José Sant Roz
- Este trabajo fue la introducción a “Tratado sobre la corrupción en Venezuela”, el cual comencé a elaborar a partir del 23 de noviembre de 1993 y que concluiría dos años después (inédito). El sentimiento que he venido percibiendo sobre la corrupción en Venezuela, es que los corruptos son más contundentes en sus procederes o acciones, más decididos y sacrificados que los llamados “virtuosos” o neutros. Al menos el corrupto se atreve, se arriesga, puede que viole acuerdos y leyes pero se compromete con ambición. Hay un momento en el que el corrupto quema las naves y se lanza en brazos de la perdición porque el robo se convierte para él en algo lujurioso, y se transforma, por así decirlo, en un ser bipolar o en un sicópata: él lucha arduamente contra el remordimiento. Es como cuando una joven de vocación santa pierde su virginidad y luego, aún así, sigue aparentando ser casta.
- El corrupto roba, falsifica, manipula, miente, promete resolver traumas sociales difíciles, distribuye y mueve un capital ajeno que lo hace suyo, que siente alguien se lo ha mandado del cielo, y debe luchar para darle uso, lo cual no es fácil, porque el dinero es tiempo futuro. Si el dinero se empoza se pudre, siente.
- El corrupto provoca aliento o desaliento en quienes esperan mucho de él, y entonces tiene que moverse sin quererlo en el terreno de la amenaza: adultera oficios y documentos, cheques y órdenes de pago. Se convierte en un poseso, en una especie de adivino y hasta en un artista y un investigador; es capaz de levantar un séquito de seguidores, de inspirar amor, odio, recelo o confianza en muchos seres que han perdido toda fe en sí mismos. En cambio, los llamados buenos o “virtuosos”, ¿qué hacen? sino criticar a las espaldas de los corruptos, susurrar intrigas, murmurar cobardemente.
- Cuando los llamados neutros o “virtuosos” ven a los fulanos corruptos, entonces van y les saludan con devoción, les rinden n su interior pleitesías y algún loable piropo: “-Ayer te oí por la radio y te felicito, estuviste muy ecuánime y directo”, “-He visto tus declaraciones por el periódico, y tienes toda la razón, este país merece un cambio rotundo de sus instituciones, valores morales acendrados por la cultura y el conocimiento…”.
- Los “virtuosos” o ambivalentes hay un momento en que llegan a confundirse con los anodinos o neutros. El “virtuoso” mide mucho sus palabras y siempre procura estar bien con todo el mundo. Un “virtuoso” se declara radical, se explaya en sus sentimientos, se hace severo y duramente crítico cuando está a solas con otro de su propia condición, cuando se encuentra en la calle con un vecino, con un colega y siente que debe explotar hasta los poros y no guardarse nada. A la final, nadie llega a parecerse tanto a un corrupto como estos “virtuosos”, y por eso en el fondo le envidia tanto, y siempre se considera por debajo de él. Por ello, cuando un “virtuoso” es sorprendido explayándose contra algún corrupto y éste se aparece, cambia de inmediato de humor y mide profundamente todo cuanto ha dicho y bullía en su interior. Entonces actúa con tiento y con mucha consideración viendo que en la vida todo tiene dos caras.
- Los llamados comedidos en todo, son frágiles y remolones por naturaleza. Se aterran con sólo pensar que un día cualquiera el corrupto pueda llegar a descubrir ese carácter también disimulado. Si llegara el caso en el que al comedido el corrupto le niegue el saludo y con ello sabotearle un contacto, ponerle alguna traba, afectar sus relaciones porque las ramificaciones y los brazos de los corruptos son inesperado e infinitos, ¡ay Dios, podría producirse una catástrofe! La sombra y el poder del corrupto puede estar detrás de una palanca, de un préstamo, de una solicitud, de un empujoncito…
- ¡Dios mío! ¿pueden ustedes imaginarse, lo terrible que sería que a un ser de esos que ni huelen ni hieden, de pronto sucediera que les pasara a su lado un corrupto y éste no les saludara?
- Cuando los moderados o discretos, oyen criticar a algún corrupto se sienten no saben por qué aludidos. Luego, si les conocen, les llaman por teléfono para ver si se ha enterado de lo que están diciendo de él, y en el acto se solidarizan con ellos. Entonces les hablan con palabras sibilinas, como con susurros, les van declarando los horrores y calumnias que han escuchado, lo inconsecuente que suele ser el hombre, lo ingrato y peligroso que es darle uno confianza. Se lamentan, y hasta es posible que suelten algunos gemebundos suspiros, prodigándoles en todo momento solidaridad a ultranza, comunión con sus actos o proyectos.
- Un corrupto sin su par el neutro no podría existir. Vienen a ser en el fondo idénticos. Los corruptos pretendidamente vejados o humillados aceptan comedidamente la solidaridad que les expresan los comedidos, y responden: “-Hasta Cristo fue crucificado por servirle al pueblo”; “- El servidor público tiene que pasar por las horcas caudinas de los ingratos”. Y a punto de retirarse siempre sueltan esa frasecita tan cristiana: “Pero sea lo que sea, cuenten conmigo”. A la vez, suelta también alguna promesa, algún obsequio burocrático, una “ayudita” de algo que está por llegar del poder central o del propio cielo. El corrupto siempre se muestra solidario, a flote con ese don de vivir sacrificado “desinteresadamente” por los demás, y lo dice con esa voz tierna y melosa de los que aparentar haber sido ultrajados.
- El corrupto en esos momentos de agites, cuando lo requieren de todos lados, tiene un dominio absoluto de la brevedad, y seco y vago en sus sentencias y juicios, lanza la frase: “- Lo tengo pendiente, cuenten con eso”, en todo momento retribuyendo cariño, dispensando compromiso y argumentando que a todo el mundo le consta que de él jamás ha salido una mala acción para perjudicar a nadie…
- Porque a la vez, no hay nada más triste e inspirador de lástima para los cobardes, para borregos y eunucos que un corrupto vejado, ultrajado, herido en lo más íntimo de sí mismo, vituperado en su trono intocable, en la aureola sublime e infinita de su mando o poder sagrado. ¡Oh!, cuánta solidaridad es capaz de inspirar en ese latrocinio propio de los vagos consagrados a la burocracia, un corrupto que ha sido cruelmente atacado; la gente que le conoce, que le «debe» algo, que en alguna ocasión estrechó sus manos, que fue bien atendido por él, que le agilizó un trámite o le sonrió en medio de los finos esteros de los pasillos o escritorios, de las poltronas finas y delicadas…, en la que le hizo una visita, en la que se acordó de su nombre en una acto, en momentos especiales de su vida; porque los neutros son muy susceptibles: esta gente sufre depresiones terribles, vive por lo general taciturna, siente una ofensa irresistible en su pecho cuando no se le reconocen sus obras; y el corrupto es quien estará alerta para poner de relieve sus mediocres dones, sacándolo del frío abandono de sus almas. Por eso el que critique a un corrupto se arriesga siempre: será a los ojos de los neutros un violento y un grosero que no respeta a nadie y que por simple odio persigue dañar la imagen de gente honorable…
- Así y todo, un velo de duelo cubre esos ambientes en los que se trabaja y hay harto movimiento de bienes, negocios o capitales, percibiéndose en cada momento, cosas nada sensatas. Los vientos hablan de que de un momento a otro caerá el corrupto acorralado; ese un ambiente de pesadumbre en el que brilla en los rostros de los subalternos temores nada infundados…
- Hay que reconocer también, que el corrupto siempre tiene quien le defienda; siempre se ha preparado para que en el futuro haya quienes le amen, y por eso no faltará quien salga en su defensa y diga: » – Qué injusta es la gente; ¡meterse con un hombre tan decente, tan bueno, tan cariñoso y bondadoso, al que le debemos tantos sacrificios, bienes y reivindicaciones arduamente conquistadas por sus inmensos talentos, por el sacrificio inconmensurable con el que se entregaba a las ilustres instituciones que le dan bienestar y progreso a una nación». Así y todo, el corrupto calibre siempre estará calibrando la inmensa dimensión de la soledad y el desprecio.
- El corrupto a veces se siente herido y desea vengarse o defenderse, atacar, pero él debe conservar siempre la sangre fría… está en desventaja y su fin es estar “de bajo perfil”: desearía que fueran los demás quienes salieran a defenderle; aquellos a quienes él tantos favores les ha hecho, pues sería desdoroso el tener que hacerlo por sí mismo. Y que además esas defensas se hicieran, claro, públicamente. Pero ocurre que también los neutros, los “virtuosos”, no se atreven a defender declaradamente a nadie; defender a quien tanto ha hecho por ellos no es cosa tampoco para los neutros. Los neutros sólo murmuran. Los neutros nacieron sólo para quejarse de lo que a ellos más les duele. Los neutros son egoístas, y por lo general muy frágiles, temerosos o débiles. El sentimiento que acude a la mente del corrupto cuando está deprimido es: “-Dios mío, todo lo que hice por tanta gente, y que existan quienes no son capaces de reconocerme nada”.
- Los neutros, también están a la caza de que los llamen virtuosos, equilibrados o ecuánimes. El corrupto también comprende, insisto, en la soledad en la cual se desenvuelve. Descubre la fragilidad del mundo que le rodea y de la cuerda floja por la que se mueve. Entonces llega al convencimiento de que es poco lo que ha dado y que debe luchar muchísimo más para volver a robar y sacrificarse por sus compinches; compartir mucho más de todo aquello que a bien pueda coger, y lo siente en los peores momentos de sus remordimientos (si es que acaso le acosen); sacar de donde no haya cuando vuelva a robar; romperse las uñas arrancando el último filón de la mina que se le vuelva a presentar… enhorabuena. El corrupto siempre piensa que no llega a robar lo suficiente. O que no se cogió nada.
- El corrupto podría vengarse de los neutros ingratos no firmándoles los pagos prometidos, y esto los aterraría, ¿pero qué sería de él sin estos pobres seres? Cuando un corrupto firma cheques o de él depende los pagos de nóminas, diseña inconscientemente estrategias para que los neutros queden a su merced para siempre; que sientan que merecen toda su adhesión de por vida; que comprendan cuán infinitamente poderosa y necesaria puede llegar a ser su ayuda. La gente idolatra a los corruptos; ¿qué sería del mundo sin ellos, siendo que son los que les dan cursos a todas las vainas terrestres? ¿Qué sería de la humanidad, del futuro de todas las instituciones sin ellos?
- Jamás se piensa que cuando un corrupto administra dinero, ese dinero pertenece al pueblo; “-¡No sean tan pendejos ustedes, señores, ubíquense!”, piensa el corrupto; él considera que ese es un capital que sólo un buen hombre debe estar destinado y en condiciones para repartirlo como se debe; que lo que él tiene a su cargo es para joderse repartiéndolo, lo cual de veras es un acto bien sacrificado, duro, amargo, terrible, agobiante y tormentoso. Si ese hombre, por algún motivo, se retira de todos los cargos, estaríamos perdidos, el mundo se vendría abajo, los neutros se desconcertarían y entrarían en desintegración total, y sin él, a fin de cuentas, nadie recibiría nada, y se perderían todos los hilos excrementicios de la sabia colocación de lo que nos es de nadie. Así funciona el sistema capitalista. Señoras y señores…