José Sant Roz
Señores jefes de Estado, amigos y compatriotas de la América Grande, la que soñara nuestro Libertador Simón Bolívar; hermanos de dolor y de causa de todos los tiempos, desde que el invasor español colonizara nuestras tierras… Ya veo y percibo en muchos de mis colegas una gran curiosidad y sorpresa al verme en este estrado, representando a mi país, Venezuela, en lugar de hacerlo nuestro legítimo presidente Nicolás Maduro. Todos, yo sé, se estarán preguntando: ¿Y el Presidente Maduro cómo está, por qué no se encuentra entre nosotros? Hoy, yo también quiero empezar mis palabras haciéndolo como nuestro Comandante Chávez lo hizo el 20 de septiembre de 2006, durante la 61.ª Asamblea General: «AYER ESTUVO EL DIABLO AQUÍ, EN ESTE MISMO LUGAR. ¡HUELE A AZUFRE!”. Lo repito y sostengo sus palabras: «Ayer estuvo el diablo aquí, en este mismo lugar. ¡Huele a azufre!”…
Ya todo el mundo sabe lo que nos aconteció a los venezolanos la madrugada del pasado 3 de enero: fuimos vilmente invadidos por el imperio norteamericano, algo que ya muchas veces se ha visto en nuestro continente. Lo vimos con ingreso de bombarderos y mariners en Cuba, Haití, Nicaragua, Guatemala, Panamá, Granada, República Dominicana, y de manera indirecta, a través de la CIA, en el resto de todo nuestro continente, derrocando e imponiendo gobiernos. En nuestro caso, no hubo una declaración de guerra, tal cual como lo ha estado repitiendo este nuevo demonio que gobierna en la Casa Blanca, vanagloriándose de haber tomado todos nuestros recursos petroleros y demás minerales y alardeando de ser parte de un botín. Y no es que faltáramos nosotros en América Latina por recibir tal horrible ataque porque, de hecho, antes de llegar al poder el Comandante Hugo Chávez ya nosotros veníamos siendo una colonia de ese imperio genocida, el que siempre ha bañado de sangre con sus misiles y sus bombas a nuestros pueblos, a nuestras tierras, las que algún día veremos unidas en lo que habrá de ser la Patria Grande.
El que debería hoy estar hablando por mí en este pódium es el Presidente Nicolás Maduro, el que se encuentra secuestrado a pocas cuadras de aquí junto con su esposa, por el sólo hecho de no haberles entregados todos nuestros recursos energéticos a este perverso y criminal imperio. Esa es la única razón por lo que nos atacaron y a él y a su esposa lo secuestraron.
Nunca tuvimos nada que ver con el narcotráfico por cuanto que hemos sido la nación que más lo ha combatido en este continente, llegando nosotros a obtener el record de decomisar solamente en el año 2025 más 70 toneladas de drogas.
Todos aquí ya conocen los asedios, las presiones y bloqueos que veníamos sufriendo en nuestro país desde que el presidente Maduro llegara al poder. Provocaron la estampida de más de tres millones de compatriotas por el terror y el bloqueo económico, sólo para luego emboscarlos, a nuestros hermanos, en aquellos países a los que migraron. Ya en el pasado habíamos sufrido otras invasiones desde la frontera de Colombia, durante los mandatos de Álvaro Uribe Vélez y del señor Iván Duque. El Presidente Obama tomó la decisión de torcernos el brazo como él mismo lo confesó, al explicar que ese es el modo de la política norteamericana para imponer sus leyes, sus negocios, sus controles sobre el mundo. Nos declaró como una «amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y política exterior de Estados Unidos». Qué burdo y vulgar Decreto, cuando son ellos, los gobiernos norteamericanos, los que realmente amenazan y destruyen la seguridad nacional de todos los países de nuestra región, pues no puede existir un solo gobierno que someramente desconozca uno solo de sus mandatos para que de ipso facto se le considere enemigo y de inmediato pase a padecer, toda clase de penurias como las que ha sufrido Cuba: terrorismo, pestes inducidas, asedios y bloqueos por parte de sus mariners, mercenarios internos y socios internacionales.
Sé de las tremendas consecuencias que acarrearán a nuestra patria estas palabras, pero no tenemos otra alternativa que la de lucha y resistir y diré como Bolívar cuando se dirigió a aquel otro norteamericano John Bautista Irvine, tan parecido a este pedófilo presidente Trump. Oiga señor Trump: “…no permitiré se ultraje ni desprecie al gobierno y los derechos de Venezuela. Defendiéndolos contra la España ha desaparecido una gran parte de nuestra populación y el resto que queda ansía por merecer igual suerte. Lo mismo es para Venezuela combatir contra España que contra el mundo entero, si todo el mundo la ofende”. Gracias señores, regreso a mi patria a tomar un fusil, y si caigo otros los tomarán por mí…