José Sant Roz
No es que Venezuela decidió reanudar relaciones diplomáticas con Estados Unidos. NO SEÑOR. Eso fue una exigencia del Departamento de estado gringo: “Vamos para allá. Volvemos con todo nuestro personal en un plan de tres fases ordenado por el presidente Trump y el secretario Rubio, restableciendo nuestro Destacamento de Seguridad del Cuerpo de Marines. Todo estos –dice los representantes gringos- lo hemos logrado a partir de las acciones del 3 de enero. Desde entonces se avanza en la construcción de una relación con Venezuela bajo los lineamientos, repetimos, del plan de tres fases. El objetivo principal de este proceso avanzar hacia elecciones libres y justas para que el pueblo venezolano tenga una democracia duradera”.
Es decir una DEMOCRACIA, que reciba nuestra aprobación. Una democracia como la que logró Bukele en El Salvador, Noboa en Ecuador, Keiko en Perú, De la Espriella en Colombia…
Vienen estos gringos a gobernar a esta nueva colonia llamada Venezuela, junto con la señora Delcy y Dinorah Figuera. Todo habrá de hacerse armoniosamente. Los gringos que ya se mueven por Miraflores sostienen que sus acciones buscan “promover la estabilidad y apoyar la recuperación de servicios esenciales”, lo cual comprende “estabilizar la red eléctrica y fortalecer los servicios de salud”. Sin duda que ya deben estar impartiendo órdenes en el terreno de nuestras Fuerzas Armadas que dejarán de llamarse BOLIVARIANAS.
Están asegurando diplomáticos gringos que ya están llegando en masa oleadas de las más importantes de sus empresas para invertir en la economía venezolana, “generando empleos de calidad e impulsando la innovación”.
Pero hace apenas 9 meses nos invadieron. Asesinaron a más de cien compatriotas y destruyeron importantes sectores de nuestra población.
Desde 2019 se venía advirtiendo, principalmente desde Cuba, que los gringos tenían esos planes. El Gobierno Revolucionario de la República de Cuba venía denunciando con insistencia, la escalada de presiones y acciones del Gobierno de los Estados Unidos para luego proceder a lo de la referida invasión. Los gringos lo disfrazaban con el cuento de “intervención humanitaria”, y al mismo tiempo, como corderitos, entre el 6 y el 10 de febrero de 2019, seguían realizando vuelos de aviones de transporte militar hacia el Aeropuerto Rafael Miranda de Puerto Rico, la Base Aérea de San Isidro, en República Dominicana y hacia otras islas del Caribe estratégicamente ubicadas, con o sin conocimiento de los gobiernos de esas naciones.
Operaciones de unidades de Fuerzas Especiales y también de la Infantería de Marina. Típicas de sus acciones encubiertas, trabajando a todo vapor: el Asesor de Seguridad Nacional John Bolton, el Director del Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional, Mauricio Claver-Carone, con la participación del Senador de la Florida, Marco Rubio, diseñando, gestionando el financiamiento y organización directa con sumo detalle para un golpe de estado en Venezuela que en principio incluyó la ilegal autoproclamación de Juan Guaidó.
El Departamento de Estado, simultáneamente ejercía presiones brutales contra numerosos gobiernos concentrado en el Grupo de Lima para forzar el reconocimiento al Gran Usurpador.
Pero entonces todo desde Venezuela nos sentíamos blindados: parecía que ni un solo gringo podría entrar a Venezuela. Que nosotros estábamos preparados con las grandes movilizaciones populares y millones de milicianos decididos a dar la vida por la patria. El chavismo hacía grandes demostraciones en las masivas manifestaciones de apoyo al Presidente Maduro y en la lealtad de las Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Todo esto al tiempo que el Gobierno de los Estados Unidos intensificaba su campaña política y mediática internacional y recrudecía las medidas económicas coercitivas unilaterales, entre las que puede citarse el bloqueo en bancos de terceros países de miles millones de dólares pertenecientes a Venezuela y el robo de los ingresos de las ventas de petróleo, lo que estaba provocando graves daños humanitarios y duras privaciones a su pueblo.
Junto a ese criminal despojo, los gringos seguían en sus trece de fabricar un pretexto humanitario para iniciar una agresión militar contra Venezuela mediante la presión y la fuerza, y lo de la ridícula “ayuda humanitaria”, mil veces inferior a los daños económicos provocados por la política de asedio y bloqueo. Guaidó declaró desvergonzadamente su disposición a reclamar una intervención militar de Estados Unidos con el pretexto de recibir dicha “ayuda humanitaria”.
Altos funcionarios estadounidenses recordaban día tras día, con arrogancia y desfachatez que, en relación con Venezuela, “TODAS LAS OPCIONES ESTÁN SOBRE LA MESA, INCLUIDA LA MILITAR”. En el proceso de fabricación de pretextos, el gobierno de Estados Unidos acudió al engaño y la calumnia al presentar un proyecto de resolución en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que, cínica e hipócritamente, expresaba una grave preocupación por “la situación humanitaria y de derechos humanos…, los intentos de bloquear la prestación de ayuda humanitaria, la existencia de millones de migrantes y refugiados…, el uso excesivo de la fuerza contra manifestantes pacíficos, la situación de ruptura de la paz y la seguridad regionales” en Venezuela e insta “a adoptar las medidas necesarias”.
Es evidente que Estados Unidos preparaba el terreno para establecer por la fuerza “un corredor humanitario” bajo “protección internacional”, invocar la “obligación de proteger” a los civiles y aplicar “” todas las medidas necesarias”. Es indispensable recordar que conductas similares y pretextos parecidos fueron adoptadas por Estados Unidos en el preludio de las guerras que lanzó contra Yugoslavia, Iraq y Libia, al precio de inmensas pérdidas de vidas humanas y de enormes sufrimientos.
El gobierno estadounidense intentaba eliminar el obstáculo mayor que representa la Revolución Bolivariana y Chavista al ejercicio de la dominación imperialista sobre “Nuestra América” y al despojo al pueblo de Venezuela de la primera reserva certificada de petróleo del planeta y de otros cuantiosos y estratégicos recursos naturales. No puede olvidarse la triste y dolorosa historia de intervenciones militares de los Estados Unidos, en más de una ocasión en México, Nicaragua, República Dominicana, Haití, Cuba, Honduras y más recientemente en Granada y Panamá. Como alertó el 14 de julio de 2017 el General de Ejército Raúl Castro Ruz: “la agresión y la violencia golpista contra Venezuela dañan a toda “Nuestra América” y solo benefician los intereses de quienes se empeñan en dividirnos para ejercer su dominación sobre nuestros pueblos, sin que les importe generar conflictos de consecuencias incalculables en esta región, como los que estamos presenciando en diferentes lugares del mundo”.
La Historia juzgará severamente una nueva intervención militar imperialista en la región y la complicidad de quienes irresponsablemente lo acompañen. Pero nada de los esfuerzos pacíficos de Venezuela para impedir lo que luego ocurriría impidió el horrible zarpazo: Ni los reiterados llamados de Venezuela para que se respetase su soberanía y la dignidad de América Latina y el Caribe y de los pueblos del Sur. El respeto de las normas del Derecho Internacional y la Carta de las Naciones Unidas. La legitimidad de un gobierno que emana de la voluntad expresa y soberana de su pueblo. Nada.
Inútilmente el Gobierno Revolucionario llamaba a la movilización internacional en defensa de la paz en Venezuela y en la región, basada en los principios de la Proclama de la América Latina y el Caribe como Zona de Paz adoptada con la firma de los Jefes de Estado y Gobierno de la CELAC en 2014.
Inútilmente expresaba su bienvenida y apoyo al Mecanismo de Montevideo, la iniciativa de México, Uruguay, la Mancomunidad del Caribe (CARICOM) y Bolivia, que buscaban preservar la paz en Venezuela basado, como decía su reciente Declaración, en los principios de no intervención en los asuntos internos, la igualdad jurídica de los Estados y la solución pacífica de controversias.
Inútilmente saludaba la favorable acogida a dicha iniciativa por parte del Presidente Maduro Moros y la comunidad internacional y expresaba preocupación ante el rechazo categórico del Gobierno estadounidense a las iniciativas de diálogo promovidas por varios países.
Inútilmente se hacían llamados a todos los pueblos y gobiernos del mundo a defender la Paz y a oponerse unidos, por encima de diferencias políticas o ideológicas, para detener una nueva intervención militar imperialista en la América Latina y el Caribe que dañará la independencia, la soberanía y los intereses de los pueblos del Río Bravo a la Patagonia.
Inútilmente, Inútilmente. Inútilmente…