José Sant Roz
¿Qué está ocurriendo? ¡Oh Dios mío! ¡Desatada una extraña como espantosa felicidad en medio de la barahúnda de los desalmados! Las caretas ajadas y ya desvanecidas, un cuarto de siglo al parecer es suficiente. Ya no se sostienen… Una especie de Justicia Divina escuece el alma de los tartufos, aquellos que se creyeron Elegidos, pero que entonces reflexionando ante los hechos recientes digo con Bolívar: “YO ESPERO MUCHO DEL TIEMPO. SU INMENSO VIENTRE CONTIENE MÁS ESPERANZAS QUE SUCESOS PASADOS Y LOS ACONTECIMIENTOS FUTUROS HAN DE SER SUPERIORES A LOS PRETÉRITOS”.
Ahora hay nuevas verdades que cada día se van revelando desgarradoramente, por lo que a la vez se van desgajando las máscaras como las hojas de los árboles en otoño.
Ahora ante nuestros ojos van quedando esos rostros tal cual como los presentíamos…
Lo extraño es que esa caída que antaño hubiera provocado horror hoy en medio del inmenso caos produce una cruel y hasta dolorosa alegría.
¿Será que como decía Bolívar, estamos comprobando que es preferible un desengaño a mil ilusiones?
Es terrible tener que decirlo, pero lo estamos haciendo en nombre de nuestros sufrimientos: Señor, ¡cuán feliz me siento mirando las pailas del infierno reverberantes, cuando en ellas están a punto de cocerse cuántos tartufos, cuántos redomados ladrones y cerdos, cuántos abominables cobardes!
La felicidad, resulta que también escuece.
Ya sé que no me iré al otro mundo ENGAÑADO después de haber oído gritar a tantos hijos de puta en marchas y tribunas diciendo que defenderían a muerte a la patria pero que ahora andan desconocidos,… apocaditos.
Ellos que manosearon y ultrajaron tanto la patria con sus gritos.
Sí, es preferible un desengaño a mil ilusiones. Y quizás a uno le corresponda morir como Don Quijote renegando de los libros de caballería.
Yo que me la pasaba exigiendo justicia, luchando a brazo partido a favor de los más pobres. Haciendo trabajo social en las comunidades, en los barrios en un pertinaz enfrentamiento contra la canalla pro-imperialista. La derecha no respondió sino echándome metralla sin cuartel como saben hacerlo. Más de sesenta años de empecinada locura contra los enemigos de mi país, desde que comencé a cursar Segundo Año de bachillerato en el Liceo Gustavo Herrera[1] en 1960. En permanente batalla contra los blandengues y entreguistas de nuestra Nación, contra los perros terroristas de la ultra-derecha. Contra los encarnizados enemigos de Bolívar, y a partir del año 2.000 contra los furibundos opositores al chavismo.
Llegué a ser víctima del enfermizo y desbocado odio de esa ultra-derecha apertrechada en la Universidad de Los Andes, negra ala del fascismo ultra-montano del hoy cardenal Baltazar Porras, así como de los jeques de AD y COPEI quienes me buscaban para darme el consabido tiro en la nuca como se lo dieron a tantos camaradas como Giandomenico Puliti (coautor junto conmigo del libro “Obispos y demonios”). Me dolía en el alma cada vez que veía caer un hermano como Danilo Anderson, Ricardo Durán, Eliecer Otayza, Robert Serra,…
Todos ellos a fin de cuentas vilmente asesinados por los sicarios de Estados Unidos. Porque los gringos son los únicos reales culpables de estos crímenes, los que cumplen sus órdenes son unos pobres ignorantes sin norte y sin valores humanos en este mundo.
Me persiguieron, me buscaron para asesinarme, y así tuve que vivir durante años enconchado, teniendo que salir disfrazado a la calle (en pleno gobierno de Chávez), al tiempo que iba viendo cómo mataban a nuestros hermanos, los pobres de esta tierra.
Entre 2001 y 2026 acribillaron a más de diez mil campesinos en el occidente del país sin que pudiera hacerse nada.
Pero en esa lucha que se enarbolaba contra la derecha, dentro del mismo PSUV había estratos sociales. El peor de ellos el de los INFILTRADOS con poderes bien blindados, y que acabarían siendo descubiertos cuando ya sus crímenes y robos llegaban a volverse insostenibles, inaguantables. Tuvimos líderes con elevado pedigrí estatutario, dirigentes encumbrados con muchos privilegios que derrochaban un carisma de magnates o de héroes hollywoodenses, trasladándose en avionetas y jets, en caravanas con carros de lujos sus respectivos chóferes y nubes de escoltas además de onerosos viáticos y hasta queridas.
Hubo un gobernador que en una concentración frente a la casa del PSUV me denunció como enemigo del chavismo porque lo acusé de delincuente rojo rojito, y el tipo dio la orden a su jauría de que me persiguiese y eliminase. Otros amenazaron con demandarme e incluso una abogada de la banda de estos canallas llegó a allanar el diario “Frontera” por yo haber publicado un artículo contra mafias disfrazadas de chavistas. Y muchos de esos hoy son los que forman parte de los que ni por el carajo quieren enfrentarse contra los gringos porque eso para ellos representaría una estúpida INMOLACIÓN.
Ahora comienzo a comprender que Trump es un tipo que en cumpliendo su papel de abominable genocida, al mismo tiempo ha comenzado a desvelar un monstruo interno que se venía beneficiando de nuestro apasionado bolivarianismo. Un grueso de esos supuestos grandes defensores de nuestra soberanía, que se autodenominaban de izquierda, acabaron siendo una burda y mera fachada para defender un puto cargo, unas asquerosas prebendas… Hoy no tienen una estrategia de lucha ni un proyecto para la defensa nacional ni un verdadero frente para contener la avalancha homicida del cerdo naranja Trump, contra nuestro pueblo. Hoy están en retirada, entregando pertrechos y bagajes, solapadamente.
Miserables estafadores al fin.
Regla Número Uno: Es mil veces preferible unirse a la banda de un miserable que formar parte de la de un pendejo.
AXIOMA UNIVERSAL: Andar con pendejos es muy pavoso.
OVACIÓN DE PIE A JORGE RODRÍGUEZ al anunciar que se iban a quedar con los crespos hechos aquellos que creían que nuestros recursos petroleros se pudrirían bajo tierra: ¡No, señor, se los llevarán los gringos y los europeos!
Repitamos todos como en un rezo: MÁS VALE UN DESENGAÑO QUE MIL ILUSIONES.
[1] Del cual me explusaron.