“MALDITO DESCUBRIMIENTO”

Por: Eduardo Orta Hernández.
Soy Cagua. Soy Caribe. Soy Meregoto

La escritura que perdura en el tiempo, la que trasciende y marcha al lado o dentro de cada generación, es la que camina, se viste y calza el grafito de la verdad, es la del lápiz sin temor, ni cobardía, es aquella comprometida con la más radical veracidad sobre la realidad, es tinta que grita en los cuatro puntos cardinales, que no silencia, no asiste al entierro de las voces, es la escritura que siempre aborda los hechos y circunstancias como ocurrieron, confirmado por la realidad documental y testimonial, sin vestidos, desnudo, mostrando todos sus músculos, la dinamita con encendida mecha, sin calcular beneficios personales, tampoco es para conservar cargos burocráticos, ni conseguir prestados micrófonos y ajenas tarimas, sin importar no ver el rostro en la solapa de complacientes editoriales y menos para conseguir la aprobación de viciados círculos intelectuales o académicos, en los temas que se deben tratar con la más explosiva verdad y exactitud, no es la tinta sobre el papel hipotecado, es soberanía al escribir, es libertad al pensar, es reflexión, es investigación, es lectura de donde emergen los gritos más profundo del ser humano, son autónomas líneas que expresan las voces de los oprimidos, contando, narrando la verdad de los hechos históricos, confrontando, como dice mi amigo, Jesús “chuo” Diaz, “por la calle del medio, caminando y dejando huellas,” contra la escritura de los historiadores que se sienten feliz con el «descubrimiento» y que como persona se sienten orgullosamente descubiertos y como descubiertos pretende erigirse en los amos, representantes de la historia goda, mantuana, monárquica y aristocrática, a ellos, José Sant Roz, les pone su dosis de racionalidad, sobre la realidad y exactitud de lo ocurrido con el “maldito descubrimiento”.

Al leer el libro *“Maldito Descubrimiento”*; *(Las consecuencias de un mundo forjado sobre la escoria de occidente),* cuyo *autor es José Sant Roz,* editorial Kariña, octubre 2003, páginas 284, tres ediciones, la primera en 1990, de la misma editorial y la segunda en 1993, editado por el Consejo de Publicaciones de la Universidad de los Andes, se encuentra uno frente a otro tipo de historia, podemos llamarla insurgente, valiente, comprometida con la vida, con las mejores causas, escrita con tinta de los silenciados, de los invisibilizados, con todos los gritos de los indígenas humillados, violentados, despojados, destrozados, asesinados, esclavizados. Es literatura histórica crítica, que juzga el descubrimiento no por lo que parecen ser, sino por el conocimiento exacto que tiene sobre él, es crítica de millones de toneladas, es juzgamiento con rectitud, que hace recordar a Don Simón Rodríguez cuando afirmó: ,”Todo lo bueno que hay en la sociedad se debe a la crítica y criticar es juzgar con rectitud”.

Un libro que llama las cosas, los hechos históricos por su nombre, sin justificar ni adornar nada, sin canto ni velo religioso, sin sentido de culpa y alejado de rezos y pecados, de iglesias y formalidades, no da prebenda, no se inclina ni baja la cerviz ante ninguna «autoridad», es relato sin justificarse, revela la carne al rojo vivo, sangrante, desgarrada por los mordiscos de los perros mastines, traídos por los conquistadores, como Becerrillo, adiestrados “para diferenciar un indio ‘manso’ de uno ‘bravo’ y quien le resistíera lo despedazaba”, relata con dignidad sobre el genocidio, los cuerpos indígena quemados en la hoguera, acusados de herejía por creer en sus propios dioses, indígenas cazados por los arcabuces, las ballestas y seres violentados por las patas de los caballos, usados como “bestia de carga”, asfixiados en las profundidades marinas en busca de perlas, condenados a la muerte a temprana edad, en las oscuras minas de oro y plata., vendidos como mercancía, como objeto para un mercado capitalista que requería esclavos, hombres, mujeres y niños sin desechos, ultrajados, violados con sadismo criminal, arrasadas sus originarias ciudades y aldeas, conquistadores que disfrutaban ver morir torturados y empalados a los rebeldes aborígenes, contra quienes resistía del fuego voraz de la conquista y colonización.

Un libro adelantado (1990 primera edición) a la conformación formal de la historia insurgente, a la constitución de la red de historia, memoria y patrimonio, a los institutos y centros de estudios para la descolonización, anterior a la creación de la importante estructura para la identidad y memoria histórica de los pueblos, aún en formación y crecimiento, como lo son los cronistas comunales, pero cuestión importante un texto que confronta verticalmente entelequias y reputados intelectuales de prestigio y fama pública, evidenciando su pensamiento y pluma discriminadora, acomodaticia, oportunista, al servicio de la conservadora historia, de solapado y abierto interés en justificar el mayor holocausto de la humanidad, como “Arturo Uslar Pietri, Mario Briceño Iragorry, Vallenilla Lanz, Caracciolo Parra León, Pedro Manuel Arcaya, Gil Fortoul, Juan Vicente González, Rufino Blanco Fombona, señalándolos como los representantes más notables de los mantuanos de nuestra historia”.

Contundentes el estudio sobre la escritura que justifica el “maldito descubrimiento” y el racismo de los mencionados escritores, Mario Briceño Iragorry, cita a “Tapices de Historia Patria” incorpora citas textuales y pormenorizadas, de dicho autor, como por ejemplo: “Guaicaipuro no merece el nombre de héroe… la sangre aborigen quedó diluida en una solución de fórmula atómica en la que prevalece la radical española… los Caribes son duros y crueles, comedores de carne humana, fresca y cecinada… respetar los dioses y costumbres de los indígenas, es como si se organizara un museo de historia natural en plena selva y maldita la gracia del olimpo zoológico que llenaría su templo… nuestros indígenas son unos atrasados que ni siquiera utilizan adobes en sus construcciones… deberían de estar agradecidos por haber sido pacificado…la encomienda -no fue un sistema de explotación- sino un medio de mejorar las condiciones de los naturales…”

A otro de los prestigiosos y de buena fama, como lo es Arturo Uslar Pietri lo cita, destrozando con pluma erguida, el argumento de la “Guerra Santa en América… -argumentado- vinieron no en una mera empresa de conquista sino impelido de un propósito superior para alcanzar un fin religioso y cultural y hacer los indios cristianos para extender la religión…” La respuesta a esos justificadora argumentos, que no ven los crímenes, los asesinatos, las riquezas, el oro, la plata, el repartimiento de tierra, el sistema esclavizador de encomienda, no se hace esperar calificando de estupidez, intelectuales idiotas y serviles, que les encanta cantar a los imperios (español o estadounidense).

El libro, *“Maldito Descubrimiento”* es un verdadero “polvorín de explosivas ideas en el combate por la vida, es historia insurgente sin límites ni cálculos, desarrolla un capítulo sobre el mantuanismo histórico, sobre Colón y sus distintos viajes, identifica como delincuentes y ex presidiarios a su tripulación, de ello da sus razones, se refiere a que no hay nada que celebrar por la invasión del conquistador, cuyo fin y locura era acumular oro y riquezas. Colón y demás cofradía era todos unos criminales frente a una población aborigen tierna, de buen vivir, solidaria, con un relación de comunidad, sin propiedad privada, con una cultura propia, alejados del individualismo, la maldad, la intriga, la rivalidad, la deslealtad y otras mil virtudes.

Describe con maestría metodológica el proceso de conquista y colonización, las orgias de sangre, la guerra santa de exterminio, la conquista que no cesa, Atahualpa frente a los invasores, actuaciones de Francisco Carvajal, López de Aguirre, Ambrosio Alfinjer, sin dejar de lado el mercado y la iglesia y un apéndice de escritos y respuesta a Arturo Uslar Pietri, y finaliza analizando el utilitarismo, la corrupción y el neoliberalismo, los zombis pronorteamericanos entre otros interesantes aspectos.

Un libro que merece su estudio, debate en la sociedad entera y sobre todo en el seno del pueblo, en sus organizaciones de base. Las editoriales del Estado deben tomar en cuenta y considerar una nueva edición, con ello se contribuye con el proceso de descolonización cultural y cognitiva prevista en la Ley Orgánica para las siete transformaciones.
Cagua, 20/ octubre 2026

Polvorín. Explosión insumisa de ideas. Un combate por la vida. Somos historia y poesía insurgente.

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