José Sant Roz
Ahora, ante todo, el gobierno les dice a los abominables gringos: “-Sí, por aquí, como no”.
Y fue así, como para rematar, que los dos terremotos del 24 de junio llegaron como un castigo divino por haber sido nosotros tan cobardes y traidores!!!!
Porque yo sí creo en los castigos divinos.
Un vuelco tan pavoroso y pavoso que jamás hubiésemos podido imaginar: de aquellas gloriosas gestas en marchas y victorias. De aquel flamear de banderas, de aquellos actos de Alí Primera. De aquel don Jorge Rodríguez tan radical, tan feroz e incendiario con su verbo, a vérsele ahora como niñito regañado, apocado, recogidito, contemporizando a regañadientes o complacido (quién sabe) con la ultra-derecha…, un personaje digno de ser llevado a su propio diván…
Porque es como para tratarlo psiquiátricamente, ya que en teniendo por detrás a hombres corajudos, decididos y fuertes como Chávez y Maduro, él entonces, quien se comportaba tan desafiante, tan agudo y brillante en las palabras y los hechos, ahora en desapareciendo aquellos luchadores y guerreros de Miraflores, zas, adiós luz que te apagaste, se acabó, se anuló, arrió las banderas de lucha y hoy no encuentra en qué palo ahorcarse (junto con su hermana).
Porque veníamos de tener un gobierno arrecho tanto al mando de Chávez como con Maduro. Un gobierno que le salía al frente de todas las dudas y oscuridades. Ahora nada se sabe, todo se decide a dedo desde las altas esferas. Ahora no ser consulta al pueblo.
Veníamos de aguantar durante décadas los golpes más arteros, criminales y terroristas del gobierno gringo, de los narcos de Uribe y Duque, enfrentado la atroz guerra económica y las mortales guarimbas…, atentados…, sin gas, sin gasolina, sin comida ni medicinas, con ataques diarios desde la frontera colombiana tomada por paramilitares. Y nosotros siempre resistiendo, pues, y siempre firmes en nuestros principios y valores.
Veníamos de aquella gesta memorable de la Batalla de los Puentes en la que vimos a Diosdado como si fuese un Sucre redivivo en plenas acciones en Ayacucho. Veníamos de coger prisioneros a gringos, de aquel batallón mercenario de Jordan Goudreau. De plantarle cara a Guyana y a la canalla de Trinidad y Tobago, y a tantos países y títeres sometidos a los mandatos del imperio
Veníamos de aquellas marchas y concentraciones casi diariamente, por calles, avenidas y plazas, con consignas de “Patria, Socialismo o Muerte”, “Si entran no salen”, “Nosotros, VENCEREMOS”.
Veníamos de todas las burdas y criminales conjuras, sanciones y bloqueos, urdidos por los parásitos de la OEA, por el Grupo de Lima, por la Unión Europea…, y nada nos arredraba, nada nos doblegaba ni nos sometía.
Así andábamos y así luchábamos, cuando… de pronto una madrugada, en un abrir y cerrar de ojos todo cambió a partir del 3 de enero cuando nos asesinaron a más de 120 compatriotas: los gringos comenzaron a entrar como Pedro por su casa, empezaron a llevarse millones de barriles de petróleo sin pagar un centavo, y entonces el asqueroso pedófilo de la Casa Blanca comenzó a decir que ya somos las estrella número 51 de su criminal bandera. Montaron su embajada en Venezuela sin siquiera pedir permiso. El Departamento del Tesoro de EE UU ahora administra nuestros recursos y nos entrega lo que a ellos les da la gana. Cual una vil y miserable colonia como Puerto Rico. Ahora más que nunca los cortes eléctricos son más largos y tenebrosos porque con esa energía Trump se está llevando nuestro petróleo.
¿Y el Presidente Maduro? ¿Dejarlo al olvido? Tantas preguntado, Dios mío…
Así estamos, peor que nunca, sin país, sin bandera, sin historia, sin dignidad y con todas las dignas batallas ganadas condenadas al olvido. Todo el mundo lo que siente es que se ha producido una espantosa traición…