Por: Ramón Medero
La asimetría militar entre Venezuela y EE. UU., siendo esta una potencia nuclear, con una ventaja de varias décadas en materia tecnológica aplicada al desarrollo de armamentos (carrera en la que no queremos participar ni competir como país amante de la paz que somos) nos ha llevado inevitablemente a una derrota táctica en ese ámbito. No ha sido una capitulación. No hemos claudicado. Tampoco es la única modalidad en la que el país puede dar la batalla y vencer. El 3E es el inicio de un trayecto histórico que nos pone a prueba y nos brinda oportunidades de consolidar todo lo que se ha venido construyendo desde el Poder Popular.
Inmediatamente después de los infames eventos del 3E, los misiles continuaron cayendo, pero en el terreno de la guerra cognitiva. Se desplegó la campaña mediática de la traición, la cobardía, la descoordinación y la ineficacia con la finalidad de desuniros y confundirnos, aprovechándose vilmente del sobresalto y la incertidumbre aún tallados en el rostro de los venezolanos. Nos defendimos, no hay duda de ello, los más de cien mártires dan prueba de ello, entre los cuales se cuentan los 32 valientes militares cubanos. Ese relato falsario ha ido mermando debido a su propia levedad y no gastaremos más palabras de las necesarias para desmontarlo.
En este momento, es más urgente el llamado espiritual y patriótico a reagruparnos. Elevar la moral y reafirmarnos. Contagiarnos de tranquilidad, sosiego, seguridad y confianza. Tan dolorosa experiencia nos convoca a reordenarnos en todos los ámbitos de la vida nacional y eso es lo que ha venido sucediendo; mientras que el pueblo continúa haciendo lectura e interpretando las señales de una nueva realidad impuesta por la fuerza, se va cimentando una nueva etapa nacional. En Venezuela, la Revolución Bolivariana mantiene el poder político, no ha habido un “cambio de régimen” y esto nos permite contraatacar desde las fortalezas y pilares que nos configuran como nación soberana y como pueblo emancipado desde la doctrina bolivariana y el legado de Chávez.
Entre las señales que se manifiestan y que la narrativa del enemigo pretende invisibilizar, está la unidad y cohesión nacional, la estabilidad, la paz, el orden y la continuidad institucional que se han mantenido incólumes gracias al liderazgo de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez y sobre las bases de las claras líneas dejadas por el presidente Maduro; así mismo, la unidad cívico-militar-policial, la lealtad y fortalecimiento de la doctrina bolivariana en la Fuerza Armada, la movilización multitudinaria del pueblo en las calles de todo el territorio, la conducta cívica y la disciplina adquirida por ese pueblo ante eventos de distinta naturaleza y particularmente en estos, inéditos en nuestra historia.
Otro sólido pilar que nos es la diplomacia de paz, la diplomacia de los pueblos, donde Venezuela ha obtenido grandes triunfos, pero también es vital el poder que emana del apoyo internacional, tanto de pueblos, como de gobiernos, personalidades influyentes, movimientos, organismos multilaterales (a pesar de su vacuidad) e instrumentos jurídicos. El objetivo es que, sobre la base de estas ventajas, podamos transfigurar esta derrota táctica en una victoria estratégica. Para ello es importante estar atentos a los hechos y contradicciones que tienen lugar en el seno de la sociedad, la política y la economía estadounidense, así como hacer lectura crítica de las dinámicas en la geopolítica mundial.
La ficción de la operación perfecta
La desmesurada acción bélica de EE. UU. contra Venezuela que se ha vendido al mundo como una coreografía militar bien ejecutada e impoluta, pone en evidencia el fracaso del imperialismo, su frustración por haber fallado en todas las acciones injerencistas contra la Revolución Bolivariana desde el momento mismo en que Chávez ganó las elecciones en 1998.
Atacar de madrugada a un pueblo que duerme a pocas horas de haber festejado la alegría del Año Nuevo y disfrutar de la unión familiar es un acto de cobardía; atacar militarmente sin una declaración formal de guerra es un acto de cobardía; atacar militarmente sin permiso de las instancias parlamentarias estadounidenses es un acto de cobardía y soberbia enfermiza; atacar militarmente a un país con el cual no hay ningún conflicto bélico, contra un país pacífico que no ha violentado la soberanía del otro, es una clara cobardía; el uso desproporcionado de toda la maquinaria bélica contra un país no militarista ni competitivo militarmente, es una cobardía; atacar con armamento basado en tecnológicas no declaradas que causaron efectos en la integridad física y mental de militares y civiles, es un acto de cobardía. De modo que ningún cobarde ni sus actos pueden declararse heroicos.
El 3E es un hito de la vergüenza yanqui que pone en evidencia la decadencia imperial. Es debilidad más que fortaleza lo que se percibe en el agresor, es la violencia desatada del monstruo desesperado que se vale de su tamaño y superioridad. Es una derrota moral del imperialismo y se avizora una derrota estratégica a mediano o largo plazo.
El presidente Maduro al declararse inocente, presidente legítimo en funciones y rehén producto de una acción bélica que violentó la soberanía de su país, coloca a la justicia estadounidense en graves aprietos. Estamos en Resistencia y la victoria estratégica viene anunciada, en buena parte, por estos elementos acá expuestos.
ESCRITOR, EDITOR Y ANALISTA INTERNACIONAL. PRESIDENTE DE LA FUNDACIÓN SEGUNDO PASO PARA NUESTRA AMÉRICA, DIRECTOR DE @LADANTA.TV Y LA DANTA EDICIONES. FUNDADOR DE LA CÁTEDRA LIBRE QASSEM SOLEIMANI DE LA UNIVERSIDAD BOLIVARIANA DE VENEZUELA

















