Gerentes Generales.
No fueron huecas las palabras del Comandante Fidel Castro en la Tribuna Antiimperialista cuando le dijo a Bush (hijo) «Este pueblo puede ser exterminado bien vale la pena que lo sepa, barrido de la faz de la Tierra, pero no sojuzgado ni sometido de nuevo a la condición humillante de neocolonia de Estados Unidos.» Aunque a Trump en su estrechez de mente le parezca algo irrisorio, el hecho es de que millones de cubanos piensan así.
Trump ignora que Cuba es también la otra cara de Estados Unidos, la que hoy se rebela y que mañana bien puede exigir un ajuste de cuentas con la oligarquía mafiosa y guerrerista que se ha robado sus sueños de libertad y búsqueda de la felicidad. Trump no se da cuenta de que al querer ahogar a Cuba de una manera genocida, no solo une más a los cubanos que viven en Cuba, sino también a aquellos que viven fuera de ella. Como no conoce la historia, y no sabe que Martí conocía muy bien a la diáspora cubana en Estados Unidos, Trump ignora que las élites cipayas que durante décadas fueron amamantadas por la CIA en Miami hoy en día están cada vez más aisladas, y que son despreciadas por los propios cubanos, independientemente de que se identifiquen o no con la Revolución. La propuesta de Trump solo es de muerte: Muerte a manos del ICE para quienes se queden en Estados Unidos y muerte para los cubanos de adentro y, obviamente, los pueblos no son suicidas. Prefieren luchar bajo la consigna de Patria o Muerte antes que resignarse a que venga un César y les corte la cabeza.
Las ideas anteriores no hace falta explicárselas al pueblo cubano. Tampoco hace falta explicárselas a millones de latinoamericanos y a una inmensa mayoría de las naciones del mundo que desde hace décadas condenan el bloqueo contra Cuba. En este sentido, la actitud de la presidenta de México Claudia Sheinbaum, de reafirmar la postura de su país de seguir vendiendo petróleo a México es ejemplar. Hace falta que el mundo, pueblos y gobiernos, lance una campaña de desobediencia hacia Estados Unidos. Trump es un enclenque, es mucho más débil hoy de lo que en su momento fueron Ronald Reagan y los Bush (padre e hijo). Todos pasaron y desaparecieron. La defensa de Cuba es una defensa del Derecho Internacional, de la justicia y de la soberanía en el mundo entero.
Fuente: Telegra
















