Los misiles en la escritura van contra las opiniones argumentadas

Por: Eduardo Orta Hernández.

Escucho y leo con frecuencia como lluvia en tiempo de invierno, afirmaciones como «ese escrito es muy largo», «la escritura tiene que ser corta, breve», con un alcance como máximo de cuartilla y media, 375 palabras, puede ser menos pero nunca más. 

Es una especie de orden institucionalizada en el mundo de la escritura, «emitida en la moderna sociedad» sin inocencia ni neutralidad, apuntalada por el escritor sobre una población que vive en una sola carrera, en la era supersónica, cercada por el «valor» de lo inmediato, del sacrificio de la sustancia, de echar a un lado lo medular, lo rápido es la proteína, la vitamina. Es el pausado almuerzo sustituido por el perro caliente, es la hora del sánduche y del olvidado desayuno criollo. Es el pan relleno y el dejar atrás el pabellón en nombre del «importante» tiempo. Ortodoxamente dicen, educan, enseñan que hay que economizar tiempo en todo, y por supuesto también en la lectura.

Con la economía, la síntesis, la reducción del tiempo, en la escritura y lectura, no hay creación, no hay arte, es secundario la espiritualidad. ¿Para qué escribir memoria histórica, novelas, teatro, literatura si sobrepasan la cuartilla y media y su lectura toma mucho tiempo por lo largo, lo extenso, lo amplio, su gran tamaño, su gran número de detalles, de ideas, de información que «nadie lee»?. 

¡Asombroso! hay poemas de dos líneas o hasta de una palabra, lo demás versos es para la imaginación, son invisibles al lector común, solo genios y mentes superiores leen completo esa poesía. Poemas argumentados, documentados, históricos como Canto General de *Pablo Neruda*  o  Hoja de Hierba de *Walt Whitman,* bajo la óptica dogmática del buen escribir, son irremediablemente innecesarios e inútiles para su lectura, por lo extenso, documentado y por supuesto argumentados, en cuyo versar dar su razón de ser y explican e impele el rumbo de las cosas. Triste, nadie los lee por largos y extensos, por tanto, ¿para que se escribieron? 

Sorprende, que quienes recomiendan que no se escriba de manera extensa, sean tutores, luminarias del intelecto, profesores, docentes, muy respetables doctores y especialistas en el arte de la escritura, inmaculados del saber. Imposible de dudar de sus sabias recomendaciones, al ser los máximos suma cum laude, tenedores de la piedra filosofal o poseedores del grial. Así, ¿Cómo dudar que lo recomendable y sensato es escribir corto? ¿Es la hora de la brevedad, de lo rápido, de lo fugaz? 

Cuando usted lee la cuartilla y media escrita por los dioses de la síntesis, está ante una especie de guerra virtual, ante una escritura de lo ligero, en un campo de batalla donde las letras, las oraciones son una sucesión de misiles o de disparos de ametralladora, una grafía corta, concisa, bueno para lo publicitario. SIN LOS DEBIDOS ARGUMENTOS ES PEREZA PARA LOS ALEGATOS.

Queda así sacrificada la capacidad de lectura por una nueva forma de inquisición, donde fallece la capacidad lectora. Es la hora de los Tik Tok, de los mensajes cortos, fugaces. A los  telegrafistas les interesa, les importa es la afirmación sin los razonamientos. ¡Por Dios! que el lector termine el pensamiento, las tesis de los santos escritores, de esas sagradas plumas que «todo lo dicen» sin escribir las razones, las ideas sin probarse, sin justificación, sin refutación de la proposición del asunto o trama, sin ejercicio de la dialéctica, de la contradicción, de esa manera el constreñido y limitado lector, ha de suponer y concluir, en un riesgoso ejercicio intelectual, lo que quiere, aspira o quiso decir el «doctor», el PhD, el maestrante o diplomado. 

En caso de error al interpretar o completar la idea, el resumen, el concentrado caldo de letras, la píldora escrita, la culpa no es responsabilidad del creador  del bien elaborado  misil, sino de la poca inteligencia, de las carencias del intérprete, de su falta de materia gris.

Ante la concentrada sapiencia, la nutritiva sabía de la egregia pluma, el humilde e ignaro intérprete, está náufrago en un mar de tin marín de do pingué cúcara mácara títere fue o

de la primacía del huevo o la gallina,  todo en nombre del por qué no escribir largo por la razón que la intensa línea longitudinal es un ejercicio de lectura fastidioso.

Pareciera ser que los autores de los torpedos y misiles nos envían un mensaje diciendo: escribir «largo», extenso, bien argumentado, con hipótesis  y premisas demostradas, analizadas, razonadas, sometidas a la crítica, al juzgamiento es cosa de escritores fastidiosos.  Aquí queda negado Cervantes y Don Quijote de la Mancha, Victor Hugo y Los Miserables, Pablo Neruda y su Canto General, García Márquez y Cien Años de Soledad, José Saramago y el Ensayo sobre la Ceguera y por supuesto los escritos de polvorín, entre una infinidad.

Es la era, la época de las comidas rápidas, del McDonald’s, del «alimento» que no nutre; similarmente, *ñde tanta síntesis, del imperativo de lo ágil, del no escribir con argumento, de estampar solo eruditas afirmaciones, se crea un monumento, una estatuaria de la escritura para el no decir nada. Es una ofrenda, un vítor, un viva a la no lectura, es la condena a la capacidad lectora de la población, su negación.

Al denegar, desconocer la validez de escritos amplios, con la debida cantidad de ideas y detalles, se sacrifica  o condena la capacidad lectora de la población, a nombre de lo breve se pierde el fundamento de lo escrito, las razones, el sentido crítico y se juzgan las cosas por lo que parecen ser, olvidando que lo *ñsupremo es que se tenga el conocimiento exacto sobre las cosas, en la brevedad la opinión, el escrito, la pretendida tesis o aspirada proposición, el asunto o la trama pierde la esencia y deja de ser un verdadero y profundo escrito, por no venir acompañado de la argumentación. 

De prosperar la tesis de que no se debe «escribir largo», por ser fastidioso y que nadie lee, estaríamos en presencia de una especie de «CRISIS DE LA ARGUMENTACIÓN» que viene unida, sin separación, como una especie de incentivo, de complicidad criminosa por omisión al fomentar el no ejercicio de la lectura, ello cuando se niega escribir más allá de las cuarenta y dos líneas. 

Para no incurrir en alguna falta de exceso de argumentación dejo hasta aquí estás atrevidas líneas de 1081 palabras, 4.32 cuartillas. 

Polvorín. Explosión insumisa de ideas. Un combate por la vida. Somos historia y poesía insurgente.

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