UN TAL SANT ROZ… «de como la CIA le torció la mente a tantos republicanos y acabó volviéndolos franquistas…»

AUTOR Y COMPILADOR: Pedro Pablo Pereira

Valga la pena decir, que el diario “El Universal”, de Caracas, donde la Agencia Latinoamericana, ALA, publicaba los artículos de Ramón J. Sender, era de los más reaccionarios y derechistas que se conozcan en el hemisferio. Fue fundado prácticamente para defender a las compañías petroleras, como igualmente defender las dictaduras que tuvimos desde Juan Vicente Gómez los tiranos de la Cuarta República. En “El Universal” publicaba Sender porque la Agencia ALA, que dirigía el ex trostkista y funcionario de la CIA Joaquín Maurín, distribuía sus artículos por casi todo el hemisferio. Me he preguntado una y mil veces el porqué de esa espantosa ironía que españoles que lucharon a muerte contra Franco, luego se volverían anticomunistas (pro-franquistas), legitimando la permanencia con sus posiciones al propio régimen totalitario del Caudillo y el que luego regiría al reino de España.


Dice la escritora francesa Stonor Saunders: “De cualquier manera, documentos relacionados con la Guerra Fría Cultural sistemáticamente desmienten el altruismo norteamericano. Decía un oficial de la CIA que entrevisté: “lo que la Agencia se proponía era formar personas que, a partir de sus propios razonamientos, estuvieran convencidas de que todo lo que hacía el gobierno de los Estados Unidos era correcto”. Tenemos una frase crucial, “a partir de sus propios razonamientos”. Nada más directo o poco sutil que forzar a los cerebros de una generación a que equiparen la paz de los Estados Unidos con el ideal de la libertad. “No se trataba de comprar o subvertir a escritores e intelectuales, sino de crear un sistema de valores arbitrario y artificial con el que los académicos fueran promovidos; los editores, designados y los estudiosos, subsidiados y publicados, no por sus méritos –que en ocasiones eran considerables –  sino por su filiación”.


Abruma y aturde la cantidad de ex comunistas españoles, que una vez en el exilio comienzan a jugar un papel fundamental en los trabajos de espionaje (de contra-información) y de penetración cultural a favor del imperio norteamericano (y por tanto a favor de Franco), tanto en Europa como en América Latina.


Deambulando por Los Ángeles, me conseguí “Réquiem por un campesino español” de las obras de Sender considerada en Estados Unidos como de las más importante en lengua castellana. Sender realmente me parecía el más auténtico creador en lengua castellana y el menos español en el mal sentido. Él se había arrancado mucho de ese rancio españolismo tan plagado de atávicos prejuicios; un hombre que al trasplantarse a América había adquirido un nuevo estilo menos recargado de retórica, apoyado con una muy filosa y fina ironía (aunque Francisco Umbral le llamó galdosiano). Su libro “El Bandido Adolescente” es lo menos español que se pueda leer de un español y se lo dije un día a Sender estando en compañía de mi amigo madrileño Francisco Antolin. Ocurrió durante una visita al Parque Balboa, sitio que frecuentaba don Ramón para conversar y llevarles cacahuetes a las ardillas (valga la pena recordar que de estos encuentros con ardillas escribió su novela ¨Adela y yo”). A raíz de mi comentario sobre su obra “El Bandido Adolescente”, don Ramón me pidió que lo visitara.

Imaginaba, que sentado en uno de esos bancos del Balboa Park entre sus espaciosos bosques, meditando sobre lo efímero y misterioso de la vida, rodeado de ardillas, fue como concibió su novela “Adela y yo”, publicada en 1978.


Comencé a visitar, pues, a Sender y hablábamos de literatura y de política. Hubo meses en que iba todos los días por la tarde, cuando ya él había trabajado intensamente en sus libros. Él quería que yo escribiera y entonces comenzó a darme clases, tratando de enseñarme el oficio; me decía que en cuanto dominara la técnica todo lo demás iba a ser muy fácil. Cuán equivocado estaba. En aquel tiempo me dio más de cuarenta libros escritos por él. Creo que llegué a leer toda su obra. Cada vez que me despedía en su apartamento me aconsejaba: “Mira, si no escribes el diablo te va a llevar”. Yo le contestaba que eso ya no tenía remedio, escribiera o no escribiera…

Después me di cuenta de que su sensibilidad era tal que sufría ataques de asmas por un recuerdo, por una mala impresión en un encuentro con algún “criptocomunista”, como les llamaba, un relato mal escrito, un mal poema.

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