No hemos podido superar la mentalidad colonial… ¿aún seguimos siendo esclavos, envilecidos por el miedo y la cobardía?…

José Sant Roz

  1. Dijo Bolívar en 1828, ante la división que pretendía desintegrar a la madre Gran Colombia por parte de santanderistas y paecistas: «Si los venezolanos quieren matar a su madre, que lo hagan; pero yo no seré el cómplice de ese parricidio; me iré a un rincón del mundo a llorar los errores de mis compatriotas”. Más tarde, en 1829: “los pueblos son como los niños que luego tiran aquello por lo que han llorado”[1].
  2. Hoy carecemos de un gran líder, de un visionario. No sabemos a dónde vamos. No se percibe un camino. Estamos heridos, lloramos, buscando algún valor patriótico que nos consuele. Algún sentido a los pasos que se van dando.
  3. Veamos lo que le dice Bolívar al general Florez[2]: “Ni usted ni yo, ni nadie sabe la voluntad pública. Mañana se matan unos a otros, se dividen y se dejan caer en manos de los más fuertes o más feroces”. AH, imaginar que con Chávez y Maduro, tuvimos las armas, puede decirse, que ellas estaban en poder del pueblo, ¿pero en manos de quién están hoy? Esas armas están al parecer anuladas. Aún está por dilucidarse esta terrible cuestión. El pueblo no pareciera ser tomado en cuenta en este momento. Hay mucha vacilación y hasta desconcierto. Algunos lo llaman opacidad…
  4. Criticando Bolívar a los que buscaban imponerse en medio de las convulsiones políticas de aquella hora, dijo: “¡qué hombres! Unos orgullosos, otros déspotas y no falta quien sea también ladrón; todos ignorantes, sin capacidad alguna para administrar…”. ¿Qué pasó aquí, Dios mío, en 27 años? A quiénes tuvimos por gobernantes en las regiones. Tantos ministros, tantos diputados que no dejaron nada tras de sí, un hecho grandioso, un pesamiento… Aquí hemos padecido mucho este dantesco cuadro, por parte de algunos descarados que se pusieron la careta de “revolucionarios” y nos pusieron el país como la representación del Palacio de Satanás, para después huir o saltar la talanquera. No tuvimos el carácter ni la fuerza para contenerlos, descubrirlos y apartarlos. Ellos se metieron a empellones y nadie pudo someterlos. Todo eso hoy lo estamos pagando.
  5. Le confesaba en esa carta Bolívar a Juan José Florez: “Usted sabe que yo he mandado 20 años y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos. 1°. La América es ingobernable para nosotros. 2°. El que sirve una revolución ara en el mar. 3°. … Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles, de todos colores y razas… Devorados por todos los crímenes y extinguidos por la ferocidad,… Sí fuera posible que una parte del mundo volviera al caos- primitivo, este sería el último período de la América”.
  6. Y esta otra sentencia es demoledora, horriblemente trágica: “Desgraciadamente, entre nosotros no pueden nada las masas, algunos ánimos fuertes lo hacen todo y la multitud sigue la audacia sin examinar la justicia o el crimen de los caudillos, mas los abandonan luego al punto que otros más aleves los sorprenden. Esta es la opinión pública y la fuerza nacional de nuestra América”.
  7. Creo en los castigos divinos (los dos terremotos del pasado 24 de junio). Un rayo ha brotado de las tinieblas. Una maldición ha caído sobre nosotros por no haber reaccionado el pasado 3 de enero como debimos hacerlo. Creo que si entonces nosotros hubiésemos reaccionado contras las fuerzas invasoras gringas, con honor y valentía, los muertos no habrían sido 120, sino que habían alcanzado a unos cuantos miles, pero luego vinieron los dos terremotos del pasado 24 junio y nos arrebataron a más de 50.000 compatriotas.
  8. Nada es casualidad en este mundo. La furia del cielo y del infierno se han desatado sobre nosotros. Tantos gritos y tantas marchas, tantos juramentos y promesas de lucha y resistencia. Tantos desafíos diciendo que éramos los hijos de Bolívar y de Chávez. Y las llamadas de aquellas Fuerzas Armadas Bolivarianas que a la postre acabaron siendo un fiasco. Qué farsa. Estaban y están profundamente desconectadas de Bolívar. Ni un tiro, ni un gesto, y aún persisten en mantenerse absolutamente resignadas al mal, calladas, sometidas y doblegadas al poder dominante de los yanquis.
  9. Todavía tememos arrancarnos las viejas cadenas del pasado colonial. Todavía tememos pensar por nosotros mismos. El viejo caciquismo, las estructuras del poder dominante del pasado colonial pesan sobre nuestros ideas y pensamientos. La frase aquella de Víctor Hugo que tanto mencionara el Comandante Chávez: «El molino ya no existe, pero el viento que lo movía aún continúa soplando», se cumple de manera patética en este instante. Es decir que, con la revolución bolivariana creímos haber derribado las estructuras del pasado gomecista, aquellas de la IV República, las condicionantes ideas de la opresión y sometimiento a los valores de la burguesía y el capitalismo, y hoy estamos comprobando que todo eso fue una quimera, ¿por qué Dios, todo se derrumbó con apenas un soplo…?

[1] Carta a Juan José Florez, desde Barranquilla, 9 de noviembre de 1830.

[2] En esa misma carta a Juan José Florez.

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