Por: Pedro Alcalá Afanador
Conciencia decolonial para recuperar la Soberanía y la Independencia perdidas desde el 3E 2026.
A lo largo de casi 4 años, he publicado numerosos artículos sobre mi concepción categorial de la Salud Mental Colectiva, como el encuentro entre tres grandes subjetividades humanas a saber: Subjetividad del Ser, intersubjetividad del Amar e Intersubjetividad del Tener-Estar. La Salud Mental Decolonial como disciplina de las Ciencias Humanas, no perteneciente al paradigma de lo patogénico de las Ciencias Médicas y de su disciplina dedicada al estudio tratamiento y rehabilitación de los padecimientos y trastornos mentales.
La Salud Colectiva Decolonial, es la búsqueda del bienestar colectivo y calidad de vida de los pueblos en los territorios donde conviven y laboran, cuando por diversas situaciones de injusticia, desigualdad y exclusión en los territorios, emergen situaciones nocivas a la vida y la salud, es decir, se deteriora la calidad de vida, se hacen presentes malestares y sufrimientos personales y colectivos, que de mantenerse en el tiempo, es decir, hacerse crónicos estos malestares y sufrimientos, se convierten en síndromes clínicos psicopatológicos que son el objeto de estudio, cuidados y rehabilitación de la Psiquiatría como disciplina científica de las Ciencias Médicas.
La Salud Colectiva Decolonial desde la subjetividad del Ser, consiste en que si yo convivo en una sociedad, que me permite integrarme, desarrollarme como persona y como colectivo familiar y territorial, soy un ciudadano integrado a la sociedad y asumo el derecho constitucional a la participación y la obligación cívica de la contraloría social, soy un ciudadano ético y corresponsable, pero, si por el contrario, la república y su gobierno no garantiza la dignidad y desarrollo personal y colectivo, (artículo 3 constitucional) soy un ciudadano resentido social.
La intersubjetividad del Amar consiste en la calidad y cantidad de interacciones personales, familiares y comunitarias, relaciones sociales y vínculos afectivos que establezco con mis semejantes, si estos son numerosos y armónicos, soy un ciudadano feliz, de lo contrarios si mis interacciones, relaciones y vínculos son escasos y poco armónicos, estoy infeliz.
La intersubjetividad del Tener-Estar, están en relación con las necesidades materiales y espirituales que requiero para vivir cómodamente, tanto en el territorio que habito como en donde laboro; un salario y sueldo digno, que me permita tener bienestar y calidad de vida, protección social que me permita vivir con bienestar y calidad, vida saludable, educación, trabajo, alimentación balanceada nutricional en lo proteico calórico, recreación adecuada, deportes, entre otros derechos constitucionales y servicios públicos territoriales, básicos, necesarios, suficientes y eficientes, que me permitan una vida, salud convivencia digna. Si mi calidad de vida está cerca del bienestar personal y colectivo, estoy satisfecho, si me encuentro más cerca del malestar y el sufrimiento, estoy insatisfecho.
La Salud Mental a lo largo de la vida es un devenir entre el bienestar personal y colectivo: Integración a la sociedad, felicidad y satisfacción; si estoy resentido con la sociedad donde vivo, me siento infeliz, estoy insatisfecho, tengo malestares y sufrimientos que me alejan de la Salud Mental.
De lo descrito hasta acá, destaca que las categorías intersubjetividad/subjetividad, son fundamentales en la comprensión e interpretación de la Salud Mental Colectiva y Decolonial.
En los párrafos que siguen, se desarrolla la antropogénesis de la intersubjetividad, para la mejor comprensión de la propuesta de Salud Mental Colectiva Decolonial y el origen de la intersubjetividad/subjetividad, para la creación de la conciencia decolonial, desde un ser social, como sujeto colectivo e histórico creador de una conciencia crítica, que supere la colonialidad que alienan el poder, la academia y el ser social.
Es por ello que la modernidad capitalista occidental, le teme tanto a todo lo relacionado con el sujeto, subjetividad e intersubjetividad, porque estas categorías desenmascaran y develan la necrofilia del supremacismo blanco hegemónico, el racismo estructural, y su vocación genocida, etnocida, epistemicida que viola la Soberanía de los pueblos, el Derecho Internacional y la Diplomacia.
Antropogénesis de la Intersubjetividad
La antropogénesis e intersubjetividad es el punto de partida antropológico, psicológico y cognitivo, desde el pensamiento complejo y la antropología de la complejidad humana de Edgar Morin (1996, 1998; Morin), la psicología y socio antropología de la muerte (Morin, 2003), la paleoantropología (Coppens, 2009; Chaline, 1997), la psicología cognitiva (Agustí et al., 2012; Gazzaniga et al., 2014), para localizar la génesis de la intersubjetividad y subjetividades humanas
La antropogénesis es el origen y evolución de la especie humana, es un proceso evolutivo de larga duración entre 300 mil a 42 mil años de evolución biocultural del homo neandertal y homo sapiens. La Intersubjetividad es una categoría dialéctica, relacional, representativa y simbólica de significaciones vinculantes personales o colectivas, de donde emerge un significante ausente, que representa simbólicamente a otro, el Ser significativo y su subjetividad humana.
De ahí que, la intersubjetividad es una preexistencia antes del ser y su subjetividad, a través del cual un linaje de primates se reorganiza y diferencia en una nueva especie, el homo sapiens.
Por otro lado, la noción de intersubjetividad es una categoría compuesta por el prefijo «inter», que significa «entre» o «en medio», y el término «subjetividad», la intersubjetividad es una categoría relacional que permite problematizar la génesis y organización del vínculo entre dos o más seres.
El principio hologramático del pensamiento complejo de Edgar Morin (1998) fundamenta una relación de doble vínculo entre las partes y el todo, de manera tal que, «la parte no sólo está en el todo, el todo está presente, en cierta forma, en la parte que está en él» (Morin, 1998). La relación de doble vínculo entre la antropogénesis y la intersubjetividad: La intersubjetividad se construye en el proceso de la antropogénesis y la antropogénesis es un proceso de construcción intersubjetiva.
El principio recursivo del pensamiento complejo (Morin, 1998) categoriza un tipo de
causalidad circular en la cual los productos se convierten en productores del proceso que los produce. El sujeto es un producto emergente de un proceso intersubjetivo y la intersubjetividad crea la subjetividad. Dicho de otro modo, el sujeto no existe, es una ausencia, sólo existe lo subjetivado, lo que emerge de un proceso de subjetivación. En consecuencia, la subjetividad es un proceso de naturaleza intersubjetiva y el sujeto emerge como concreción de este proceso relacional.
El principio dialógico del pensamiento complejo sostiene la unión complementaria,
concurrente y antagonista entre dos o más lógicas que son necesarias para la producción de un fenómeno complejo (Morin, 1998). En la dialógica, a diferencia de la dialéctica, no hay una síntesis superadora que anule las contradicciones. La intersubjetividad es la categoría compleja de un proceso de carácter antropológico, biocultural y psicosocial. El proceso de subjetivación es irreductible al plano biológico de la naturaleza, al plano cognitivo de la mente y al plano sociocultural.
Los enunciados anteriores son orientadores para analizar la significación psicológica y cognitiva de los primeros enterramientos de los neandertales y su importancia radica en el origen del pensamiento simbólico y la constitución de la intersubjetividad. Se argumenta que la representación de la muerte es una representación primaria, que consiste esencialmente en la representación de la ausencia.
La constitución de este primer plano simbólico es el que expresa la relación intersubjetiva como marca de la ausencia del otro.
La representación de la ausencia del otro, la muerte, es lo que antropogenéticamente constituye la representación de la intersubjetividad. La representación intersubjetiva es un constructo metapsicológico que configura la constitución de la subjetividad. El doble vínculo entre representación e intersubjetividad se profundiza en la significación de las representaciones intersubjetivas en el proceso de la antropogénesis y categoriza la unidualidad psicocognitiva y biocultural de la representación intersubjetiva. A través de este andamiaje se muestra la transformación de la representación intersubjetiva en una red de relaciones intersubjetivas, como el Amar y el Tener-Estar de la Salud Mental como encuentro de intersubjetividades.
A partir de sus trabajos pioneros en antropología de la muerte, Edgar Morin argumenta que «el primer testimonio fundamental, universal de la muerte humana, lo da la sepultura» (2003). El gran descubrimiento de la especie humana fue la muerte, pero no de la propia muerte que es irrepresentable, sino la muerte del doble de uno, la muerte del otro, la representación de la muerte a través de la tumba. Y es este hecho esencialmente humano el que genera la conciencia. El descubrimiento de la muerte es el que produce la emergencia del pensamiento simbólico.
Las tumbas de mayor antigüedad, que corresponden al hombre de neandertal, demuestran que el acto de sepultar a los muertos no indica un mero procedimiento que consiste en cubrir el cadáver para proteger al grupo de su descomposición, sino que señala una actitud ritual: en ocasiones el muerto es colocado en posición fetal, a veces es acostado sobre un lecho de flores, en otros casos se encuentran cubiertos por una capa de ocre; también se han encontrado los restos mortales señalados y protegidos por un cúmulo de piedras, e incluso suelen estar acompañados por ofrendas en forma de alimentos o armas.
Los enterramientos indican un comportamiento social y un comportamiento simbólico. Los enterramientos son actos socio-simbólicos, pues evidencian una actitud y comportamiento humano de respeto por el difunto, el grupo y la comunidad. En efecto, es a nivel del «pensamiento simbólico» donde encontramos una de las diferencias más significativas entre los neandertales y el resto de sus antepasados, ya que es con ellos cuando aparecen los primeros enterramientos intencionados (Agustí et al., 2012). Los neandertales son los primeros en expresar estos sentimientos, valores y comportamientos humanos.
El neandertal al enterrar a sus muertos pone en evidencia la construcción de la intersubjetividad porque con este acto produce subjetividad. El difunto pasaba a tener vida interior, vida propia más allá de la muerte. La atribución de vida interior al otro ausente, implica constituirlo como sujeto y la representación de la relación con él es una representación intersubjetiva. Se constituye por primera vez con los neandertales un sistema de creencias, un sistema de representaciones intersubjetivas. La simbolización de la muerte del otro semejante mediante la tumba implica la construcción de una representación intersubjetiva. Ante la muerte del otro, la ausencia del otro se interioriza, se subjetiviza como representación intersubjetiva.
La significación psicológica de la muerte simbolizada a través de las prácticas de entierro, el punto de unión y separación entre la naturaleza y la cultura. La muerte como fenómeno biocultural materializado en el enterramiento tiene un efecto productor de subjetividad. La muerte y el enterramiento expresan una unidualidad entre lo biológico, lo psicológico y lo simbólico, desde ese enunciado, es que Morin habla de la unidualidad de la condición humana.
Esta unidualidad de la condición humana, constituye significativamente como otra persona, es un «tú ausente’», no es el muerto, no es una cosa. La tumba remite a un «devenir-otro». El origen del pensamiento simbólico no puede ser reducido a las prácticas de entierro. La significación psicológica de la muerte debe ser contextualizada y relacionada con otras prácticas del hombre de neandertal en el marco de una paleoantropología cognitiva.
La representación de la muerte mediante la tumba, la de la vida cotidiana en pinturas rupestre, la ornamentación de los cuerpos con pigmentos, el cuidado de enfermos y ancianos; expresan el nacimiento del pensamiento simbólico, de una mentalidad simbólica, una dimensión humana de los sentimientos del hombre de neandertal. Por ello, podríamos considerar a los hombres neandertales como los primeros hombres simbólicos, en el sentido de haber sido el primer grupo humano en desarrollar una capacidad y mentalidad simbólica (Hublin & Tillier,1999).
El comportamiento simbólico es la capacidad de realizar abstracciones mentales y producir un pensamiento categorial compleja y comunicarlo en lenguaje articulado (Montes Gutiérresz, 2008), esto nos recuerda lo que decía Humberto Maturana, el lenguaje nos humanizó.
Reflexiones finales
El punto de partida de lo que hemos tratado, es la capacidad de subjetivar y simbolizar al «otro como ausencia», ausencia representada por la muerte como el gran descubrimiento humano, para desarrollar, interacciones comunitarias, relaciones sociales, vínculos afectivos, todos ellos como representaciones intersubjetivas, que construyen subjetividades y conciencias críticas.
Lo preexistente es la intersubjetividad como constructo metapsicológico de la construcción de la subjetividad, que en palabras de Dussel (2010), nos precede una comunidad política y una voluntad de vida, donde nacemos, crecemos, nos socializamos y se desarrolla el devenir de la vida.
Lo transformador radica en que las representaciones subjetivas, se conviertan en redes de relaciones intersubjetivas, cargadas de conciencia crítica que contribuyan a decolonializarnos de poderes políticos y conocimientos impuestos, ajenos a nuestra historia y cultura, que cosifican y alienan nuestra subjetividad como falsa conciencia.
La intersubjetividad como ausencia del «otro», develada por la muerte, da lugar a la subjetivación y construcción de la subjetividad humana.
La conciencia, como producto significante de la intersubjetividad, representa significantes verdaderos o falsos, que dan origen a una conciencia crítica o una conciencia alienada como falsa conciencia.
El poder político y los conocimientos científicos representan poderes políticos democráticos o poderes políticos autoritarios, conocimientos sustentados en sabidurías ancestrales o actuales del pueblo como poder político constituyente, en permanente peligro de ser cooptados por los poderes fácticos de la sociedad.