Carlos Fernández-Vega
De ridículo en ridículo y ya instalado en la “tierra prometida” para todo fascista, Flávio Bolsonaro, con el manto protector de Donald Trump y sus halcones, llegó a Estados Unidos –donde encuentra refugio y protección política toda la basura fascista y lamebotas– y, ¡sorpresa!, sin sonrojarse se autodeclaró “verdadero presidente electo de Brasil”, no sin antes sacar el manual de la derrota y denunciar que es “víctima de fraude electoral”, de la “persecución política y la cacería de brujas”, amén de que aseguró que “no tenía intención” de huir como rata, como lo hizo.
Con la complicidad de Javier Milei, pasaporte italiano –tiene doble nacionalidad–, pilotos argentinos y la clásica operación injerencista de las agencias gringas (Marco Rubio como director de la fuga), huyó el nuevo Mario Corino Bolsonaro o, si se prefiere, Juan Bolsonaro Guaidó, y anunció (a 7 mil kilómetros de Brasilia) que desde Estados Unidos “encabezaré la oposición” a Lula, mientras besa las suelas de su patrón, Donald Trump.
Esa la “respuesta” a su apabullante derrota electoral y a la cancelación de su “carrera” golpista: su padre Jair, el capo, permanece preso y Flávio ahora comparte exilio dorado con su hermano Eduardo, tan delincuente como él. Como bien lo subraya una manta exhibida en la tradicional marcha de los miércoles de los siempre reprimidos (por Javier Milei) jubilados argentinos: “Lula le ganó al padre, al hijo y al espíritu facho”, y la famiglia Bolsonaro terminó donde comenzó: en el basurero.
Los títeres sudamericanos de Trump recibieron la orden y entre bananeros se entienden: bajo la batuta de Marco Rubio, Javier Milei (Flávio le agradeció “su valentía, justicia y legalidad” –léase complicidad y encubrimiento–) escoltó al prófugo, facilitó su huida y permitió el uso de territorio argentino para que abordara un avión privado y se fugara con toda comodidad; los “presidentes” de Paraguay, Santiago Peña; Bolivia, Rodrigo Paz; Perú, Keiko Fujimori, y Ecuador, Daniel Noboa, hicieron lo propio con el espacio aéreo para que la nave que lo transportaba evitara sobrevolar el cielo brasileño y así quitarse de encima la posibilidad de que la fuerza aérea carioca la “conminara” a aterrizar. ¡Y a Miami!, paraíso y resumidero de la escoria política latinoamericana.
El presidente Lula se refirió a la fuga de Flávio Bolsonaro: “es un acto vergonzoso; intenté que probara que era honesto y entregara sus papeles, pero no lo hizo; esto es una demostración de que este ciudadano es la figura más mentirosa que se ha visto en el planeta Tierra, no tiene compromiso con la verdad; es impresionante la desfachatez que mostró; cuando miente no falta al respeto a la gente que está en el debate, le falla a las personas que están en sus casas; la familia Bolsonaro es así. Brasil es su segunda patria; la primera es ser lamebotas de Estados Unidos”.
Trump mete la manos en todas partes, pero a él se le complica: la elección de medio término (3 de noviembre, cuyo resultado adelanta un desastre para el magnate naranja), pues tiene todas las de perder a casi tres años de instalarse por segunda ocasión en la Casa Blanca y llevar a cabo acciones bélicas, injerencistas e ilegales por todo el planeta que han repercutido gravemente en los bolsillos de los estadunidenses (más presupuesto para la guerra; recorte tras recorte para los ciudadanos), es decir, los mismos que se “comprometió” a “fortalecer”. Además, acumula violaciones a la legislación de su país y sin pudor exhibe sus actos de corrupción y los de su familia, amén de la descarada entrega a los intereses de Israel.
El problema es que si, como todo apunta, es derrotado (aun con la posibilidad de ser destituido mediante juicio político), difícilmente se modificará el autoritario cuan injerencista proceder gringo (vigente desde hace 250 años), de tal suerte que si el sistema lo machaca no habría que esperar mayores cambios para la coexistencia pacífica de las naciones. Y lo mismo sucede en Israel: si finalmente cae el genocida Netanyahu (perdió la mayoría), su sucesor será igual de salvaje que él, y los “gobiernos” del “mundo civilizado” permanecerían en silencio ante el asesinato masivo como política de Estado.
Las rebanadas del pastel
En la Asamblea General de la ONU, por trigésima cuarta vez consecutiva se condenó el ilegal bloqueo a Cuba impuesto por Estados Unidos desde hace más de seis décadas. La votación: 130 votos a favor de que se levante, 17 en contra –con el gringo a la cabeza– y 25 abstenciones. Con todo, a lo largo de 34 años y una votación arrasadoramente favorable a la mayor de las Antillas, nada se ha modificado.