Por Leonardo Fernandes /Brasil de Fato
Las comunidades del corazón de Caracas están creando nuevas formas de vida, centrándose en la democracia directa y una economía comunal.
Un grupo de internacionalistas catalanes visita la comuna Panal 21 en el barrio 23 de Enero de Caracas, Venezuela. | Crédito: Leonardo Fernandes
De las dificultades surgen soluciones populares que transforman el presente y proyectan el futuro. Esta es una lección que el pueblo venezolano jamás olvidará. Si bien el país ha enfrentado todo tipo de dificultades, como sanciones económicas, agresión militar, el secuestro del presidente e incluso un doble terremoto , en las comunas socialistas , el propio pueblo organizado ha transformado su realidad.
En el corazón de Caracas, en el histórico barrio 23 de Enero, se encuentra uno de los lugares donde Venezuela renace. Durante casi dos décadas, la Comuna Panal 21 ha estado transformando la vida de más de 10.000 residentes en 9 comunidades de la región. Como explica Judith Guerra, portavoz de la Comunidad Santa Rosa:
“Recordaba lo difícil que era para nosotros cuando no podíamos usar nuestras calles y teníamos que vivir con miedo. Todo esto sucedió durante la Cuarta República, porque nuestras calles fueron tomadas por gente mala, gente que no creía en ningún tipo de organización, porque en ese momento no existían consejos comunales ni comunas”, recuerda el activista comunitario.
Más allá de las dificultades actuales que enfrenta el país, durante décadas la guerra económica y la fuerte campaña de desinformación contra la Revolución Bolivariana han dado lugar a territorios de resistencia en todo el territorio nacional.
“Empezamos a movilizarnos dentro de las instituciones para encontrar personas que compartieran nuestra identidad, que nos apoyaran en esta dura lucha institucional, y desarrollamos toda nuestra comunidad. Reemplazamos 42 chozas con viviendas dignas. Reemplazamos 600 metros lineales de tuberías de agua potable y alcantarillado. Reemplazamos los techos. Aquí, casi nadie tiene un techo dañado; solo queda un 2% o 3%. Cuando llueve, esos techos de cartón de nuestro barrio desaparecen, y logramos todo esto a través del proceso revolucionario. Impulsamos la economía familiar y la economía comunitaria”, relata con orgullo.
Entre las muchas historias de los casi 20 años de existencia de la comuna, Judith relata que, durante la pandemia de Covid-19, ante la dificultad de desplazarse y, al mismo tiempo, la generalizada falta de trabajo, surgió una solución que se ha convertido en el sello distintivo de la comunidad de Santa Rosa hasta el día de hoy, conocida como Panalito.
“Cuando no podíamos salir de casa, creamos un grupo en una red social y ahí empezamos. Vimos que la señora María hacía pasteles, el señor Juan era electricista y el señor Pedro herrero. Empezamos a darnos cuenta de quiénes éramos. Como mucha gente de otras comunidades pasa por aquí, ya que la carretera lleva directamente al metro de Caracas, empezamos a difundir que aquí vivían peluqueros, costureras, cocineros, carpinteros y técnicos de reparación de electrodomésticos. Así conseguimos impulsar la economía familiar. Y si cada familia se fortalece económicamente, nuestra calidad de vida mejora. Creo que esto es sumamente importante”, afirma.
Aunque tienen mucho trabajo por delante, como señalan los miembros de la comunidad, la realidad actual es diferente. Además de proyectos productivos, el territorio cuenta con una emisora de radio, espacios recreativos, una biblioteca pública, instalaciones deportivas, clases de baile, artes marciales e incluso robótica.
Todos quieren saber
Un grupo de activistas socialistas de Cataluña vino a conocer experiencias como la de la comuna de Panal 21. Entre ellos, Maura Antoni, quien afirma estar gratamente sorprendida.
“Vine sin muchas expectativas porque no sabía realmente qué nos íbamos a encontrar, y menos ahora con la situación del terremoto. Pero con la intención de aprender sobre el proceso comunitario de este país, del que habíamos oído hablar antes de venir, en algunas sesiones de capacitación en las que participamos. No sabía mucho al respecto y me pareció muy interesante la forma en que se construyen políticamente desde cero, a través de la organización popular”, dice la joven.
“Al final, los catalanes también somos una nación oprimida por los estados español y francés. Hemos aprendido mucho sobre el asambleísmo, la toma de decisiones desde abajo, el poder popular y cómo las personas conviven en comunidad”, continúa.
Alex Quintero es otro brigadista catalán que afirma haberse visto impactado al conocer las experiencias de autogestión y organización popular en el país.
“Aquí en Venezuela encontramos una experiencia muy fructífera de organización social y comunitaria, catalizada en estas comunas, donde existen sistemas de producción colectiva. Esto nos impactó profundamente porque, en el capitalismo europeo, esto no existe. Visitamos varias comunas y nos explicaron sus procesos participativos de ciudadanía en cuanto a elecciones para consejos comunales, la cuestión de los portavoces, etc. Tanto el aspecto productivo de las empresas de producción social como el tema de la participación en el poder popular nos enseñaron mucho, y esperamos llevar toda esta información a nuestro país”, señala el experto en relaciones internacionales.
“Cuando llegamos aquí a Venezuela, también vimos a un pueblo en lucha, en este caso, contra el asedio imperialista impuesto por Estados Unidos , y que además tiene un proyecto de transformación popular basado en el socialismo”, añade Quintero.
Semillas del socialismo bolivariano
Pero, ¿qué es exactamente lo que hace que estos proyectos organizativos comunitarios sean una herramienta tan poderosa para la construcción del socialismo?
Cira Pascual Marquina, investigadora y educadora popular de la comuna Panal 21, explica que las comunas no se crean simplemente como instituciones, sino que surgen de experiencias locales de autoorganización comunitaria.
“Hay muchos hilos conductores que nos llevan a este punto de llegada, que es un redescubrimiento, partiendo de este territorio, de este pueblo en lucha, de este pueblo revolucionario antiimperialista que se expresa con mayor fuerza en la comuna. Por eso decimos que la comuna es el camino y el destino. Todas las comunas en Venezuela tienen sus virtudes, pero todas, incluso las más robustas, tienen un largo camino por recorrer. Sin embargo, si vienes a la Comuna El Panal, verás que ya brotan semillas de socialismo, las cuales deben ser muy cuidadas y amadas, pero las semillas de socialismo ya están ahí”, analiza el investigador, para quien la comuna debería ser más que un “cuarto nivel de gobierno”.
“Dentro de la Revolución Bolivariana, existen interpretaciones que conciben la comuna como un espacio para resolver problemas propios del territorio, como el alcantarillado, la iluminación, las carreteras, etc. Para nosotros, para la Fuerza Patriótica Alexis Vive y para la Comuna El Panal, la comuna va mucho más allá. La comuna es el epicentro para la construcción de nuevas relaciones sociales”, subraya.
“Esto implica que la comuna se sustenta en dos pilares: por un lado, una democracia directa, participativa y protagónica sin representación, es decir, una democracia que trasciende la forma de la democracia liberal burguesa. Por otro lado, el control sobre los medios de producción. Este conjunto es lo que construye la democracia sustantiva. En este conjunto, con estos dos pilares, logramos este cuerpo colectivo que llamamos comuna”, argumenta Pascual.
El investigador señala que fue durante el momento más difícil, entre la «nada» y la posibilidad de un futuro, cuando la gente tomó la decisión de transformar el presente.
“El pueblo venezolano revivió con fuerza la propuesta de las comunas en un contexto donde uno podía ir a un estante y no encontrar nada. Ante la nada, el pueblo venezolano recordó el lema del Comandante Chávez: ‘Comuna o nada’, y revivió con vigor la propuesta comunal, que ya estaba viva y activa, pero no con la misma fuerza. En muchas comunas, como la Comuna El Panal, se planificó la distribución de alimentos en aquel entonces. En otras comunas del país, se empezó a hacer lo mismo para asegurar que los habitantes tuvieran suficiente comida. Fue una época muy difícil”, recuerda.
Nos centramos en este momento porque necesitamos defender la revolución. Dado que parte de esta guerra es ideológica y está impulsada por los medios de comunicación, debemos encontrar la manera de dar a conocer lo que se está construyendo aquí. (…) El MST dice: «Internacionalicemos la lucha, internacionalicemos la esperanza». Y es necesario internacionalizarla en ambos sentidos. El Manifiesto Comunista termina con «¡Proletarios del mundo, uníos!». En verdad, no podemos librar la lucha socialista solos. Tenemos que hacerlo juntos, como la clase trabajadora, aquí en Brasil, en Venezuela, en Italia, donde sea, y también en los Países Catalanes.
Según el Ministerio de Comunas, existen 3924 territorios comunales registrados en todo el país, de los cuales 53 son indígenas, 1056 rurales, 1851 suburbanos o mixtos y 964 urbanos. Cada uno con sus particularidades. En medio de adversidades históricas, el pueblo organizado cultiva con esmero y paciencia las semillas del socialismo bolivariano.