Por: Eduardo Orta Hernández
El ser humano desde que inicia su existencia valoró el suelo, pues de él depende su alimentación.
La actividad humana sobre el espacio suelo no siempre fue de uso irracional, ni se privilegió la ganancia, la explotación, como tampoco el uso contradictorio entre las condiciones del suelo, los diferentes tipos y la actividad económica sobre el espacio territorial
La lógica del capital coloca en situación de peligro la existencia humana, como en la actualidad, por el alto grado de construcciones sobre suelos (aluvionales) no adecuados para construcciones urbanísticas. Es vital el análisis y su comprensión para las correcciones necesarias de las políticas de Estado, que en palabras de Albert Demangeon, «El hombre no puede ser estudiado sin el suelo que habita, el suelo es el fundamento de toda sociedad».
Es imprescindible referirse, en esta materia, dentro de una política global de ordenación del territorio, como disciplina orientada a lograr una adecuada utilización del espacio, de indiscutible importancia, desarrollar una aproximación geohistórica del uso del suelo, dentro del contexto de la actual tragedia producida por el terremoto, sus implicaciones en la dependencia, sus efectos en la soberanía nacional y los lazos neocolonizadores de inversionistas extranjeros que priorizan las utilidades capitalistas en la actual realidad, la dinámica económica y social sobre el espacio suelo, hay que considerar diversos elementos:
1. La protección del ambiente en general
2. La prevención y lucha contra la polución, la contaminación y la degradación como impacto, de la actividad económica
3. Las inversiones públicas y privadas
4. La distribución de la población y del parque industrial sobre el territorio
5. La disponibilidad de agua potable, entre otros.
La utilización racional del suelo nos obliga a pensar muy bien el destino de cada pulgada de tierra, tomando en cuenta para cada decisión gubernamental, el efecto que la misma tendrán sobre el medio ambiente (agua, aire, ruido, la capa vegetal, los bosques, fauna, flora, etc.) y en general el impacto mediato, fin supremo, para superar el actual esquema de las localidades geoeconómicas dependientes, impuestas por la no muy sutil división internacional del trabajo, a efectos de lograr el desarrollo sustentable y la definitiva soberanía agroalimentaria, dentro del concepto de una sociedad humana que respete y preserve el equilibrio entre las condiciones naturales del espacio y la actividad económica sobre el mismo.-
Cualquier aproximación analítica en torno a la utilización y aprovechamiento del entorno físico y especialmente del RECURSO SUELO tiene un gran significado por las implicaciones socio-políticas, sin sofisma de ninguna naturaleza, más bien relacionado con los intereses de la NACIÓN que somos todos.-
Es una verdadera calamidad que en la depresión del lago de Valencia se ubique el 15% o más de la población, sobre un espacio que representa el 1,2% del territorio nacional.
Desde la colonia hasta el presente 2026, la política, la distribución de la población y las actividades económicas niegan los principios del ordenamiento territorial racional, humano, ha vulnerado irrespetado las condiciones de la naturaleza., un ejemplo visible en la llamada «zona costa montaña». Es visible en el irracional asentamiento poblacional, en la alta concentración industrial, dependiente y de enclave, en la desproporcionada inversión pública y privada y hasta por la localización de todos los poderes públicos. Actividad que contradice la vocación de uso del suelo. Es contrario al interés nacional que el norte de Venezuela, la costa montaña esté ocupada por el 90 % de la población y el extremo de la desproporcionalidad es que cuatro estados del país Aragua, Carabobo, Mirada, Distrito Capital y la Guaira concentran el 40 % de la población sobre el 4 % del territorio nacional, con más del 50 % de relieve montañoso, donde también se concentran el 70 % de Producto Territorial Bruto, de la fuerza de trabajo y los servicios públicos. ¡¡INSÓLITO!!
La ubicación y expansión de la población urbana en las mencionadas áreas, ha traído como consecuencia la desaparición de bosques, la reducción del espacio agrícola, colapsos y serios problemas ambientales, deterioro de los suelos y del recurso hídrico, abandono de la actividad agrícola, pobreza y marginalidad en los improvisados asentamientos, endebles, desordenadas edificaciones residenciales, «rancheríos» de latas y cartón sobre espacios invadidos, convertidos en casas, residencias hechas por la población proveniente del área rural, los excluidos e invisibilizados, pero muy necesaria, útil y sobrexplotada mano de obra fabril.
Toda una calamidad para los sectores empobrecidos, un ejemplo repetido por centenas, el barrio Paraparal al sur de Maracay, en las riberas del lago de Valencia, espacio cíclicamente anegado de aguas servidas, inundados por el desbordamiento del lago o de las aguas pluviales o u otros barrios asentados en cerros y montañas, en medio de los cauces de quebradas y ríos, como el de las Tejerías, que se repiten, en el eje Caracas Valencia, exponiendo, sus habitantes, sus vidas y bienes.
Extremo de lo sin razón, la invasión de aquellos espacios a las falda de los cerros, para la exclusividad y la distancia en las construidas terrazas, que agreden el relieve montañoso, talan su vegetación, desvían los cauces o invaden sus espacios para el «confor» de vivir dentro de un clima y en un paisaje natural sobresaturado y violentado, tal irracionalidad se traslada a la orillas de las playas.
Grandes y lujosos urbanismos, gigantescos edificios, hoteles de exclusivo uso, edificados sobre banco de Arenas y suelos no aptos para la construcción de viviendas, todo ello en provecho de la acumulación de capital y en beneficio de la industria de la construcción, de urbanizadores, quienes no les importa el daño ecológico, ambiental, la fauna, la flora, los desviados ríos, ni el existente peligro sobre las vidas de niños y adultos.
Alta concentración poblacional sobre reducidos espacios, en un país de grandes territorios deshabitados, Amazonas, Bolívar, Amacuro, Apure con más del cincuenta por ciento del territorio nacional, con grandes recursos hídricos, minerales, apropiados para una plural actividad económica se encuentran deprimidos, olvidados, relegados, abandonados, sin incentivo, ni atractivo para un creciente asentamiento poblacional, nadie quiere vivir en un área geográfica cuyos ríos no son atendidos en infraestructura y cada invierno inundan las poblaciones, sin un adecuados y eficiente sistema de salud, sin presencia de inversión pública y privada que dinamicen nuevos sectores productivos, la instalación de industrias, el apoyo a la agricultura y ganadería, el traslado y asentamiento de servicios universitarios y de investigación, así como de los poderes públicos, creación de nuevos y modernos urbanismos, entre otros aspectos que permita una total desconcentración de la población, de la actividad económica, social y política.
Continuar con el actual esquema poblacional, con este modelo económico dependiente que mira al exterior en condiciones de subdesarrollo y proveedor de recursos mineros energético, un miope Estado rentista que incentiva tal modelo capitalista, de lucro, de acumulación y ganancias, contribuye al fomento del inmenso y permanente riesgo sobre la vida y los bienes de la población que habitan ee el espacio costa montaña. Así,no se sabe el momento en que la naturaleza recobra y busca su espacio, a consta de vidas y bienes.
De un momento a otro se hace presente el desastre total, en un segundo, vidas y lujosas quintas y costosos carros, lanchas, mascotas perecen bajo la tierra desbordada por el sonido atronador del terremoto, del sismo, del deslave, de troncos, rocas, lodo, tierra y agua de lluvia, ruinas de edificios, de derrumbados centro comerciales arrasados, sepultados todos a minutos de iniciarse la tragedia y el fenómeno natural.
Luego el desorden, la sepultura, las desapariciones y de nuevo la empecinada reconstrucción, en el mismo espacio, el mismo irrespeto a la naturaleza, la distorsión continuada en espera de un nuevo desastre, en cierne de impredecibles años.
Todos, seguros estamos que la historia se repetirá, el desafío es irracional, alienante la cultura del capital y del consumo. La tragedia en espera. Lo seguro es que llegará. ¿Cuándo? no se sabe.
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