Gaspar Velásquez Morillo
El Análisis Crítico del Discurso (ACD) nos permite diseccionar la guerra cognitiva contra Venezuela. Inicialmente, el imperio construyó un “marco de securitización” usando el significante “narcoterrorismo” para legitimar una agresión excepcional. Sin embargo, su posterior confesión sobre el interés petrolero desnudó la verdadera ideología: una narrativa depredadora disfrazada de policía global. El ACD revela este cambio de máscara: el discurso imperial mutó de una “misión civilizatoria” a una fría “necesidad estratégica para la seguridad energética”, evidenciando que su relato moral fue siempre un instrumento para el control de recursos.
El Contra-Discurso Bolivariano fue de la Resistencia a la Ofensiva Legal. Frente a esto, el ACD del Alto Mando Bolivariano muestra una evolución discursiva maestra. Tras la invasión, su narrativa se ancló en el “marco antiimperialista” de resistencia y soberanía. Pero la Reforma de Hidrocarburos fue un golpe de timón discursivo: transformó su posición de “víctima resistente” a la de “Estado soberano que dicta las reglas”. Este contra-discurso, analizado críticamente, deja al descubierto la contradicción imperial: ofrece una ruta legal y atractiva para lo que EE.UU. pretendía tomar por la fuerza. Ejemplo claro es cómo el léxico oficial venezolano pasó de denunciar el “saqueo” a promover “inversiones seguras y mutuamente beneficiosas”, desarmando la justificación bélica.
La Batalla Cognitiva: Optimismo Fundado vs. Pesimismo Anclado. Estamos sorprendido de actores políticos que en un pasado fueron revolucionarios y hoy están extraviados del sentir popular y deslizan desconfianza hacia la presidenta encargada y hacia el Alto Mando de la Revolución prestando flaco servicio en estas exigentes horas de la Patria que demanda unidad y más ¡Unidad…!
La Reforma genera tres ventajas discursivas y argumentales irrebatibles: 1) Revierte el aislamiento, atrayendo a otros actores globales y fracturando el frente unipolar del bloqueo; 2) Desmonta la narrativa intervencionista, pues ¿cómo denunciar una “dictadura” que abre su sector clave al capital internacional? y 3) Reactiva la economía interna, permitiendo un relato de “recuperación y bienestar” frente al de “asedio y escasez”. Las voces pesimistas, desde el ACD, parecen ancladas en un discurso de derrota prefabricado, incapaces de leer la astucia de una jugada que traslada la batalla del campo militar al terreno legal y económico, donde Venezuela recupera la iniciativa. La lucha sigue, pero el marco cognitivo ha cambiado y no podemos ser menos. Dudar ante el Imperio es traición…

















