Por Zerik Aragort
Desde lo ocurrido el 3 de enero en Caracas, mucho se habla de traición, pero la cosa no es así. La verdad, sin entrar en otros detalles, es que la política en nuestra Patria se reinició y dejó claro que la Revolución está firme y sus cimientos consolidados. En las catacumbas, el pueblo no se deja engañar y está atento a cada movimiento, desde arriba hacia abajo y viceversa.
No obstante, quienes hacen alusión a la traición deben tener en cuenta una cosa: no pueden servirle la mesa a quienes apuestan a la violencia con pataletas que solo alimentan el odio oculto y el deseo de ver caer lo que no solo le ha costado a nuestra Patria los 27 años de la Revolución Bolivariana, sino unos 50 años atrás, cuando se ultrajaron las arcas y profundidades de nuestra tierra.
Hoy, el proyecto bolivariano, la prudencia estratégica y la diplomacia de paz no son una panacea al problema real, que es el secuestro del presidente Nicolás Maduro Moros y la primera combatiente Cilia Flores; esto va mucho más allá de la realpolitik. Este no es el momento de aclarar las dudas (que las hay), es el momento de lograr, en primer lugar, el retorno de nuestro líder y presidente obrero junto a su esposa, y conservar la paz como lo ha hecho la hermana Delcy Rodríguez, presidenta encargada.
Además de esto, los intereses del «imperio de papel», EE. UU., sobre nuestras riquezas naturales no pueden alejarnos de la realidad que vive nuestra sociedad por el asedio unilateral de la nación más perversa del planeta. Es aquí donde invito a los camaradas que no han comprendido la ecuación de este conflicto geopolítico: o jugamos en equipo o perdemos el juego. Si Mario —por mencionar el nombre de alguien con «coherencia»— no se alinea a los intereses estratégicos de la nación, habrá perdido el tiempo en la construcción de un legado para la posteridad. ¿Acaso todo lo que se hace en silencio debe salir a la luz? Es una pregunta que les dejo para la reflexión.
La política y lo político son dos cosas distintas, y si en ello no encontramos un punto de equilibrio, estaremos perdiendo el juego que hasta ahora sigue estando a nuestro favor, a pesar del secuestro y más aún con los acontecimientos globales del momento. Con esto, solo les invito a pensar mucho más, a expandir el nivel del análisis, porque la respuesta a la realidad futura está ahí, ante nuestra nariz, y muy pocos la han visto porque desean que las cosas se hagan desde las vísceras y no desde la lógica real de la política pura. Nos guste o no, la estrategia no se diseña para que le agrade a un grupo minúsculo que falló y fallará por el egocentrismo.
Arriba comenté los problemas reales y muy pocos se sientan a analizar cómo dar el salto cuántico para que, el 1 de mayo, tengamos un porcentaje importante de logros a favor del pueblo fiel que confía en nuestro liderazgo político. Si usted se queja y no ve el movimiento en el tablero, no insista en mostrar su descontento; hay que recordar que, cuando se está enojado, es mejor guardar silencio.
Este momento histórico vivido ha demostrado el nivel de la lealtad absoluta de los patriotas y la unidad ante cualquier circunstancia. Nos lo enseñó el gigante Hugo Chávez; de Fidel aprendimos a escuchar con el oído pegado al suelo; de Nicolás, los nervios de acero y la cordura plena. Aquí, la traición siempre está en las filas del fascismo.
Les invito a ser prudentes y no dejarse llevar por los impulsos irracionales. Aquí no estamos ni entregando la Revolución ni pactando con la ultraderecha. ¡Mosca con eso! Porque nuestra Revolución tiene algo que muy pocos saben y el tiempo me dio, me ha dado y me seguirá dando la razón.
¡Por ahora y para siempre, nosotros venceremos!