PROTESTA INDÍGENA…

Por: Eduardo Orta Hernández
Soy de Cagua. Soy Caribe. Soy Meregoto.

Invadieron,
cubiertos de prendas defensivas,
trajes acolchados hasta las rodillas,
relucientes, metálicos cascos,
Imponente, misteriosa la caballería.

Nos arrinconaron sus perros,
nos despedazaron sus dientes,
asesinados por el arcabuz,
los cañones,
la pólvora,
el filo de las espadas,
tasajearon nuestras carnes,
nuestra humanidad.

Congelada las macanas,
los arcos, las hachas,
entre flechas de “algodón”,
entre perlas,
sumergidos ahogados,
en montañas de plata y oro,
fuimos petrificados,
inmovilizados por la cruz,
las nuevas oraciones, los rezos y cantos.

En voces de jinetes,
en nombre del Rey, la monarquía,
el sufrir,
el martirio y el morir,
para alcanzar el cielo,
la salvación eterna,
y librarnos del infierno,
bendecidas las cadenas,
el látigo, la esclavitud.

Arrasaron índices y códice,
impusieron su lengua,
la ensangrentada religión,
mutilaron, esclavizaron, asesinaron,
violaron en esta parte del mundo,
dieron a conocer la pederastia,
el abuso sexual, la obediencia,
la servidumbre, el mesianismo,
la corrupción, el racismo, la supremacía.

Su poder abrasador,
dejó huellas en sangre deflorada,
Infantiles las víctimas,
tierna sus edades,
cinco, siete, diez sus abriles,
capullos sin florecer,
verdes,
oscurecidos, arruinados,
destruidos, mutilados,
en el libido europeo,
víctimas del crimen,
salvaje ansias de poder y lujuria.

Persiguieron, extinguieron,
Dioses dulces, generosos,
milenarios, no castigadores,
no aterradores ni gratificantes,
prohibieron sus ofrendas
sus noches, sus lunas,
su sol, su cosmovisión,
sus bailes, sus cantos,
sus sabías aborígenes creencias

Nuevos símbolos,
nuevos nombres,
nueva deidad,
multiplicadas las marías,
los santos y los Judas,
impuesta la gloria conquistadora,
colonizadora,
la lanza para empalar,
la resistencia indígena,
dominada, derrotada,
humillada, moribunda,
adolorida,
en la tortura, en la muerte,
erigidos los templos,
para la eternidad anunciada

Huella dejada,
para la memoria,
para la dominación,
la soberbia, el crimen,
el salvajismo,
injurias que no piden perdón

Los epónimos,
herencia imperial,
El Empalao, Cristóbal Colón,
Francisco Fajardo, Ciudad Ojeda.

¿Nuestros ancestros no nos duelen?
¿No son nuestra piel?
¿Sus voces, sus gritos,
sus ecos dejaron de escucharse?
¿Continúa siglos de rendición y entrega?

Seguimos enalteciendo el genocidio,
el holocausto,
sus nombres, sus iconos,
sus topónimos,
¡sus ensangrentadas estacas!
el ultrajante, ruin empalamiento

Oh! cultura, identidad,
libertad,
nuestra, originaria
¿dónde estás?
aún atrapada en el día de la raza,
en cada cognomento ibérico.

Un fusil, una bala,
la dignidad reivindicada,
el 10 de octubre de 2002,
queda por disparar el resto,
quemar la pólvora,
incendiar el polvorín,
que estallen las luces,
abrace, avive el incendio
el decreto 2028,
sean cenizas,
las palabras denigrantes,
contra nuestra originaria cultura

La descolonización
una batalla que continúa,
es el clamor, el vocerío al escuchar:
deroguen, extinguen El Empalao
¡una de ellas!
¿La otra?
la Ley Nacional,
su creación, promulgación,
para que abrogue,
todos los epónimos colonialistas.

Cagua, 3 de octubre.

Polvorín. Explosión insumisa de ideas. Un combate por la vida.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *