Por Teófilo Briceño, Centro de Estudios Francisco Bilbao (Chile)

Escuché el discurso de Delcy Rodríguez, la presidenta encargada de Venezuela en la ONU, también lo leí. Y escucharlo y luego leerlo me dejó tristeza, amargura, incluso desazón, pues muestra una verdad a la cual, debo reconocer, me resistí largamente a creer.
Los argumentos que justifican esa peculiar “metamorfosis” los asumí en un inicio como razonables, mas ahora entiendo que fue una “negación” fruto del duelo ante la pérdida del sueño revolucionario, que es casi lo único que tenemos algunos. En verdad, insisto, cuesta asumirlo, pero así yo lo creí.
Correlación de fuerzas, sobrevivir a toda costa para enfrentar de mejor manera futuros escenarios, pragmatismo, madurez, “el pueblo venezolano no está preparado para resistir, porque no somos Irán”, y un sinfín de explicaciones que, como dice el refrán popular, “el que explica se complica”.
Es cierto que, desde el marxismo, en el leninismo encontramos ejemplos a los cuales acudir teórica y prácticamente para dicha “táctica”.
Es la “táctica compañeros”, lo importante es mantener el poder, aunque ese poder, sea light, hidropónico, como decía un viejo y porfiado candidato, un poder descafeinado, donde hasta la épica hay que pasarla por el cedazo censor del imperio gringo. El supuesto fin que, cada día más oculto, justifica los medios.
Algo parecido, quizás con otros signos ideológicos y prácticos pasó con la caída del Muro de Berlín o con la Perestroika, dos hechos históricos que nada bueno han traído a la humanidad, no fue el fin de la historia, pero sin duda fue el comienzo del posible colapso de la humanidad.
El discurso de Rodríguez en la ONU me hizo recordar, y pensé que hasta la Perestroika me parece más a la izquierda, respecto de este nuevo manifiesto neocolonial del gobierno otrora chavista.
“El fin justifica los medios” pero en este caso, lo que está en juego es el fin. Ahora la meta es una “Venezuela renacida”, menos mal que no dijo, “Venezuela está de vuelta”, un país sin los errores de la vieja Venezuela, léase Chávez, que se atrevió a pensar como enemigos a los gringos, la nueva Venezuela ahora será la mejor amiga del imperio, la que asegurará el petróleo para que la nación del norte, la del águila calva, siga perpetrando sus masacres, la retaguardia energética para que Trump y sus secuaces sigan invadiendo y matando gente por todo el planeta. Donde haya riquezas, ahí estarán los conquistadores, movilizados generosamente por el combustible otrora bolivariano.
Total, los nuevos intereses de gobernanza neocolonial en Venezuela tienen que recibir sin critica alguna a los que matan en la Palestina ocupada. Como dicen algunos en Venezuela, los provocadores no entienden de táctica y estrategia,
El manifiesto neocolonial de Rodríguez en la ONU suena plagado de buenas intenciones, pero el meollo del asunto lo reveló ella misma y ante la tarima del mundo: “La seguridad energética se hace así imprescindible para el sostenimiento de la economía internacional y el desarrollo. Sin duda alguna, Venezuela juega y jugará un papel muy importante en esta fórmula internacional. Resalto así el reciente acuerdo binacional Estados Unidos-Venezuela como uno de los más grandes jamás suscritos y que contribuirá al equilibrio energético del hemisferio y de la economía internacional.”
¿Pero cómo decir que entregar el petróleo al imperio yanqui contribuye al equilibrio energético y de la economía internacional?, es irrisorio, es tratar al mundo como un infante.
Y uno de los momentos más bizarros de su alocución quedó plasmado en estas líneas “Quiero, en esta 81.ª Asamblea General de la ONU, agradecer al presidente Donald Trump y a su gobierno por su disposición a retomar el camino de las relaciones diplomáticas y de cooperación con Venezuela”.
Realmente da la impresión de que el discurso fue revisado por la casa empapada en sangre, perdón la Casa Blanca, la que dio el visto bueno. ¡Cómo agradecer a quien tiene preso al presidente legítimo de Venezuela, Nicolas Maduro Moros y la diputada Celia Flores! Es que estamos negociando tras bambalinas me dijo un amigo venezolano que aún tiene esperanzas en el camino escogido.
Maduro y Flores no fueron nombrados por Delcy en la ONU, aunque el presidente naranja el día anterior lo trato de criminal, tampoco se escuchó la exigencia de libertad y la condena a la violación fragante del derecho internacional por su secuestro, según dicen para no arruinar la reunión que tenía Rodríguez con Trump en la tarde.
Durante años escuchamos a Chávez, luego a Maduro y hasta a la propia Delcy en asambleas pasadas, algunos o muchos nos sentimos convocados a la gesta a la que nos invitaban, quizás fuimos ingenuos (sigo siendo chavista y madurista), sin embargo, ahora vemos otro discurso y acciones concretas en sentido contrario.
Más bien por haber creído, me siento, desde la humildad, con la necesidad de expresar mi tristeza y desazón.
Pero bueno, la dignidad sigue siendo un camino posible, aquella condición intrínseca, casi ontológica de los seres humanos. Aquella apelación al honor, a aquello que no es posible vender, a aquello que no tiene precio, que no está en el mercado.
El honor y la dignidad son posibles, muchos pueblos del mundo lo han mostrado.
Septiembre 2026, desde el corazón del neoliberalismo.