Los gringos son aún más cínicos y canallas cuando se hacen «humanitarios»…, hipócritas y asesinos por naturaleza… Vean esto…

José Sant Roz

  1. ¿Qué hacen aquí, esos gringos trajeados de “HUMANITARIOS”, luego que lanzaron varios misiles precisamente contra Caracas y La Guaira (el pasado 3 de enero), lugares que hoy sufren los espantosos estragos de los dos terremotos del pasado 24 de junio? ¿Vienen, de veras, a salvar vidas después que nos la quitaron salvajemente con bloqueos, sanciones, asedios, atentados y la llamada mencionada invasión del pasado 3 de enero? ¿Podrá existir algún tonto que crea eso? ¿Qué hacen aquí si ya asesinaron a más de cien compatriotas? ¿Usted, caraqueño o guaireño les puede creer? ¿Cuándo, ya han declarado públicamente que lo único que les interesa es robarse nuestro petróleo, recurso que según ellos les pertenece y cuando ya controlan y administran nuestros recursos? ¿Cuándo, aún, en medio de este espantoso horro de dos terremotos mantienen sus criminales sanciones?
  2. Y vienen armados estos hijos del Tío Sam. Todos los otros países que nos están ayudando traen medicinas, equipos médicos, alimentos, campamentos para hospitales para mitigar los males en la salud, pero los GRINGOS TRAEN ARMAS, poderosos helicópteros artillados, a sus “superdotatos” y ambivalentes mariners. Y en medio del horror y el luto que vivimos, estos miserables y asesinos siguen hablando, y ahora más que nunca, de que ya somos para ellos el ESTADO NÚMERO 51. No piensan en otra cosa, sino en nuestros recursos.
  3. Y estos gringos al entrar, invitaron de ipso facto a los otros asesinos israelitas, los humanitarios que han acribillado a cientos de miles de palestinos. ¿Van estos asesinos a ayudarnos cuando han implantado el infierno en Gaza? ¿Cuándo jamás les han extendido una mano a los sufridos palestinos? ¿Qué hacen aquí, siendo que nuestro Comandante Hugo Chávez los llamó ante el mundo: “Maldito seas estado de Israel”?
  4. Pues, ya están aquí gringos y sionistas, y vienen a hacer negocios, de manera idéntica como lo hizo aquel gringo Juan Bautista Irvine en 1817: a comerciar con nuestras tragedias y dolores. Vienen a ver cómo “reconstruyen Caracas y La Guaira” para sacarle otra gran tajada de recursos a Venezuela. Viene a “ayudar” nombre de nuestro petróleo y de nuestro oro y demás minerales. A esclavizarnos ya explotarnos, a robarnos. Si los israelíes podrían ayudar a sus vecinos palestinos y lo que hacen es asesinarlos a mansalva, ¿qué hacen aquí en nuestra patria?
  5. El mejor representante de la “calidad humana” de los gringos lo podemos encontrar en ese personaje llamado Juan Bautista Irvine. Vino como un inocente, simple y empecinado negociante a vender sus productos, cuando nosotros nos encontrábamos en plena guerra contra los realistas, y camufladamente, como siempre lo hacen, resulta que le estaba suministrando armas a los españoles. Cuando Bolívar lo descubre, el canalla pega el grito en el cielo: “Yo sólo soy un comerciante, soy neutral, tengo derecho a vender mis productos”.
  6. El carácter mercantilista del sajón del Norte y la imaginación del Libertador, forjada en todo instante en los linderos de la muerte y de la poesía trágica, tenían por fuerza que repelerse.
  7. Empecemos por recordar que España y Francia prestaron grandes servicios a la causa de la independencia de los Estados Unidos. Venezuela, en los inicios de su revolución, esperaba contar con la ayuda de países amigos de la libertad. No hay duda que tenía fe en la ayuda del vecino del Norte, que hacía poco se había liberado de la dominación de Gran Bretaña. Es decir, considerábamos a los norteamericanos HERMANOS, por haber sufrido los funestos estragos de la colonización y por ser, después de todo, hijos del Nuevo Mundo; que además conocían los tremendos sacrificios que representaba enfrentarse a un país poderoso por tradición guerrera, como lo eran los viejos imperios de Europa; que sabían que nuestra lucha era más terrible, por cuanto iba a ser afrontada por un pueblo en su mayoría analfabeto, sin recursos militares, sin ninguna experiencia en la administración de gobiernos, sin ejércitos y sin la fuerza de cohesión moral de lo que se llamaría pueblo, de los ciudadanos, ya que éstos estaban divididos en clases infeccionadas de odios y recelos.
  8. El terror y la tragedia no tardó en llegar, y aunque Bolívar -como veremos- estaba dispuesto a luchar contra el mundo entero, si el mundo entero se oponía a la causa de la libertad americana, el grueso de los políticos no podía dejar de considerar la posibilidad de un tratado con alguna nación poderosa. En este sentido, encontrándose casi todos los caminos cerrados, se pensó seriamente en conferenciar con Rusia. A tales extremos habían llegado la angustia y la desesperación, que se pensaba en un país tan extraño y desconocido para nosotros, tan distante en todos los sentidos y que además era gobernado por una aristocracia despótica y que tenía -como lo demostró más tarde- grandes intereses en común con los imperios monárquicos de Europa. Esto podía catalogarse de locura o síntoma de desorientación, de la más desastrosa agonía política e ideológica.
  9. La pregunta que se acude es: ¿Qué hacía con respecto a la independencia suramericana el poderoso del Norte, nuestro vecino? La rica, fresca, impasible, extensa y vigorosa América del Norte contaba 35 años de haberse declarado independiente cuando nosotros firmábamos la declaración, por allá en el año de 1811. Así, pues, que no debía ser por falta de madurez y poder por lo que Estados Unidos se mostraba reacio a dar una contundente ayuda a nuestra lucha. A diferencia de los gobernadores del Norte, Simón Bolívar libertó el extenso territorio de la Nueva Granada, hoy el país de Colombia; cruzó los Andes e independizó también al Ecuador, al Perú, y fundó la República de Bolivia. No sólo eso, sino que quería inmediatamente hacer planes para libertar Cuba y Puerto Rico. Es de advertir que la libertad de Cuba se vio estropeada durante dos generaciones, porque Estados Unidos en connivencia con Inglaterra hizo saber a nuestros patriotas que no estaban de acuerdo con la inmediata independencia de aquella isla. Es decir, que si Estados Unidos permitía que nos debatiéramos en la más horrorosa escasez de recursos era sencillamente porque poco le interesaba el que fuésemos esclavos o independientes. Fue así como durante más de diez años mantuvo una inexcusable imparcialidad a pesar de los innumerables pedidos de ayuda de nuestros pueblos. A veces su imparcialidad se traducía en burla, en desprecio e incluso en una sórdida alianza con los enemigos de la revolución.
  10. Los patriotas nuestros, hartos de recibir negativas y excusas de neutralidad por parte de los gringos ante el invasor español, decidieron cancelar sus ansiosos pedidos a Estados Unidos Mientras así nos trataba Estados Unidos, Haití, uno de los países más pobres del mundo, trastornado por toda clase de calamidades sociales, en condiciones económicas deplorables, tuvo la infinita nobleza y generosidad de ofrecer hombres, armas y dinero para nuestra libertad. Compárese el pasado con el presente y véase la funesta actitud del país del Norte ante los débiles de Latinoamérica. Detengámonos un momento y veamos en qué consistía la imparcialidad de Norteamérica en nuestro conflicto. Primero, el gobierno del Norte hizo presos a numerosos ingleses que venían a servir bajo las órdenes del Libertador. Además, promulgó una serie de leyes para impedir toda clase de auxilios a los patriotas. Una de ellas decretaba diez años de presidio y diez mil pesos de multa a todo ciudadano en Norteamérica que quisiera proteger la causa de los independientes suramericanos. Según palabras del propio Bolívar, estas leyes inexorables equivalían a declarar la muerte a los que simpatizaran con nuestra revolución. Estas leyes estaban aún vigentes para el año 1819, ocho años después de haberse firmado nuestra declaración de independencia.

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