Por: Italo Urdaneta
La mayoría de los Comunicadores Sociales, llamados también periodistas, tenemos como principio, en primer lugar, ser objetivos, e imparciales, pero sobre todo hablar con la verdad, buscando siempre justicia, en especial en favor de los más vulnerables, bien sean venezolanos o extranjeros.
Otro principio, que en nuestro caso promovemos a diario, es evitar la confrontación, el odio, las guerras, siempre con la idea de preservar la paz, que es tan necesaria para vivir bien.
Venezuela, a través de su gobierno interino, que preside Delcy Rodríguez, acaba de promulgar la nueva Ley de Amnistía, que busca, precisamente, fortalecer de manera indirecta todos esos principios anteriores.
Para refrescar un poco la intención de este nuevo estamento legal, la misma no solo se promulgó para favorecer a quienes estaban privados de libertad por cometer supuestos delitos relacionados con la política nacional, sino también para promover el perdón, la reconciliación y el reencuentro entre todos los venezolanos.
La mayoría de los connacionales, tras conocer la intención de esta nueva Ley, que tuvo a bien presentar la presidenta Delcy Rodríguez, ante la Asamblea Nacional (AN), de inmediato apoyaron esta extraordinaria idea, que busca además preservar la paz interna en el país.
En el caso de los periodistas que salieron del territorio venezolano, bajo cualquier argumento que hayan esgrimido, suena extraño que a estas alturas ninguno de ellos se haya pronunciado para manifestar que están dispuestos acogerse a este estamento legal.
Menos hemos escuchado decir que están a favor de la nueva Ley, que busca de nuevo la integración de todos los venezolanos.
Es evidente que en este grupo de colegas prevalece un silencio casi sepulcral, en torno a este tema, porque si de algo estamos seguros es que todos ellos están contestes que violaron la Constitución, las leyes y varios artículos reñidos con el Código Procesal Penal Venezolano.
No podemos obviar que periodistas como Carla Angola, Meibor Petit, Sebastiana Barraez y en menor proporción, Patricia Poleo, incitaron al golpe de Estado y al magnicidio, pero además pidieron que tropas militares estadounidenses invadieran a Venezuela, como en efecto ocurrió el 3E, todo por solidarizarse con el discurso violento de la opositora fascista MCM.
Otros comunicadores sociales que alentaron también las sanciones y el bloqueo, en perjuicio de nuestra nación, fueron Gladys Rodríguez y César Miguel Rondón, estos dos lo hicieron de manera soterrada.
Entre los más cuestionados, que de hecho no solo han venido ocasionando un grave daño al país, sino también al periodismo, figuran Nito Pérez Osuna, Orlando Urdaneta, Daniel Lara Farías, Leopoldo Castillo, Franklin Virguez e Ibeyise Pacheco.
Hay otros colegas que igualmente cayeron en la red mediática comunicacional que dirige la extrema derecha desde Miami, pero no vale la pena mencionar los, pues solo cumplieron el mandado ordenado por el equipo que dirige la líder opositora y por el propio gobierno estadounidense.
Algunos de ellos dirán que de algo tenían que vivir…
A nuestra manera de ver las cosas, sentimos que esta situación es grave, pues deberíamos ser los periodistas los primeros en alentar que la nueva Ley de Amnistía cumpla su cometido.
Ante todo lo planteado vale preguntarse:
¿Porque tanto silencio?
¿Acaso este grupo de colegas decidieron darle poca importancia a la nueva Ley?
¿Porque hasta ahora no se acogen al nuevo estamento legal, si saben que si regresan pudieran ser detenidos, procesados y encarcelados, ante las múltiples pruebas que hay en su contra.
Hay quienes opinan que estos periodistas no van a solicitar nada por orgullo, pues eso sería además desmarcarse de la líder opositora, que les ha garantizado, presumimos, buenos cargos y dividendos cuando ella asuma la presidencia, si llegase a ganarla.
Carla Angola de seguro aspiraría el ministerio de la Presidencia para así poder estar muy de cerca de líder fascista que desea entregar el país. Esto le permitirá pasarle chismes a diario, como solo ella los sabe procesar y manipular.
Miguel Angel Rodríguez de seguro pedirá también el ministerio de Comunicaciones, para procesar el retorno de Rctv y así satisfacer los deseos de Marcel Granier y del dueño de El Nacional, Miguel Enrique Otero.
Franklin Virgüez, quien está lleno de tanto odio, sin ser policía ni militar, querrá de seguro que lo pongan a dirigir el Dgcim, para asi vengarse arrancando cabezas de los chavistas más comprometidos.
Patricia Poleo, la más clara e inteligente del grupo, pudiera solicitar la embajada venezolana para dirigirla desde Washington. De seguro lo haría bien.
Orlando Urdaneta volvería a Rctv, para seguir con sus ‘culebrones’, que le suben tanto el ego y lo ponen a delirar.
Sebastiana Barraez pedirá por el contrario que la asimilen en la Fanb, para así satisfacer su amor por el tema castrense, ya que sueña usar un uniforme militar.
Leopoldo Castillo, recordando sus crímenes en perjuicio de curas y monjas de El Salvador, pedirá está vez que lo nombren embajador, pero en Nicaragua, para repetir las viejas hazañas, con las cuales sueña a diario.
Meibort Petit, conociendo la muy bien, de seguro va a preferir que la dejen seguir haciendo el periodismo cuestionable que domina a la perfección, pero eso sí con un buen sueldo. Aunque eso no se lo enseñaron en la Universidad del Zulia.
César Miguel Rondón, por su larga trayectoria dentro de la radio, de seguro pasará a coordinar todas las estaciones desde Conatel, para así aprovechar transmitir su programa de opinión a través de VTV, al tiempo que ordenará que salga también en cadena por Radio Nacional de Venezuela.
Nitu Pérez Osuna, Daniel Lara Faría e Ibeyise Pacheco tendrán la misión de dirigir al canal del Estado VTV. Sería interesante verlos a todos juntos, en una similar pelea de perros, aunque sea por el huequito de una aguja.
Entre tanto, el país se pregunta:
¿Estos periodistas de verdad van a seguir promoviendo tanto odio y división, o realmente se van acoger al llamado que les hace la Ley de Amnistía?