Propuestas para la nueva ley de universidades: las duraciones de las carreras universitarias

Manuel Gragirena

El tiempo necesario para completar un plan de estudios ha sido tema de debate por largo tiempo. Tal vez más de veinte años.

Hoy por hoy, en Venezuela, un joven egresa como bachiller en ciencias —ahora con otros títulos— con 16 años de edad, por lo que, si la carrera universitaria la cumple en 4 años, con 20 años ya es un profesional para la República.

Ese camino, sin obstáculos y lleno de éxitos, es muchísimo más posible de lo que muchos creen. Yo los he visto y puedo dar fe de que la madurez no depende de la edad, sino del compromiso.

La pregunta que en realidad debemos formular es: ¿es posible que el contenido académico necesario, verdaderamente necesario, pueda distribuirse en un lapso de cuatro años?

No hay una respuesta inmediata, pues hay especialidades que verdaderamente requieren de más tiempo que otras, siendo el caso de la medicina el tradicionalmente emblemático, así que es necesario revisar cuáles realmente pueden ajustarse. Ahora, si me preguntan por carreras de ingeniería como mecánica, electricidad o electrónica, la respuesta es sí. Y si requieren de la argumentación para tal afirmación, la puedo resumir en tres grandes rubros: iniciar la carrera con materias de la especialidad, cumplir con lapsos trimestrales y dejar las materias de especialización para el posgrado, es decir, para una oferta de formación inmediata al pregrado.

Iniciar la carrera con materias o asignaturas de la especialidad es súper necesario. Si un joven que se inscribe en su primer lapso para estudiar ingeniería electrónica pisa el aula el primer día de clases, la primera materia a la cual debería entrar es electrónica, y créanme que sí se puede, por más extremista que luzca este planteamiento. El joven necesita enfrentarse, conocer y apreciar su futuro.

En el mundo en el que vivimos hoy, la información está a la mano; los recursos de aprendizaje, que antes llamábamos audiovisuales, los tenemos a un clic. Es más, si antes una persona sin conocimiento previo abordaba un área de conocimiento como un simple hobby, como un aficionado, hoy es muchísimo más posible.

Es muy importante comprender, aceptar y convencernos de que el conocimiento previo —el prerrequisito, palabra que toda la vida he criticado, pues todo requisito es previo— lo hemos convertido en una secuencia piramidal que muchas veces funciona más como un control de flujo que como una condición de conocimiento necesario para avanzar. Si se inicia la carrera desde el primer día, se tiene mucho más tiempo para madurar dentro de la universidad.

Cumplir con lapsos trimestrales significa abandonar la mentira de semestres de cuatro meses. Para quien no lo sepa, se considera como un semestre legal —como lapso universitario— a 14 semanas continuas; por lo tanto, 14 entre 4 toca a 3,5 meses. Por supuesto, se procura una planificación para 16 semanas, lo cual solo suma para alcanzar los cuatro meses, de seis nominales, 8 meses de 12 o, lo que es lo mismo, dos tercios de un año.

Cuando se planifica a 12 semanas (tres meses exactos, un trimestre), se garantiza que dentro de un año realmente se utilicen tres cuartas partes del año y no dos tercios.

Por supuesto que tales cuentas que he intentado explicar solo muestran una parte del problema, pues si el calendario parte en octubre, la Navidad interrumpe. Si el calendario se inicia en enero, el régimen trimestral permite tanto las vacaciones de agosto como el disfrute de las fiestas de fin de año. La ley debería imponer que el calendario legal de una universidad garantice que la actividad académica efectiva ocupe las tres cuartas partes de un año.

Cuando opino que las materias de posgrado queden en el posgrado es porque hemos cedido a la tentación, o tal vez a la necesidad, de graduar especialistas específicos, sin darnos cuenta de que el joven que está próximo a graduarse todavía no está en el plano laboral y, por lo tanto, no tiene certeza de que esa materia —que en la universidad es electiva— sea la que realmente le será útil. Esto complementa la opinión que di en artículos anteriores, en donde afirmé que el país necesita ampliar la oferta de cursos de posgrado tipo especialización.

Por supuesto que es necesario que existan materias electivas, pero en todo caso hay que delimitar muy bien tal oferta, pues lo realmente importante es que el graduado tenga integralidad para que luego, en lo inmediato, opte por la especialización, ya en función del rigor laboral.

Sumo a las tres opiniones o argumentos para considerar que una carrera universitaria es perfectamente factible en 4 años la ya puesta sobre el tapete de que no necesariamente un profesional de la ingeniería —caso que mejor conozco— deba dominar exhaustivamente, y recalco «exhaustivamente»,  las ciencias básicas, pues para tales áreas hay carreras universitarias en físicas, químicas y matemáticas.

Se comprende que el ciclo básico, los tres primeros semestres, implique un trabajo a fondo en matemática, química, física y lenguaje; de eso no hay dudas, pero también es importante —yo diría que vital— adecuarse al contexto moderno, pues las herramientas de hoy en día (tanto las que nos permiten comprender el concepto como las aplicaciones, y las que sirven para ejercer la profesión) no solo facilitan todo, sino que también garantizan que el producto del trabajo de un profesional cumpla con todo lo que deba cumplir.

La familia y el país serán favorecidos en lo económico y en la prosperidad si el tiempo se acorta.

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