MIREN AHORA EL KARMA SOBRE AQUELLOS QUE INVENTARON QUE HUÍAN DEL TERROR DE LA DICTADURA COMUNISTA…

La otrora pujante ciudad de Doral, en el condado de Miami-Dade, vive sus días más oscuros tras convertirse en el epicentro de un agresivo despliegue del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE). La localidad, bautizada popularmente como «Doralzuela» por albergar a la mayor concentración de migrantes venezolanos en Estados Unidos, muestra hoy una estampa inédita: avenidas desoladas, comercios vacíos y familias enteras recluidas en sus hogares por el temor generalizado a ser capturadas por las patrullas migratorias.

El endurecimiento de las operaciones forma parte de la campaña nacional de deportación masiva impulsada por la segunda administración de Donald Trump. El impacto en el asfalto ha sido inmediato; testimonios locales y videos difundidos en redes sociales confirman que los residentes han optado por suspender los traslados escolares de sus hijos, evitar conducir hacia sus trabajos y limitar sus salidas al mínimo. La zozobra es total, afectando tanto a personas sin antecedentes como a ciudadanos que mantenían procesos migratorios activos.

La paradoja del voto y el sentimiento de traición

El aspecto más complejo y divisivo de la crisis en Doral es de carácter sociopolítico. Históricamente, una parte mayoritaria de la comunidad venezolana en el sur de Florida respaldó con fervor las promesas electorales del partido republicano y de Donald Trump. Los líderes de organizaciones locales recuerdan que el apoyo se construyó bajo la expectativa de que las medidas drásticas presionarían al gobierno de Nicolás Maduro y que las deportaciones se dirigirían exclusivamente contra otras comunidades o de personas con perfiles criminales.

Sin embargo, tras la llegada de Trump al poder, la jauría de operativos no ha hecho distinciones. Activistas señalan que el gobierno «les dio la espalda», persiguiendo activamente a trabajadores, familias y profesionales que huían de la crisis humanitaria en el país suramericano. Hoy, el sentimiento dominante entre muchos de sus antiguos simpatizantes es de profunda defraudación y traición ante lo que califican como una de las políticas migratorias más radicales y despiadadas de la historia estadounidense y no pueden entender el porqué Donald Trump los ha perseguido sin ningún tipo de consideración.

Golpe demoledor a la economía local

La parálisis social ya pasa factura a las finanzas de la ciudad. Empresarios del sector gastronómico reportan pérdidas severas debido a que las mesas de sus establecimientos permanecen vacías. «La gente tiene miedo de salir y pregunta constantemente en grupos si hay redadas activas en las esquinas», relatan dueños de restaurantes locales. El temor no solo frena el consumo, sino que ha disparado la tasa de desocupación de viviendas en la zona a niveles récord debido a la huida de inquilinos.

Ante la gravedad del panorama, las autoridades municipales han comenzado a reaccionar. El concejal de Doral, Rafael Pineyro, y la alcaldesa Christi Fraga confirmaron el envío de reportes urgentes a congresistas en Washington para alertar sobre el quiebre de los negocios y el tejido social. Aunque el liderazgo local insiste en que «se puede cumplir la ley sin perder la humanidad», en las calles de Doral el pánico sigue dictando la pauta diaria.

 

FUENTE APORREA…

 

 

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