Manuel Gragirena
Otra vez diálogo. No es la primera ni será la última vez que el chavismo acepte sentarse a conversar con los oposicionistas más radicales. Hoy, primero de agosto, se instala una vez más la mesa de diálogo, esta vez con la variante de la invasión perpetrada por los gringos el 3 de enero para raptar a Nicolás Maduro, el asesinato de 100 personas ese día y no menos de 80 en alta mar los meses previos. Así que esta mesa de diálogo tiene por característica principal la conminación de los líderes del chavismo a escuchar las estupideces de los opositores extremistas, so pena de un tiro en la cabeza. Quisiera que interpreten lo anterior como una metáfora, pues la realidad es todavía peor.
En las redes, los especialistas en generar opinión hablan de un «diálogo impulsado por Washington», cosa que al leerla pareciera que el mismísimo gobierno de Trump se erige como un reconciliador, al estilo del padre que amarra a sus dos hijos pecho con pecho luego de ver cómo se han peleado por alguna causa fútil, por ejemplo, que alguno de los dos usó el cepillo de dientes del otro. Sin embargo, si nos salimos un ratico del hueco y miramos el todo, podremos darnos cuenta —al menos yo me doy cuenta— que el reconciliador de hoy ha sido el azuzador de los últimos 25 años. Trump es solo el último de los azuzadores.
Otra cosa que intentan hacernos creer es que van a dialogar una asamblea legítima contra otra ilegítima. Pues no. La realidad es que van a dialogar personas de carne, hueso, sangre y mierda. Los diputados de la Asamblea Nacional de hoy están en funciones, y quienes fueron diputados de la asamblea electa en 2015 ya no lo son.
También causa indignación que se menosprecie a quienes hoy y ayer han intentado conciliar mediante el diálogo y se pretenda magnificar la figura de quien jamás se ha plegado a la política, pues la política es básicamente conciliar. Así, los especialistas en generar opinión nos clavan en el cerebro que la ausencia de la señora María Machado es debido a trabas del chavismo; pues no, absolutamente falso. La señora Machado es quien siempre ha obstaculizado el diálogo; es más, ella es quien siempre ha destruido toda forma de diálogo y entendimiento.
Y ¿de qué van a hablar? Pregunta válida, pertinente, necesaria.
Si van a hablar de progreso, el único punto es que los oposicionistas a todo abran una rendija y reconozcan el gravísimo daño que han causado al obsequiarles a los gringos las excusas y marramucias para que, haciendo uso y abuso de la exorbitante ventaja de ser emisores del dólar y controladores del comercio internacional, por ley y por imposición, extorsionen a todo el mundo para aislarnos comercialmente. Hay quien reduce todo lo anterior usando la palabra «sanciones», pero es estúpido aceptar el término a sabiendas de que no hemos cometido ninguna falta.
Si van a dialogar sobre quiénes van a conformar el nuevo CNE, está bien, me parece lógico que lo conversen; pero recuerden que, en todo caso, lo único que deben hacer es postular nombres, presentar currículos y esperar a que los diputados de la actual Asamblea Nacional en funciones se reúnan y elijan entre los postulados que cumplan con los requisitos de ley.
Si van a conversar sobre cronogramas electorales, lo único que deben hacer los oposicionistas radicales y recalcitrantes es revisar la Constitución Nacional y verificar los lapsos allí previstos, los cuales, para el caso de la Presidencia de la República —que es lo que anhelan febrilmente—, tienen tres opciones: solicitar el referéndum revocatorio el año que viene para que se ejecute en el 2028, esperar al año 2030 o que se cumpla una de las cinco situaciones previstas; es decir: renuncia, destitución, muerte, incapacidad y revocación.
Voy a detenerme maquiavélicamente en esto último, pues pensarlo y escribirlo de manera explícita es la única forma que concibo para proteger la vida del secuestrado. La renuncia es posible, siempre y cuando no sea producto de una extorsión, y vaya que hay historia universal para suponer que hay posibilidades de extorsión. La destitución solo sería posible si fuese juzgado y condenado por delitos en Venezuela y por instituciones venezolanas; lo que digan las instituciones gringas no cuenta para la destitución. La muerte o la incapacidad, física o mental… suena dantesco, pero está allí, todo es posible dentro de una cárcel. Puesto el escenario, vean los peligros a los que está expuesto el rehén, nuestro presidente, Nicolás Maduro Moros, y recuerden que se trata de un hombre, un ser humano, que se está jugando la vida por un proyecto de país.