Luisana Colomine
Hace poco un niño de 16 años se suicidó porque sus padres lo
reprendieron y le quitaron el celular. El jovencito esperó a que todos
durmieran en la casa. Robó el carro de su papá y se fue a la Cota Mil
circulando a contravía. Estacionó el vehículo en el puente Los Chorros y
se lanzó al vacío…La Policía encontró el carro allí abandonado, con las
luces encendidas. Uno de los uniformados se asomó por el puente y miró
al fondo. Allí estaba el cuerpo del niño…Los suicidios en adolescentes y
jóvenes son un alerta de lo que ocurre en la sociedad…Y pueden estar
precedidos de una patología mental que muchas veces nadie nota. Solo
quien la padece vive el tormento.
La frase que da el título a este post la escuché en el canal Conciencia
TV, a una joven psiquiatra de nombre Aisquel Machado. El mensaje me
impactó porque lamentablemente en Venezuela la salud mental es la más
desatendida, la más desguarnecida, la que está en completo desamparo.
Ese mensaje deberían transmitirlo en todos los canales de señal abierta,
en todas las emisoras de radio, para que la gente tome conciencia sobre
un tema que ya se convierte en problema de salud pública. Hay gente muy
sola, además de la terrible situación económica…
Hace poco llegó a mis manos la revista «Libremente», especializada en
salud mental pero de circulación muy reducida. En ella se desnuda la
tragedia del enfermo o enferma mental y su entorno familiar. Porque no
solo es aceptar la enfermedad, que ya eso es difícil, sino que luego de
ese paso crucial, lo que viene es realmente un viacrucis, y en Venezuela
éste se convierte en una penuria.
Cuando te dicen que el paciente debe hospitalizarse, no hay
instituciones públicas para eso…Y las pocas que tratan este tipo de
trastorno no tienen condiciones en los actuales momentos debido, en
parte, a las medidas coercitivas de Donald Trump contra Venezuela porque
también debemos reconocer y aceptar que no hay una política de salud
pública con la enfermedad mental…Sería muy bueno un Barrio Adentro
Mental para estos casos. Ya el solo hecho de buscar un sitio dónde
internar a alguien que padezca un trastorno de la mente, es terrible y
entonces terminan en «casas de reposo», que son iniciativas privadas
para cubrir un vacío que tiene el Estado en ese aspecto…Son depósitos
humanos. Algunos enfermos son dejados allí y olvidados, otros tienen la
suerte de que sus familias los aman y no los olvidan. Incluso,
eventualmente, los pacientes se mueren y nadie sabe, nadie ve…
El año pasado esos sitios cobraban 180 dólares mensuales (otros hasta
250$ y la consulta con el psiquiatra 25$ semanales) por la estancia
allí. Pagas lavandería, tres comidas, servicio de enfermería,
supervisión del tratamiento y en algunos casos atención psiquiátrica
aunque esos honorarios son aparte. Algunos psiquiatras y psicólogos
cobran desde 10 dólares la consulta.
Hay sitios donde es gratuita la atención al enfermo mental como es el
caso del Hospital Universitario de Caracas, en el ambulatorio, donde
trabajan dos psicólogos y un psiquiatra de lunes a viernes y de 7 de la
mañana a 12 del mediodía…Atienden un promedio de seis o siete pacientes
diarios y les pagan un sueldo de hambre aunque cubren una jornada
extenuante…
Después está el problema de los medicamentos. Un tratamiento
psiquiátrico cuesta unos cinco millones de bolívares al mes. O sea, el
paciente mental tiene que se ser millonario para poder salir airoso de
eso o de lo contrario terminará en situación de calle…
En Venezuela te venden un «blister» de Carbamazepina en 300 mil
bolívares y solo trae 10 pastillas. El médico generalmente prescribe
dos diarias; el Carbonato de Litio, para los enfermos bipolares casi no
se consigue y cuando lo ubicas te lo venden también por blister,
nunca la caja completa y da coraje que el Ministerio de Salud no hace
nada para impedir esto. En Cuba, donde la salud es lo primero, funciona
la Clinica del Litio Hospital
Psiquiátrico de La Habana, especial para personas que padecen este
trastorno y les regalan el tratamiento. ¿Que buscan resolver? Que los
pacientes no sean una carga ni para el Estado ni para sus familias, que
sean personas productivas, plenamente incorporadas a la sociedad, que
puedas lidiar con tu trastorno, como lo hace cualquiera que tenga otro
tipo de enfermedad crónica: hipertensos, diabéticos, etc. También se
pretende aminorar el tiempo de reclusión hospitalaria.
Pero además, hay que chequear el litio en sangre, y debes hacerte un
examen que se llama «Litemia». Los pocos laboratorios que tienen la
prueba en Caracas cobran hasta dos millones de bolívares…La Olanzapina
cuesta cinco millones de bolívares 30 pastillas…!!
Por si fuera poco, está el comportamiento de la sociedad. Esta sociedad
no acepta al enfermo mental. Lo discrimina, lo aísla, se burla de él. El
trastorno mental es visto como una carga, como algo que es molesto y
por eso hay que esconderlo…Sencillamente no miran que está ahí, clamando
por ayuda…Es una actitud cruel y hasta criminal…Es mejor huir del
enfermo mental, es mejor no ver, no saber…Voltear para otro lado y
dejarlo con su infierno…
Pero quería copiar aquí algunos párrafos de la revista mencionada antes
(quizás lo haga en varios posts). Un artículo titulado «El sufrimiento
mental y la acción revolucionaria» que firma el «Colectivo Libremente» y
a través del cual claman porque la salud mental reciba el mismo trato
de la atención primaria.
«Las enfermedades mentales representan el 11% de todas las
patologías, un porcentaje superior al del cáncer y los trastornos
cardiovasculares (…) El 22% de la población padece episodios de ansiedad
y depresión en algún momento de su vida y un 1% de la población
desarrollará alguna forma de esquizofrenia a lo largo de su vida» (OMS,
2004)
En esa revista se alude a lo que llaman «colonias psiquitátricas», o
«contenedores de cuerpos», todo un negocio que nadie supervisa y en los
cuales el paciente muchas veces es maltratado, sobre todo el que no
tiene familia. Se habla también de la falta de una legislación que
proteja a la persona afectada por un trastorno psíquico, pues puede ser
echada a la calle sin contemplaciones y si el más mínimo respeto a la
condición humana.
«Es un problema de clase» – escriben en la citada revista – Si la
persona padece de algún problema mental, depresión, crisis psicótica o
esquizofrenia y su núcleo familiar es de estrato pobre, puede ser
inmediatamente despedida al manifestarlo en su empleo, lo cual tendrá
como consecuencia entrar en una centrífuga social que lo conducirá
directamente a su degradación en donde el problema se agravará
terminando, seguramente, como un ciudadano en situación de calle, todo
esto como resultado de la ausencia de una legislación que proteja a esos
pacientes»
La Fundación Pueblo Soberano, del Palacio de Miraflores, en algunos
casos da recursos para poder pagar esas «colonias», pero es muy difícil
conseguir los medicamentos. Además hay gente muy solidaria dentro del
gobierno bolivariano, que entiende el problema y asume actitudes
verdaderamente revolucionarias para ayudar en casos muy específicos,
pero eso no es suficiente porque de ellos no depende una solución a
largo plazo, que beneficie a miles de enfermos. Tiene que generarse una
política pública.
Torbellinos
Andar por la calle completamente desinhibido…»verborréico» y frenético,
hablando o riendo con cualquier persona aunque no la conozcas; no
dormir, consumir drogas, alcohol…Sexo indiscriminado; delirios de
grandeza; manías. Agresividad en algunos casos; tristeza en otros,
depresión…
Los niños y jóvenes atraídos por los juegos de video que ahora cargan en
el celular; las competencias, la lucha por ser aceptado en el grupo…
Todo eso y más…Hay que cuidarlos y amarlos…Pero ¿quién cumple su parte en el Gobierno
Un elefante en la habitación
Corría el año 1814 cuando Ivan Andreevich Krylov, un poeta y escritor
ruso, publicó una fábula titulada «El hombre inquisitivo». En ella se
refería a un hombre que recorría un museo y notaba todo tipo de pequeños
detalles pero, asombrosamente, no percibió un elefante.
Aquella interesante idea no murió allí. Fyodor Dostoievski la retomó en su novela «Los endemoniados» cuando escribió: «Belinsky era como el hombre inquisitivo de Krylov, que no se dio cuenta del elefante en el museo…«.
Aunque fue Mark Twain quien perfiló mejor el concepto en «El robo del
elefante blanco», haciendo referencia a la ineptitud y falta de lógica
que subyace a ese comportamiento.
Más tarde, The New York Times recogió la frase, que luego pasó a
convertirse en una expresión popular que se utiliza para referirse a
algo obvio que pasa desapercibido o de lo que nadie quiere hacerse
cargo. La expresión indica una verdad evidente que es ignorada, aunque
también puede tratarse de un problema que nadie quiere discutir o un
riesgo que nadie está dispuesto a asumir.
Esto ocurre con las enfermedades mentales, con los problemas de pareja,
con los conflictos juveniles que a la larga estallan de maneras
impredecibles, dolorosas, trágicas como el suicidio o hacer daño a otras
personas. Recuerdan la tragedia de Columbine? y de otros jovencitos que
llegan armados a sus colegios y empiezan a disparar y a matar a sus
compañeros y maestros?.
En sentido general, cualquier problema puede convertirse en un elefante
en la habitación si no lo abordamos y preferimos ignorarlo. Puede
tratarse de un asunto delicado que podría herir la sensibilidad de los
demás, un gran problema que no sabemos cómo solucionar o un conflicto
que demanda correr un riesgo que no estamos dispuestos a asumir.
Dado que es imposible pasar por alto la existencia de un elefante en la
habitación, las personas se sienten obligadas a fingir que el elefante
no existe, evitando lidiar con el enorme problema que representa. Sin
embargo, lo cierto es que obviar su presencia suele terminar generando
problemas aún mayores.
Referencias: https://rinconpsicologia.com/elefante-en-habitacion-temas-delicados/
Profesora de géneros periodísticos y periodismo de investigación en la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV). Comunista.
@LuisanaC16