Por: Jaime Antezana
La nueva «injerencia» de EEUU en las elecciones en Colombia, realizadas el domingo 21 de junio, confirma lo que pasó en la segunda vuelta en Perú, el 7 de junio pasado: la votación en el extranjero y, sobre todo, de EEUU están haciendo ganar al candidato de la ultraderecha, Abelardo de la Espriella, y la señora K.
Eso es lo que sostiene el presidente colombiano Gustavo Petro, en un post en su cuenta de X: «Nos acercamos a la situación peruana, en dónde es la votación del exterior, especialmente en EEUU, la que pone presidente». En su post anota el dato que sustenta ese parecido: «La diferencia de votos en el exterior es 177,000 votos a favor de Abelardo (de la Espriella)».
Y, más abajo, agrega otro dato que abona el símil con el Perú: «Ahora entendemos porque nos tumbaban a todos los cónsules que nombraba». Lo señalado por Petro es claro: EEUU, al ‘tumbarse» (no aceptar, rechazar) a los cónsules nombrados por el gobierno colombiano, lo habría hecho para tener el manejo de la votación de los inmigrantes colombianos en dicho pais.
Con el manejo o control de la votación en EEUU, sabiendo la estrecha diferencia -de un empate estadístico- que había entre el candidato Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella, la votación de EEUU -como pasó aquí- inclinaría la balanza a favor de su candidato presidencial: el ultraderechista Abelardo de la Espriella. Eso es lo que pasó.
¿Qué significa esa coincidencia en ambos países? Que EEUU, a diferencia de la injerencia abierta y descarada en Argentina y Honduras, ha encontrado en el manejo de la votación de los inmigrantes colombianos la clave para que Abelardo de la Espriella logre una leve diferencia frente al candidato progresista Iván Cepeda. Con una menor diferencia, Keiko Fujimori está ganando las elecciones en Perú: alrededor de algo más de 40 mil votos.
El Pacto Histórico de Colombia, el partido de Cepeda, sin embargo, al advertir la similitud con lo que pasó en Perú ha impugnado todas las mesas del extranjero. La diferencia con Juntos por el Perú es que no advirtió a tiempo la nueva «injerencia» de los EEUU en el proceso electoral nacional. Por esa razón, no pudo impugnar las mesas de Argentina y EEUU en el plazo establecido.
En nuestro caso, habría que agregar -entre otros hechos- otras movidas: un presunto encuentro de un narco-magnate, el secretario general de Fuerza Popular y el jefe del JNE en Panamá, en febrero pasado, la designación de un ministro de Relaciones Exteriores fujimorista, el cambio de embajadores por embajadores igualmente fujimoristas por un nuevo ministro, la modificación vía resolución jefatural de la ONPE del sistema de seguridad y traslado del material electoral, anulando la digitalización de las actas y poniendo en cuestión la cadena de custodia.
Y, en la etapa de decidir si se acepta o rechaza la anulación del voto del extranjero, y, en particular, de Argentina y EEUU, el JNE ha optado por aceptar la injerencia política de EEUU (el embajador gringo se paseaba por el JNE, incursionó en el debate presidencial y se presentó como observador de la votación) y la vulneración del debido proceso del traslado y seguridad del material electoral del extranjero.