Por Estefanía Santoro, La 12 / 10 de enero 2026.
Marcha contra el ataque de Trump a Venezuela en CABA (Gala Abramovich )
Alejandra Laprea, integrante del Comité Internacional de la Marcha Mundial de las Mujeres y militante de La Araña Feminista, analiza el complejo escenario que atraviesa Venezuela tras el reciente ataque de parte del presidente de los Estados Unidos. Reflexiona además, sobre las últimas elecciones en su país. Denuncia el impacto de las más de mil sanciones económicas que pesan sobre Venezuela y cuestiona las narrativas internacionales que buscan legitimar una intervención.
El 3 de enero, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ordenó ataques contra diversos puntos estratégicos de Venezuela, resultando en el secuestro y detención del mandatario Nicolás Maduro y la primera dama, Cilia Flores. Tras esa operación, Trump asumió el control en un acto de marcado autoritarismo. Hasta el momento, se desconoce la cifra exacta de víctimas mortales. Mientras un sector de la población venezolana celebró la intervención, minimizando la violencia y la violación al derecho internacional, otro sector repudió los hechos, sumando incluso las voces de ciudadanxs que no simpatizan con el gobierno de Maduro.
Alejandra Laprea es, desde hace dos años, una de las representantes de las Américas en el Comité Internacional de la Marcha Mundial de las Mujeres (MMM), una organización global en la que Venezuela participa activamente. Cineasta de larga trayectoria, comunicadora social, artista visual y textil, Laprea es también militante de La Araña Feminista, una red de colectivos que se unió a la MMM en 2013.

Desde hace tres años, integra un proyecto con una colectiva de base territorial en Venezuela: una cooperativa de mujeres recicladoras que trabajan en la instalación de una planta de recuperación y procesamiento de plásticos.
¿En qué situación se encuentra hoy el pueblo venezolano movilizado y su vida diaria después del ataque?
–Las movilizaciones empezaron desde el mismo día sábado y no han parado desde entonces. Ahorita están movilizándose las mujeres en varios puntos del país. El lunes hubo una marcha extraordinaria en Caracas, como hace mucho tiempo no se veía. Eso es lo que está pasando. La otra directriz que tenemos es la de empezar a trabajar. Es decir, que esta situación no nos neutralice, sino que nos convoque al trabajo y a seguir nuestra vida, porque la verdad es que hemos transitado por algo muy traumático.
¿Tienen información sobre la cantidad de civiles que fueron asesinadxs?
–No, realmente hoy no. Hasta ayer (martes) que revisé no había ningún tipo de información oficial y estamos esperando que se den los datos. Sabemos que hay 40 bajas militares a las que les rindieron honores el lunes; son compañeras y compañeros muy jóvenes, y de ellos 32 eran parte de las fuerzas cubanas que habían sido solicitadas para la protección. Eso es lo único que se sabe oficialmente. Creo que es mejor manejarnos con las cifras oficiales. En todo caso, haya sido asesinada una sola persona o hayan sido asesinadas muchas, el dolor es el mismo y la indignación es la misma. Lo que acusamos las personas que estamos acá es tener la certeza de que, en cualquier momento y en cualquier lugar, lo pueden volver a hacer. Lo más afectado es la percepción de seguridad en la cotidianidad; en la noche, sobre todo, mucha gente tiene miedo a dormir, se disparan los rumores y todas esas cosas.
¿Qué lectura hacen desde las organizaciones feministas sobre el ataque de Donald Trump? ¿Qué les parece que representa este ataque? ¿Lo esperaban?
–Esa pregunta tiene varias capas. Está la capa de que nosotros somos un pueblo que tiene más de 20 o 25 años viviendo bajo amenaza. Desde que este pueblo tomó la decisión de acompañar al comandante Chávez cuando dijo “nosotros no vamos a ser nunca más una colonia y los bienes comunes de Venezuela son para los venezolanos y su administración es de las y los venezolanos”, se nos declaró la guerra. El primer acto de la guerra fue en el año 2002 con el golpe de Estado a Chávez, que fue un golpe financiado y oficiado desde los Estados Unidos.
Y de ahí en adelante, lo único que nosotros hemos estado viviendo y denunciando en el mundo es la injerencia norteamericana, que se expresa de diferentes formas: en un bloqueo de las comunicaciones, en una tergiversación de la realidad, en la demonización de nuestros líderes, de nuestros procesos y nuestras decisiones. Se expresa en 1.042 sanciones unilaterales, ilegítimas e ilegales contra un país como Venezuela; en una guerra económica que vivió su punto de apogeo alrededor del 2017 y que no paró durante la pandemia. Venezuela tuvo problemas durante la pandemia para conseguir vacunas, insumos y oxígeno producto de esas sanciones. Se expresa también en el financiamiento de grupos paramilitares y de una oposición apátrida y traidora. Entonces, decir que no lo estábamos esperando es complejo, porque aprendimos a vivir con la esperanza de conseguir lo mejor, pero sabiendo que estábamos bajo la mira.

Aun así, desde septiembre del año pasado, cuando se desplegó la flota norteamericana al frente -que es algo desproporcionado por la cantidad de marines efectivos-, cuando me dijeron que había hasta un submarino nuclear frente a nuestras costas, yo dije: “¿Pero qué es esto?”. Desde ese día, obviamente, aumentó la presión. En diciembre esa percepción de que iba a pasar algo aumentó; estábamos tratando de llevar el mes lo más normalmente posible, pero con cierta precaución de no quedarte con la alacena vacía o de tener efectivo en casa. Pero después está otra capa de análisis que tiene que ver con que Venezuela es parte de un continente, de una región a la cual los Estados Unidos pretende aplicarle una serie de políticas disciplinarias y de dominación. No nos están haciendo esto solo a Venezuela; esto es una advertencia para el resto del continente. No podemos permitir que esta forma de hacer política internacional se establezca, y mucho menos en nuestro continente. Es un precedente nefasto lo que se va a establecer si no hay una condena más enérgica a la situación que está imponiendo Estados Unidos en el Caribe y en Venezuela.
¿Cuál es tu opinión sobre el resultado de las últimas elecciones en Venezuela?
–Yo tengo confianza en el sistema y el poder electoral venezolano. La tengo porque soy una persona, creo yo, muy extraña: por un lado hago películas, pinto y escribo poemas, y por otro lado, con la misma intensidad, trabajo en los barrios, doy formaciones e impulso la economía feminista y alternativa con mis compañeras y comadres. Entonces, la realidad que yo vivo cuando trabajo con mis compatriotas en los barrios no me deja duda de que el presidente Nicolás Maduro tuvo los votos necesarios para seguir siendo presidente de nuestra república. Es materialmente imposible lo que trataron de imponer desde una narrativa traidora desde el extranjero y la oposición.
María Corina Machado jamás tuvo derecho de presentarse en las elecciones, no por capricho, sino porque ella estaba inhabilitada desde muchísimo antes. Cuando esa señora aceptó sentarse en un organismo internacional como embajadora de otro país, cometió un delito que la inhibe para ejercer cualquier tipo de cargo público en este país. Por otro lado, a mí me indigna sobremanera, y en eso soy muy cimarrona, que gobiernos extranjeros -sean amigos, enemigos o del planeta Marte- le exijan al gobierno venezolano pruebas de su legitimidad cuando son pruebas que en sus mismos países no muestran. Aquí, quien podía exigir la demostración de pruebas y llevar denuncias al Tribunal Supremo de Justicia es el pueblo venezolano. Ningún otro pueblo, ningún otro gobierno. El pueblo venezolano es muy respetuoso. Por más que yo no esté de acuerdo con lo que pasó recientemente en Honduras, no me voy a levantar a decirle al pueblo de Honduras qué es lo que quiere. El pueblo de Honduras marca su camino y yo le acompaño. Es el mismo derecho y respeto que exijo para el pueblo venezolano.

Escuché una entrevista a un referente de Derechos Humanos de Venezuela que hablaba sobre la cantidad de presos políticos y las violaciones a los derechos humanos en Venezuela de parte del gobierno de Nicolás Maduro. ¿Cómo podrías explicar esto?
–La pregunta que podemos hacernos ahí es cómo explico una narrativa que pretende legitimar y hacer necesaria una intervención como la que sufrimos el sábado. Todo eso es parte de un guión. Así como dicen que todo el gobierno es narcotraficante y con eso mantienen tres meses de asedio en el Caribe, pues también hablan de los Derechos Humanos. En mi experiencia, las personas que están detenidas o privadas de libertad en Venezuela se tienen que acoger a un sistema judicial por igual. Lamentablemente, el sistema judicial es muy malo en este país; es una de las cosas que más ha defendido la oposición: que no les toquen su sistema. Es un sistema lento, pero si tú cometes un delito y te atrapan, tienes que enfrentarlo. Acá corre un meme por las redes que dice que tú robas o matas y, cuando entras a la cárcel, te conviertes automáticamente en “preso político”.
Aquí también hay una realidad. Lo que vivió el pueblo venezolano a mediados del año pasado con los “comanditos” fue horrible. Esas no fueron protestas pacíficas. Si a una persona en Noruega o en Japón la agarran quemando un carro, atormentando a la gente o asesinando a personas por ser de un partido político X, creo que a toda esa gente la meten presa, ¿verdad? Y nosotros vivimos eso. Yo tuve que contener a una compañera en La Vega y, mientras ella hablaba conmigo, yo oía cómo le tocaban la puerta y la insultaban diciéndole que la iban a quemar a ella con su familia. Yo le tuve que explicar a mi hijo a los nueve años qué hacer si hay tiros o si vienen a quemar la escuela. Mi hijo de 20 años sabe qué hacer porque ha tenido que aprenderlo toda su vida viviendo en esta situación, y no hay derecho. Hay una generación completa que ha tenido que vivir bajo esta presión y, de verdad, nosotras y nosotros no hemos querido hacerle nada a nadie. Lo único que pedimos es que nos dejen vivir en paz, que no nos roben y que no nos maten.

















