Desde principios de año, para enterarnos de lo que ocurre en Venezuela debemos recurrir a fuentes fuera de Venezuela.
Así, para saber por qué los ingresos propiedad de nuestro país por sus hidrocarburos y minerales no van a parar al Tesoro ni al Presupuesto Nacional venezolanos, debí rastrear la Executive Order 14373, “Safeguarding venezuelan oil revenue for the good of the american and venezuelan people”. De acuerdo con ella, las cantidades provenientes de la venta de estas propiedades nuestras son depositadas en una cuenta del Tesoro de Estados Unidos, administrada por el Presidente de ese país. El artículo donde reproduje la noticia fue rechazado por los medios impresos nacionales.
Para descubrir el monto de esas riquezas venezolanas depositadas en el Treasure estadounidense no me sirvieron de nada nuestro Presupuesto de la Nación ni los informes del Banco Central de Venezuela o del Ministerio de Finanzas. Debí cumplir larga pesquisa en internet para localizar información del Financial Times según la cual desde enero hasta comienzos de julio de 2026, Estados Unidos ha ingresado 13 billones de dólares procedentes del petróleo venezolano (para los anglosajones un billion es mil millones). Ni siquiera sometí la información a los medios impresos; al igual que la presente, consta en mi blog luisbrittogarcia.blogspot.com.
(The US has $13bn in Venezuelan oil money. Where is it? https://www.ft.com/
En fin, transcurridos meses a partir de la invasión agravada con bombardeo, asesinato masivo de compatriotas y cubanos y secuestro del Primer Mandatario y su señora esposa, supuse que alguna fuente vernácula me informaría sobre el paradero de esas demoledoras sumas. No encontré ni siquiera indicios. No tuve más remedio que escudriñar los informes del estadounidense Council of Foreign Relations, para enterarme de que el misterio es total.
(https://www.cfr.org/articles/

Citamos: “Los pueblos de Estados Unidos y de Venezuela siguen en la oscuridad acerca de cómo la administración de Trump está controlando miles de millones de dólares de los ingresos del petróleo venezolano. Sin mecanismos contables ni un mapa de caminos legible, Estados Unidos arriesga la consolidación de un régimen sucesor corrupto”. Y el Council prosigue: “Mientras la Administración de Trump repetidamente ha calificado su control como beneficioso para ambos países, no se ha revelado públicamente cuánto petróleo venezolano ha vendido, cuanto ingreso ha recolectado por él, ni cómo ha utilizado esos fondos desde que tomó el control de las explotaciones petroleras del país (…)”.
En resumen, sumas provenientes de la venta de nuestros hidrocarburos que según el Financial Times ascienden a unos TRECE MIL MILLONES DE DÓLARES han desaparecido sin un papel, un informe, un balance, un indicio, una conjetura. Marx decía que “todo lo sólido se desvanece en el aire”. Desaparecieron y ya está. Con dichas sumas se esfuman montos equivalentes de nuestra Educación, nuestra Salud, nuestros Alimentos, nuestros Servicios Públicos, nuestra Infraestructura, nuestra Cultura, nuestro aparato productivo, nuestras Comunicaciones, nuestra Defensa, nuestro futuro.
Confirma el Council que “la Administración tampoco ha presentado los acuerdos escritos que ha concluido con el gobierno venezolano, comerciantes, compradores, bancos y otras entidades involucradas en el proceso”. Por si cupieran dudas, añade que “tanto Rubio como el Secretario del Tesoro Scott Bessent se comprometieron por separado a compartir una copia de los acuerdos escritos que rigen el control de EEUU sobre las exportaciones venezolanas de petróleo, aunque no está claro si dichas copias fueron entregadas al Congreso, y ni una sola copia ha sido hecho pública”. Por una buena razón: tales acuerdos, arreglos o componendas, para ser válidos deben ser concertados de acuerdo con lo pautado en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y las leyes del país, sin lo cual son nulos de toda nulidad y carecen de efectos.
En resumen: todo es opacidad, misterio, tiniebla, enigma, negociado fuera del Horizonte de los Eventos. Dos detalles añade el Council que confirman la inconmensurable atrocidad del latrocinio. Entre las empresas que supuestamente habrían hecho tratos “transitorios” sobre los bienes de Venezuela aparecen Trafigura y Vitold, ambas involucradas en prácticas de soborno, ambas ancladas en acuerdos secretos que parecen perpetuos. El control sobre los ingresos de minerales venezolanos no se limita a los hidrocarburos: el Secretario del Interior Doug Burgum se habría asegurado de “$100 millones en oro”, y de un trato por mil kilogramos de oro, asimismo para Trafigura. Por nuestra parte, no sabemos el valor del uranio enriquecido gratuitamente “retirado” del IVIC.
A menos que resistamos, retirarán toda Venezuela.
Este artículo tampoco aparecerá en los medios impresos. Si te parece pertinente, por favor reenvíalo a quien pueda interesar.