Guillermo Guzmán
Estoy en la escuelita con los míos, con mis negros, y lógicamente con la Institutriz que me asiste.
No traje finos perfumes ni ricas mercaderías sino algo que tirar en la sartén, lo que de acompañar con funche, de ser posible, da caché, pero seguro que con una simple arepa caliente y/o con cazabe es magnífico.
De entre otros penúltimos y penúltimas apuntados y apuntadas acá en la escuelita no están todos sino cinco pero destaca un par de gotitas de agua al parecer salidas de un manantial de la montaña; francamente estoy raspao, no distingo cuál es cuál, así que si juego con uno le digo miamor y si se aproxima el otro le digo remiamor, son inteligentes la mar, muy pilas; yo les echo cuentos de “mostros buenos” y de “mostros malos”, también les preparamos —la Institutriz y yo, eso sí, porque debe jamarse caliente y uno solo no da abasto— tostones de plátano preferiblemente tiernos y nunca pasados de sal, luego de planchados y servidos, untados con crema de ajo y pasta de berenjena, ésta previamente extraída de la nevera para disipar lo frío.
Me siento en esta escuelita francamente como pez en el agua, dos gotitas al menos me bastan como si fuese el Océano Atlántico, que es mi vida.
Dos o tres semanas más dispongo para este compartir con mis negros aquí, yo me iré a una ranchería y de ahí a mover los remos; y mis negros se marcharían con sus padres a transitar otra escuela, no ecuelita que sí es lo máximo porque aquí se procura decirle zape gato al dogma que aún cunde en la escuela pública y en la privada
Por cierto, aprovecho esta vía importante para decirle al Ministro de la Educación que mucho guillo con las maestras evangélicas y quizá con otras no tales pero también perniciosas por dogmáticas e ignorantes, testimonios tantos como piedras en el pedregal, suceden a diario: maestras tales que pretenden que un niño zurdo escriba con la mano derecha, lo que es un soberano abuso, también jovencitos de bachiller que son obligados a cortarse el pelo como le encanta a sus funestos profesores; ¿qué es eso?
También considero que eso del “Cuadro de Honor” es negativo para el muchacho, tanto para el que cuadra como para el que no cuadra, no quiero meterme en camisas de once varas, no es mi competencia sino que dejo a quienes si compete, abocarse a ese asunto porque como es sabido, un niño nace con un potencial inmenso, con mil sentidos, y cuando entra a la escuela y pasa por el filtro del dogma todo eso se reduce a cinco como promedio y cuando sale de la escuela quizá sale con tres o cuatro, y de viejo quizá le queda un par de sentidos; ¿y, qué es eso?, ¿acaso no es una tortura que un niño zurdo pase once años sentado en un pupitre cuya tabla de recostarse haya sido diseñada para un niño de mano derecha preferente?
Eh, mis cuates del “club de los pobres” (social y deportivo, sin fines de lucro) me han hecho saber que un letrador de aporrea me habría llamado bizco, suponiendo él que yo hubiese estado enamorado de la E Presidenta Delcy Rodríguez, por algo que yo habría dicho, entonces; pero al parecer eso ocurrió hace meses atrás.
No recuerdo haberlo sabido pero el cuate “cara e´repuesto” insiste en que el mismo me puso en antecedente de ese asunto y que eso me habría sido divertido porque se trataba de una mona y esa mona habría sido la Exprimera dama Michel Obama; que no recuerdo porque yo andaba curdo.
Lo que ahora deriva en que se trató de otro asunto ya aclarado, pero pido disculpas por si acaso, de ese enojoso asunto, aunque sí pude decir, cuanto más, que la Encargada Presidenta es bonita.
Si el letrador de aporrea dijo que soy bizco, bobo y más feo que Quasimodo, quizá tenga algo de razón respecto a lo de bizco porque en verdad la imagen que aparece en mi discurrir no es mía, ese no soy yo, esa es una IA que mandé a hacer para darme un aire de prospecto de actor de cine pero dicha imagen salió chimba (pido perdón, mandaré a corregir eso y mostrar la verdad feda); en cuanto a lo de bobo, eh, para muestra un botón, lo ya manifestado; y a más, en “Enamorado bobo de linda y querida” publicado el pasado año, también metí la pata porque se trató, sin yo saberlo, de Claudia de Méjico, y ahí si me declaré enamorado pero bobo (otra metida de pata mía); y, la guinda, en “Vicepresidenta de Colombia Francia Márquez, más bonita que Shakira”, otro tropezón.
¡Corregiré!