Razones de una escritura para gente sin apuros…

Por: Eduardo Orta Hernández.

Días tengo, mejor dicho, tiempo pensando sobre amigos y amigas, estudiantes, profesionales, personas que cursan pregrado, otros con postgrados, postdoctorados y hasta políticos (diputados, concejales, miembros de las direcciones partidista y otras luminarias de los saberes y puestos públicos), quienes antes algunos escritos, tienen como denominador común, a su decir, que son “muy largos”.  Con profunda meditación, expresan, quizás como consuelo y como muestra que lo han (¿leído?), que los escritos son “buenos pero muy largos”. Es tan reiterado el clamor en contra de las “largas escrituras”  que se puede pensar en dejar de escribir, para evitarle tal tortura a nuestros amigos y representante de las altísimas funciones públicas, a los maestrantes y postdoctorados .

Retahíla que escuchó cada día (“lo leí, está bueno, pero es largo, ojalá escribiera más corto”). La verdad que en no pocos casos, refiriéndome a los militantes, héroes y patriotas políticos,  dudo que le dediquen algún tiempo a la lectura de artículos “insustanciales”, por extensos, digo esto sin maledicencia, visto que estoy muy consciente y enterado de las múltiples ocupaciones, en su disciplinada militancia “pedagógica”,  difundiendo obras realizadas o por realizar, por ejemplo, el cambio de una bombilla o la pared recién pintadas, así lo compruebo  en los estados WhatsApp de cada teléfono. En todo lugar, el deber cumplido  consume todo su tiempo y materia gris, toda labor al servicio de la salvación de la república, que hace ineludible las publicaciones minuciosas de las actividades proselitistas  y los felices cumpleaños de los afectos y “privilegiados” militantes . No hay tiempo para el sacrificio de leer, sea por lo “largo” de los escritos o por tener importantes compromisos como las mencionadas publicaciones que le ocupan todo el día y la noche.

Tan ocupados nuestros congéneres no le queda otra que calificar de largos aquellos escritos de tres a diez cuartillas, es decir los que abarcan entre 750 a 2500 palabras, los egregios ciudadanos explican que por esa razón longitudinal no leen ningún tipo de escrito, otros otros indican que sí lo leyeron, pero que quedaron cansados de tan kilométrico maratón de recorridas letras, que requieren reposo de treinta días. Más fácil, les parece, jugar cinco partidos de fútbol seguidos y sin descanso intermedio. Concluyen y recomiendan que no se escriba tan “largo”.

Piden que la escritura sea “corta”, no mayor a 250 palabras. Como aquel poema *“HOY”,* constituido por esa sola y única palabra, las otras se le agrega la imaginación del lector, usted complementa el resto del poema, donde más nada dice aparte de *“HOY”*, usted se cree que lee un seguido texto, debajo de *“HOY”* donde se expresa invisible, sin escribirse,  “Un día de playa/, soleado/, cuya olas del mar susurran al oído/, como flores de primavera/, los arreboles marinos/, las carcajadas de los peces/, imaginado salitre recorriendo la piel/, besos sobre el horizonte del paisaje femenino/, la amada/, el éxtasis en gotas de lluvias/, granos de arena que salpican la diosa/ los tormentos……Nada de ello está escrito en ese poema misil de una palabra llamado “HOY”, pero usted tuvo la obligación de completarlo.   Y al leer y declamar lo que usted no lee, expresa sus mejores palabras y consideraciones ante tan magna obra literaria, sobre el  bello  y muy expresivo poema de una sola palabra, “HOY”, las otras usted se las imaginó. Claro, la virtud fue lo corto, la ausencia de más metáforas, de abundantes y aburridos versos. Lo grande de la escritura del poema “HOY,”  fue lo brevísimo, un poema de una palabra, el no decir nada, el no argumentar, ni razonar, ni ejercitar la escritura. Ante tal eventualidad ¿Será mejor no escribir ni prosa ni poesía? ¡¡Oooh, Cortázar!! ¡¡Oooh, Quevedo!! Se repiten las quijotadas. No pocas son las angustias.

Ello me ha causado profunda, hasta desesperadas reflexiones, sobre la desesperanza o “pérdida” de tiempo  de Víctor Hugo y su magistral obra “Los miserables”, de igual manera la obras de Gustavo Pereira, entre ellas “historias del paraíso”, y ni hablar de los VI tomos de “Historia económica y social de Venezuela”, o “Tiempo de Ezequiel Zamora” de Federico Brito Figueroa, la Carta de Jamaica de Simón Bolívar o las letras de Francisco de Miranda, las obras de César Rengifo, la de Pancho Villa o Ernesto Guevara también conocido como el Che, de Ignacio Taibo II, las de Marc De Civrieux “La tentación de las perlas”, o los libros de Germán Sánchez  Otero, Hugo Chávez y la resurrección de un pueblo, o Hugo Chávez y el destino de un pueblo, o Hugo Chávez y el socialismo bolivariano. Todas obras  básicas para comprender el proceso social del capitalismo francés en el siglo XIX, la realidad histórica de México, América y nuestro país, sobre la conquista y colonización, sobre nuestra identidad ancestral, sus luchas y resistencia y el proceso político venezolano de recién data, que explica razones, sabores y sin sabores del comandante de la Quinta  República, en los primeros trece años del siglo XXI.

Así en ese orden de ideas, toda obra que sobrepasa las tres cuartillas caen en el inexorable paradigma de que es muy larga la escritura y que se carece de tiempo para leerla. ¿Es justificación? ¿Es la dinámica cultural capitalista que solo hay tiempo para acumular o sobrevivir? ¿Es analfabetismo calculado y planificado por una sociedad que se aleja de pensar y razonar para mantener el estado actual de cosas? ¿Es reflejo de la sociedad de consumo, del internet, de la inteligencia artificial y de las redes? ¿Sociedad construida para que la minoría poderosa piense, diseñe, organice, lean e interpreten por nosotros?

Precisado esto, surge la pregunta ¿para qué se escribe?

Entre otras cosas,  se escribe para leer, para quién gusta leer y espera el desarrollo de una idea profunda y que se agote todo esfuerzo en favor de la solidez del escrito, de la investigación, de la crítica o de la hermosa narrativa.

No se escribe breve como reflejo de relámpago, no se debe hacer  ese sacrificio, porque el compromiso de un escritor es con el razonamiento, con el ejercicio de la verdadera pedagogía, con la búsqueda de la verdad, sin comprimir, sin asfixiar, sin pretendidas frases no dichas, no desarrolladas y donde el lector debe suponer o terminar la argumentación de la escritura, aventurera y peligrosa obligación transferida por el autor al lector del breve escrito o del poema de una palabra. En ese sentido el flash en la escritura, el misil, el poema de una sola palabra, muy poco ayuda en la suprema función docente del escritor, en nada o es reducida su contribución en el fomento de la lectura, en la promoción de libros que fortalecen la cultura y la identidad de un pueblo. Cómo un escritor o lector de una línea, escritor o lector relámpago, escritor o lector chispa brevísima, de pesadas y lentas manos y ojos puede creer en el Estado docente, en una política editorial municipal, que publique las  grandes obras de escritores de la localidad o del universo, las del continente, pues todo aquello que sobrepase las 250 palabras o las 28 líneas es inútil, nadie, según estos sabios de la grafía, las Lee y en nada contribuye por lo largo o extenso.

La mejor grafía es para gente no apurada, ni para quienes están estresados por una sociedad de consumo rápido, a lo McDonald’s. Letras para quien tenga tiempo para leer, para reflexionar, para quienes no están atrapados en las carreras, en la velocidad de “vivir”, no es escritura para quienes no tienen tiempo que “perder” leyendo.

Estoy hablando de artículos, narrativa, poemas o escrituras entre 3 y 10 cuartillas, ni siquiera de un texto de mil páginas, y si no hay tiempo para tan irrisorio número de caracteres o palabras, menos los hay para obras de mayor envergadura.  ¿Pérdida de tiempo de Andrés Bello, Andrés Eloy Blanco, Aquiles Nazoa, Kotepa Delgado, Salvador de la Plaza, Miguel Acosta Saigne, Rodolfo Quintero, Domingo Alberto Rangel, Orlando Araujo, Roque Dalton, Eduardo Galeano y sus venas abiertas?

Ha de escribirse con la responsabilidad y compromiso con la exigente memoria histórica de los pueblos, a la que el escritor ha de ser fiel, desde los intereses del hombre y mujer a pie, de los humildes, explotados y engañados, en abierto combate insurgente contra todo pensamiento godo, mantuano o aristocrático, racista y excluyente, contra quienes escriben la historia con manos de esclavistas, de amo. En tan loable y digna labor no se debe economizar una sola letra del abecedario.

No puede ser breve ni menos brevísima una escritura humana y humanista, democrática, universal, alejada de dogmas y militancia partidista, en la búsqueda que todos «sepan lo que no deben ignorar», sin sacrificar ideología ni la «idealidad avanzada», desde el pueblo y con el pueblo.

Lo cierto es que ningún proceso de liberación nacional, jamás se gesta con eslóganes, con like, se requiere pensamiento profundo, la reconstrucción de hechos, desentrañar las complejidades de un sistema de desigualdad y explotación, desnudar con razonamiento y sostenidos argumentos lo que hace posible las formas del poder, el colonialismo y la colonialidad, el despojo, el epistemicidio de nuestros saberes y creencias y las narrativas del combate y la resistencia, para ello se requiere mucha escritura, mucha lectura y sobre todo un Estado que asuma con rigor científico, políticas de construcción y fomento  masivo de lecturas y de impresión y distribución de libros, que piense y organice las imprentas y editoriales municipales, en la necesidad de crear una nueva institución del cronista de la ciudad y el campo, que funcione no como órgano auxiliar del Concejo Municipal, sino como institución autónoma, dotada de suficiente recursos económicos, académicos, audiovisuales, sede propia, biblioteca, integrada por profesionales y saberes de distintas disciplina y que prevea la forja de los niños cronistas. Un Estado verdaderamente docente para la formación, libertad y soberanía, para enseñar a vivir en República, como ciudadanos, que fomente y apoye la lectura como práctica diaria y permanente.

Aaaah!!  tarea mayúscula a cumplir!

Polvorín. Explosión insumisa de ideas. Un combate por la vida. Somos historia y poesía insurgente.

Soy de Cagua. Soy Caribe. Soy Meregoto.

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