Secuestro de Maduro menoscabó la legalidad internacional

Guillermo Guzmán

Saldrán y vendrán versiones de lo que aquí ocurrió el tres de Enero del año en curso, República Bolivariana de Venezuela, cuando Trump rolitranco’e malandro a través de sus inmorales huestes y al margen de la legalidad internacional irrumpió en nuestro suelo y logró propinarnos un sangriento zarpazo y secuestrar a la pareja presidencial; pero este pueblo no come cobas y sobre la marcha dispuso barajar las alternativas de respuesta en curso y por venir.

Lo que hacer, no solamente para rescatar al Presidente Maduro sino además para restañar la sangre derramada por nuestros patriotas caídos en combate demanda penetrar hasta el mínimo detalle lo que deba hacerse; barajar la paciencia y la impaciencia, lo que es una dicotomía propia de este tipo de confrontación, no significa esquivar el conflicto con el asqueroso imperio sino de resolverlo pero para eso, independientemente de lo que opina la masa nosotros tenemos que considerar que contamos con un comando superior de la revolución el cual debe fijar sus posiciones debidas; otra cosa es que eso no suceda y las masas rebasemos el coraje de nuestros dirigentes y nos echemos a las calles a lo loco, quizá sin saber que hacer de manera precisa y la cosa se ponga pelúa dado que el enemigo acecha y trata de subvertir, se mezcle con nosotros y por inercia nos joda.

Venezuela está ante un desafío complejo que amerita pongamos la cabeza sobre un molde de hielo antes de dar pasos firmes y no dejarnos llevar por guacharacas de teclados; pero el enemigo imperial está a su vez ante una crisis que cataliza su decadencia, eso es otra cuestión distinta aunque Trump cacarea como “el gallo de Pascualita” —cocoroko–, ¡zape bicho!

La crisis de los Estados Unidos USA se veía venir y vino, puede decirse que un rasgo de dicha crisis es la inmoralidad, lo que unido a otros múltiples factores convierte a ese sistema capitalista salvaje, chupasangre y esclavista en un enfermo incurable. Esa crisis se hizo ecuménica, no precisamente en el sentido religioso de la palabra pese al peo (ver “Trump II Vs León XIV; y Concilio Cadavérico”) entre Trump y El Vaticano sino en su acepción geográfica y geopolítica; inclusive, yo pondría el acento en lo geopolítico por encima de lo geográfico y de ahí que os traiga a colación a Obama —a Barack Obama—, un tipo cuyo rastro apesta:

No obstante que encopetado Profesor de Derecho Constitucional en la renombrada Universidad de Chicago, además de en otros centros de estudios Obama ya Presidente de los Estados Unidos USA (2011) se pasó por su rabadilla todos los preceptos de las leyes internacionales a los que estaba sujeto respetar y empezando con su invasión a Pakistán asesinó a Osama Bin Laden antiguo asociado, utilizado años antes por los gringos para atacar a la Unión Soviética, desde Afganistán; pero Bin Laden, que no era un niño de pecho, se les volteó a los gringos con su Al Qaeda y ya para los sucesos del 11 de septiembre de 2001, se le consideró responsable de terrorismo y se decretó su asesinato.

Todo indica que al momento de su asesinato Bin Laden estaba desarmado pero fue abatido expres. A la sazón Obama expresó ¡Se ha hecho justicia!, expresión que fue considerada por eminentes juristas como, estúpida porque es de suponer que de acuerdo al derecho internacional en tales casos ha debido haber una investigación que no se hizo y para colmo el cadáver fue tirado a la mar sin un examen post morten, como es de ley.

Este fue otro sonado caso, marco de referencia en el que eminentes juristas, inclusive gringos, hicieron notar que cuando hubo que decidir la suerte de asesinos nazis, el gobierno británico quería que esos tales fueran ahorcados seis horas después de sus capturas pero el propio Presidente Truman se opuso tenazmente alegando la sentencia del fiscal principal en el Juicio de Nuremberg, de que la ejecución sumaria no sería aceptada por el noble pueblo estadounidense, “no sería recordada con orgullo por nuestros hijos y nietos” y que lo debido de ley era determinar la inocencia o la culpabilidad de los acusados después de un juicio desapasionado como era permisible, entonces.

El asesinato de Bin Laden fue fríamente planeado por Obama tal como fríamente planeó el Decreto que consideró a Venezuela una amenaza inusual y extraordinaria que Trump siguió al pie de la letra porque ambos son de la misma calaña; eh, e igual Trump planeó el secuestro de Maduro para montar un circo que no ha podido ni podrá ya a estas alturas porque nosotros rescataremos a Maduro y a Cilia Flores, digna representante de la mujer venezolana.

La política de Obama fue durante todo su ejercicio, de principio a fin, matar a cualquier sospechoso y además adornado con “sus respectivos daños colaterales”, todo de acuerdo a la “narrativa conveniente”; ¿en que se diferenciaba de Trump?

Asesinato de Bin Laden fue catalogado para la fecha (2011) como “un arreglo de cuentas entre asesinos”.

Maduro es el contraste más relevante contra las cochinadas de Obama y de Trump y mientras tanto dure el vil secuestro, el dedo acusador de Maduro contra el decadente imperio, cobrará mayor vigencia.

Sin embargo, esperemos que el fiscal federal que tiene el caso en sus manos haga uso de su deber: reivindicar al menos un giro decente a la justicia norteamericana y ponga a Maduro y a su esposa en libertad inmediata porque, reitero, Maduro ya es el dedo acusador de ese mohoso y morboso manoseo de la justicia.

Ruptura de la legalidad internacional socava de ipso facto la paz mundial y en consecuencia cualquier desarrollo democrático, es el acabose, y pensar que lo hace Donald Trump, emperador norteamericano, USA, el país que se da bomba de ser una democracia cuando es solo una plutocracia..

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