¡No quiero elecciones, léeme y te diré por qué!

Por: Italo Urdaneta

En Venezuela, desde que inició la Revolución Bolivariana, hemos sido convocados a múltiples elecciones. 

Una y otra vez, hemos acudido a las urnas con la esperanza de que el próximo proceso sea el punto de inflexión que marque una diferencia. 

Sin embargo, ¿qué nos ha dejado este constante ejercicio cívico? 

Absolutamente nada que haya favorecido al pueblo de a pie.

Cada proceso electoral ha estado acompañado de promesas vacías, mientras la realidad de los venezolanos se deteriora a pasos agigantados. 

Hoy, nos enfrentamos a un escenario dificil, de hambre, desolación y un desempleo que golpea los hogares.

La diatriba interna de la clase política supera toda racionalidad, centrándose en sus propios intereses mientras las calles se vacían por la migración y la desesperanza. 

A esto se suma una incontrolada corrupción, un flagelo que a diario ha sido documentado exhaustivamente como un mal que afecta el desarrollo y profundiza la desigualdad.

Es por esto que digo: no quiero más elecciones, si estas solo sirven para perpetuar un ciclo de miseria.

El pueblo venezolano está cansado de ser utilizado únicamente como una herramienta durante las campañas electorales para luego ser ignorado. Y yo soy pueblo, vivo y sufro en carne propia las consecuencias de un sistema que, hasta ahora, por las múltiples causas que sean, no funciona.

Lo que realmente queremos los venezolanos no es una boleta de votación, sino soluciones reales y tangibles. 

Anhelamos trabajo estable y buenos salarios, un país con una economía en franco crecimiento que nos permita prosperar sin tener que depender de dádivas, pagos a ‘cuenta gotas’ desde el extranjero, o bonos insuficientes.

Pero el bienestar económico no basta si no viene acompañado de un Estado de derecho. 

Necesitamos seguridad jurídica que garantice la propiedad y el emprendimiento, donde las leyes se apliquen con paz y justicia para todos por igual. 

Exigimos una verdadera estabilidad democrática que vaya más allá del show político.

En conclusión, el hartazgo del venezolano no es un rechazo a la democracia en sí, sino al uso cínico que se ha hecho de los procesos electorales. 

Si las elecciones no se traducen en mejores condiciones de vida, en empleo, en seguridad y en una economía pujante, carecen de sentido. 

No quiero que me sigan pidiendo el voto para justificar una crisis; quiero un país donde el esfuerzo diario de cada ciudadano sea recompensado y donde podamos vivir dignamente.

Debo significar, finalmente, que después del 3E, fecha en la cual se violó la soberanía de nuestro país, que dejó como saldo doloroso el asesinato de más de 130 personas, y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de la primera dama, Cilia Flores, ese desagradable hecho, y eso hay que reconocerlo, dio apertura, al mismo tiempo, a un cambio político, que está en plena marcha, y que hasta ahora luce favorable a las demandas insistentes del pueblo.

Este giro de timón lo ejecuta en los actuales momentos la presidenta (e) Delcy Rodríguez, y todo hace ver que lo viene haciendo bien, como lo reconoce el propio presidente de EEUU, Donald Trump, el responsable, sin duda, de la violación de la soberanía de mi país y de todos los muertos que injustamente produjo la invasión armada.

Si Rodríguez lo viene haciendo «muy, pero muy bien», palabras de Trump,  para que quiero yo elecciones inmediatas, si el país marcha por el camino que todo deseamos. 

Todo lo demás que se pide con rabia y desespero es porque se quiere satisfacer intereses personales, como a todas luces lo demuestran quienes apoyaron abiertamente un cambio y la invasion.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *