¡Respuesta al mercenario video de Carla Angola sobre el terremoto de Colombia: Cuando la tragedia se convierte en burda mercancía mediática a través del periodismo tarifado!

Por. Ítalo Urdaneta

​Las catástrofes naturales tienen la particularidad de desnudar no solo las vulnerabilidades geológicas de las naciones, sino también la calaña moral de quienes utilizan el dolor humano como munición política. Lo hemos visto recientemente tras el devastador doble sismo que golpeó con fuerza a Venezuela, afectando de manera implacable al estado La Guaira y a gran parte del centro del país.

Ante la magnitud de los hechos, el periodismo honesto exige rigor, equilibrio y, sobre todo, respeto por las víctimas.

Sin embargo, sectores enquistados en el extremismo mediático prefieren la mentira lucrativa antes que la verdad contrastable.

​La periodista Carla Angola, fiel a su guion de mercenaria de la pluma, ha vuelto a hacer gala de una insólita bajeza intelectual al pretender malponer la gestión que lidera la presidenta encargada Delcy Rodríguez, en especial a lo atinente a los dos terremotos que azotaron al país.

Con una narrativa plagada de falsedades, medias verdades y un desprecio absoluto por la realidad operativa, Angola intenta inocular el odio al asegurar que el Estado venezolano abandonó a su suerte a los damnificados, mientras enaltece de manera burda y artificial la supuesta perfección institucional de Colombia ante un sismo similar.

​La falacia y la realidad de los hechos…

​Es de una bajeza colosal utilizar el sufrimiento de los pueblos hermanos para intentar geopolítica de baja estofa.

Angola asegura que las instituciones vecinas respondieron con una eficiencia milagrosa, omitiendo deliberadamente las complejidades logísticas universales que impone la naturaleza, como las propias dificultades de acceso en zonas apartadas que el mismo desastre genera.

Pero lo más grave de Angola es la desfachatez con la que manipula la realidad visual.

​La supuesta inmaculada eficiencia operativa que pregona desde los centros de propaganda chocaría frontalmente con la evidencia que reposa en manos de quienes sí hacemos periodismo de verificación.

En más de 25 registros audiovisuales analizados minuciosamente, no aparece por ninguna parte el despliegue militar milagroso de Colombia que la periodista le atribuye al vecino país.

Lo que se evidencia, una y otra vez, es ver al pueblo llano removiendo escombros con sus propias manos, tal como ocurre en cualquier tragedia de esta magnitud.

Pretender vender un relato donde el aparato de rescate extranjero opera como maquinaria perfecta mientras se califica de «tirana» la respuesta del gobierno venezolano, no es informar: es hacer proselitismo político disfrazado de noticia.

​A esto se suma el intento descarado de ignorar los esfuerzos titánicos que el gobierno de la presidenta Delcy Rodríguez ha venido desplegando en medio de la adversidad estructural, coordinando recursos, atendiendo a las familias y buscando sostener la estabilidad institucional del país frente a las heridas abiertas de 30 años de asedio y agresión imperial.

​La paz, el presidente Trump y el doble rasero del extremismo…

​El discurso de Angola no solo cojea por la falsedad de sus datos sobre la tragedia sísmica; también deambula peligrosamente por el terreno de la hipocresía política cuando intenta descalificar las políticas orientadas a la estabilidad y la paz en Venezuela, minando incluso los entendimientos diplomáticos y las vías de diálogo constructivo promovidas bajo las dinámicas actuales, incluyendo los canales de interlocución con la administración del presidente Donald Trump orientados a encauzar un entendimiento pragmático y de respeto mutuo.

​Para la extrema derecha recalcitrante, representada por plumas tarifadas como la de Angola, la paz es un pésimo negocio. Les estorba la estabilidad institucional, les irrita que el país recupere su cauce de convivencia pacífica y detestan que el gobierno nacional asuma con dignidad la reconstrucción de la patria. Por eso mienten con descaro: minimizan el esfuerzo soberano de Venezuela y aplauden selectivamente cualquier escenario exterior, cerrando los ojos ante las contradicciones y los conflictos internos que sacuden a los países vecinos.

​Una opinión burda que subvierte la ética periodística…

​La postura de Carla Angola es la radiografía exacta de la decadencia del periodismo corporativo de extrema derecha: un ejercicio tarifado donde la primicia vale menos que el infundio, y donde el sufrimiento de miles de familias damnificadas se reduce a un simple «clip» para las redes sociales y el consumo de quienes desde el exterior piden invasiones y bloqueos contra su propia patria.

​Ante semejantes infamias, la respuesta no puede ser otra que la contundencia de los hechos. Como bien se le responde a esta infeliz matriz de opinión: la estupidez en pasta.

Pretender engañar a la opinión pública internacional ignorando la realidad de los rescates, falseando la dimensión de los esfuerzos nacionales y utilizando el dolor de los sismos para golpear la gestión de la presidenta Delcy Rodríguez, demuestra que la pluma de Angola hace mucho dejó de servir al periodismo para convertirse en un burdo portaviones de la infamia política.

Venezuela sigue de pie, trabajando con voluntad propia y superando los escombros físicos y morales que el extremismo, con sus mentiras cotidianas, jamás podrá derribar.

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