Reseña sobre mujeres venezolanas
Gabriel Jiménez Emán
(Imagen: Cecilia Mujica)
En estos días un grupo de amigas me solicitó una reflexión sobre el tema de la mujer en el estado Yaracuy, y esto me llevó a reflexionar acerca del rol de las féminas en nuestras luchas de Independencia y aún más: a hacer memoria de mujeres que tuvieron participación activa en nuestros procesos históricos y sociales, venciendo todos los obstáculos a través de una ética sin parangón.
Observando con atención su presencia en la Historia, éstas han cumplido un papel mucho más relevante de lo que pudiéramos imaginar; sin ellas la Historia de la humanidad no habría sido imposible, o mucho más: talvez si se hubiesen transferido a ellas protagonismos concretos, la humanidad marcharía mejor en todos los sentidos.
Recordaba yo la figura de Manuela Sáenz (1797-1850) en la lucha de Independencia hispanoamericana, peleando en las batallas hasta lograr el grado de “Caballeresa del Sol” otorgado por José de San Martin con el rango de Coronela, y después el de “Libertadora del Libertador” por haber salvado la vida de Bolívar en una conjura en Bogotá. Fue ella, además, la creadora de la consigna de “La Patria Grande”. Participó en la Batalla de Ayacucho vistiendo uniforme militar; al desintegrarse la Gran Colombia fue denigrada y desterrada. Fue visitada en Perú por Giuseppe Garibaldi, Herman Melville y Simón Rodríguez, entre otros; alcanzando post-mortem el título de Generala. En sus días postreros se dedicó al aprendizaje de los idiomas inglés y francés, y a elaborar dulces y tejidos.
Manuela Sáenz y su amiga Rosa Campuzano (Ecuador 1796-1851) se aliaron en las luchas por la libertad de América. Rosa fue una bella actriz, activista y espía de tez blanca, ojos azules y cabello negro, amante de un español rico. Rosa suministraba información militar a los patriotas y escondía en su casa a oficiales desertores. Fue detenida por esta razón. Frecuentaba círculos sociales altos, organizaba fiestas para sacar información de los españoles y pasarla luego a los criollos, hasta constituir una red de espionaje muy eficaz en varias ciudades para descubrir conspiraciones y traiciones. En 1818 fue denunciada por adquirir y leer libros prohibidos. Se hizo amante de José de San Martín y condecorada con la Orden del Sol, hecho considerado un irrespeto por parte de la sociedad tradicional.
En Venezuela, Luisa Cáceres de Arismendi (1799-1886), caraqueña de nacimiento, también vivió una historia terrible. Sus hermanos Félix y Domingo fueron asesinados por los realistas en Ocumare en 1814, por lo cual ella emigró a Margarita. Se casó con el general patriota Juan Bautista Arismendi el mismo año; a Arismendi lo había conocido en Caracas un año antes. Fue detenida en 1815 por las autoridades españolas para que traicionara a su esposo: la torturaron sin cesar, pero no obtuvieron de ella ninguna información. La llevaron presa a la fortaleza de Santa Rosa, donde dio a luz una niña que murió al nacer. Después fue conducida a la fortaleza de Pampatar, luego a La Guaira y finalmente a España en 1816, donde fue nuevamente torturada para que renunciara a sus ideales y traicionara a su esposo. Entonces fue remitida a Cádiz, España (la misma prisión donde fue conducido Francisco de Miranda hasta su muerte) para que renunciara a sus ideales patriotas. Cuando iba camino a España, el barco en que viajaba fue atacado por corsarios, quedando varados en una isla de las Azores. Esto fue en 1817. Lograron juzgarla con justicia, siendo liberada; así, pudo continuar propagando sus ideas libertarias y soberanas acerca de los pueblos americanos, hasta fallecer en 1866.
Por su parte Josefa Camejo (1791-1862) lideró la insurrección en la provincia de Coro y organizó fuerzas patriotas con rango de militar, convirtiéndose en uno de los símbolos de lucha revolucionaria más notables en el occidente de Venezuela. Nació en Paraguaná y estudió en Coro, Caracas y Barinas. Al tomar contacto con la Junta Patriótica, tomó conciencia de su realidad histórica, organizando un grupo de mujeres que solicitaron al gobernador provincial que contase con ellas para la lucha por la libertad de la patria. Es Josefa Camejo quien encabeza la desocupación de Barinas, cruzando el río Santo Domingo. Por otro lado, y una vez ganada la Batalla de Boyacá, regresa con su esposo. Su tío Mariano de Talavera le encarga en 1820 la misión de detener la insurrección de Paraguaná, lo cual consigue, derrotando a los jefes realistas y logrando así la incorporación de Coro a la Independencia Nacional en 1821. El extraordinario desempeño de Josefa Camejo aviva las llamas del feminismo actual en nuestro país.
Eulalia Buroz (1795- 1817) compartió ideales patriotas con su esposo Juan José Velásquez. Su padre Ignacio Ramos huyó de la región temiendo una invasión realista; Eulalia queda sola y escapa hacia la selva de Barlovento acompañada de una asistente para cuidar de su pequeña hija, pero la criatura muere en el trayecto y Eulalia la sepulta con sus propias manos. Luego es hecha presa por los realistas y arrastrada por la calle real de Tacarigua. Cuando estaba a punto de ser ejecutada, fue salvada por las guerrillas patriotas. En 1817 el ejército realista ocupa Barcelona y la población se refugia en el Convento de San Francisco, donde Eulalia se halla oculta en una celda con un grupo de mujeres. Son acechadas por los soldados, y cuando están a punto de caer, empuñan sus armas y salen a luchar. Eulalia se resiste y es golpeada por un oficial español, quien le propone renunciar a su causa a cambio de su vida, y ella en ese momento extrae un arma del cinturón del oficial gritando “¡Viva la patria!, muerte a los tiranos!”: de seguidas todos los oficiales presentes disparan contra ella, quitándole la vida.
Juana Ramírez “La Avanzadora” (1790-1850) fue hija de una esclava africana de la isla de Guadalupe, protegida de Irene Ramírez de Valderrama. Juana se hallaba henchida de pasión patriota. Defendió Maturín mientras la población era asediada por los ejércitos de Domingo Monteverde en 1813, justo cuando las mujeres se preparan para vencer al enemigo español, lográndolo con creces. Juana estaba inspirada por los sucesos de la Revolución de Haití y por el levantamiento de José Leonardo Chirino en la Sierra de Coro. Organiza una Batería de Mujeres que proyectan avanzadas y batallas, a fin de seguir luchando como guerrilleras en las montañas de El Tigre, y es por ello que el general Manuel Piar la bautiza también como “La Aguantadora”.
En el estado Yaracuy destaca el nombre de Cecilia Mujica, de quien se ignora el año exacto de nacimiento en la ciudad de San Felipe, y cuya biografía no se ofrece tan nítida como la de otras heroínas. Sin embargo, vale la pena validar su existencia a partir de informaciones fragmentarias emanadas de una versión novelesca realizada por el profesor Pedro Emilio Acosta, fechada el 1º de enero de 1909 impresa por la “Empresa del siglo XX” de José Tomás Martínez, también autor del prólogo, y que años después fue llevada a cabo en 1964 por la Imprenta Oficial del Estado Yaracuy, en cuyas portadillas internas aparece una pintura de Cecilia Mujica realizada por el pintor ecuatoriano Luis Walter Bermeo, basada a su vez en una versión de su figura aportada por el padre Macario Bracho, Vicario de San Felipe (1856- 1885) y de otro cuadro firmado por el artista José María de la Concha, el cual reposa en el Cabildo de San Felipe. La referida obra, respondiendo a la naturaleza ficticia del género novela, aporta una serie de secuencias donde se recrea el mundo de Cecilia Mujica, mayormente inventado por su autor, quien recorre a través de su vena sensible parte del acontecer de la vida en Yaracuy durante la primera década del siglo XIX, basado en un esquema por demás simple: Cecilia, hija de Mateo Mujica, se compromete con Henrique de Villalonga, también partícipe de la causa libertaria por la independencia venezolana. Ella es una delicada muchacha que interpreta canciones patrióticas, zurce escarapelas y divisas tricolores para los uniformes de los patriotas, o insignias que se colocan en sombreros y gorras (como bien lo hicieron tantas otras mujeres bordadoras de los uniformes de nuestros heroicos soldados y oficiales) y redacta boletines insistiendo en la emancipación. Paralelamente. un oficial realista “amigo” de la familia de nombre José Millet, poco a poco se va alejando de ellos transfiriendo información de la familia Mujica a los españoles para capturar a Henrique Villalonga, llegando al extremo de presionar a la muchacha y luego torturar a Cecilia para exigirle información acerca de su esposo, cuestión a la que ella se niega. Entonces Cecilia es separada de su familia y llevada a una quebrada donde es atada a un tronco y fusilada, hecho que la convierte en la primera mártir de Yaracuy. Para cerrar el clima trágico de esta obra, se describe aquí el terrible Terremoto que asoló el país en 1812, y terminó con la vida de los padres de Cecilia.
No quisiera exagerar exaltando ahora las virtudes de la prosa de Pedro Emilio Acosta, ilustre desconocido que, sin embargo, realiza un auténtico aporte literario a la bibliografía venezolana con ésta novela, donde narra sintéticamente episodios (trece breves capítulos y un epílogo) representativos de la gesta emancipadora regional y nacional, la cual es menester reeditar a la brevedad para darla a conocer al público lector. A continuación, extraigo algunos párrafos de la parte final de esta novela:
“—Joven, dijo el oficial dirigiéndose a Cecilia—las órdenes de mi superior son las de mancillaros, fusilaros después; cumpliré lo último; lo primero no soy hombre que lo haga, y que Dios me lo tome en cuenta.
–Gracias—murmuró la joven con voz débil como un suspiro– gracias, y en prueba que agradezco vuestra noble conducta, toma.
Y arrancándose un anillo de oro de uno de sus dedos, se lo alargó al oficial.
Este lo tomó y mandando a alinearse la tropa coloco a Cecilia a cierta distancia, apoyada contra un arbolillo.
En seguida, dijo con brevedad ¡fuego! Una descarga resonó en el solitario camino.
–¡Viva la patria! —gritó Cecilia con voz extrañamente fuerte –voy a reunirme con Henrique—murmuró cayendo al suelo.
Cuando el oficial se acercó a ella, estaba muerta.
Tenía tres balas en el cuerpo, dos en el pecho, una en la pierna.
El oficial, casi llorando, tomó con sus soldados el camino de San Felipe, dejando allí el cadáver de la pobre mártir.
Mancilla eterna del gobierno colonial, infamia para su nombre maldito. La muerte de Cecilia fue un asesinato más, cometido por las armas peninsulares, las cuales buscaban ya el predominio por medios inicuos y con hechos horripilantes y cobardes como el que mencionamos.
Fue una manifestación más de los instintos criminales de los hombres que tenían entre nosotros la representación del Gobierno de España, una venganza contra los patriotas, y debemos confesarlo, algo justificaba el encono realista; el funesto Decreto de Guerra a Muerte de Trujillo.
Nada había de ganar la causa del Rey con la muerte de nuestra hermana: la semilla de la Libertad germinaba ya en todos los corazones sur americanos.
La vida humana pertenece a Dios, no hay bajo la tierra ninguna mención legal que autorice al hombre a arrebatarla.
Lo contrario es arrogarse los atributos de la Divinidad.
Conocedoras varias personas de San Felipe de la muerte de Cecilia, acudieron muy de madrugada al lugar de su ejecución.
Ya estaba frío el cadáver de la mártir.
Entonces y arrastrando las iras de los realistas, hicieron un hoyo y la dieron sepultura.
Aun ignora San Felipe con culpable indeferentismo1, donde reposan los restos de su singular heroína.”
De igual manera, en el XIII y último capítulo de la mencionada novela respiramos un clima mucho más positivo donde se narra la huida de los españoles de nuestras tierras y se consagra el triunfo de los Independentistas, al leer párrafos como los siguientes:
“Los españoles se retiraban ante los republicanos y don Lorenzo Morillo, jefe de las fuerzas realistas que se encontraban en San Felipe, se preparaban a retirarse a Puerto Cabello.
Todos de los más comprometidos en los últimos sucesos como enemigos de la Patria, se preparaban a huir hacia el referido Puerto.
El Indio Reyes Vargas, recién convertido a la Patria, amenazaba desde Yaritagua ya ocupada, a San Felipe y sus huestes llegaban hasta Urachiche y Chivacoa.
La Patria triunfaba y el desorden y la consternación reinaban entre sus crueles enemigos.
Sabían además que los habitantes de El Chino, Aguanegra y otros puntos de la costa estaban en armas en favor de la Patria.
Así las cosas, a las doce de la mañana empezó la salida de las fuerzas realistas.
Siete cadáveres de patriotas dejaban en las cárceles como recuerdo de su despedida y las calles de San Felipe quedaban atestadas de plumas de aves, muebles destrozados y despojos de otros animales muertos que no podían llevar con ellos y que en su insano encono habían destruido.
La ciudad estaba consternada.
Las tropas realistas fueron inquietadas a su paso por los sublevados de la costa, pero lograron llegar a Puerto Cabello sanos y salvos.”
***
De esta manera y a través de una obra discreta, Pablo Emilio Acosta logra entregarnos un fresco nítido de los acontecimientos en la región de Yaracuy; asunto que por demás no ha sido abordado por ningún otro escritor de la región, hasta el momento.
Si nos detenemos durante el siglo XX venezolano en algunas figuras femeninas entregadas a causas revolucionarias, nos hallamos con la figura de Livia Gouverneur (Caracas, 1941-1961), estudiante de psicología en la Universidad Central y militante de la Juventud Comunista de Venezuela, abatida durante el gobierno de Rómulo Betancourt. Nació en la parroquia de San Agustín, hija de campesinos del estado Guárico; la mayor de once hermanos. Amante de la lectura, del teatro y la poesía; protagonizó varias obras de teatro en la Universidad. Participó del Movimiento de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) en protesta ante la dictadura del Marcos Pérez Jiménez, exigiendo la libertad de los presos políticos y participando un 12 de octubre en el asalto a una prefectura en la población de Urachiche, en el estado Yaracuy. Secuestró un avión de la línea aérea Avensa para arrojar desde el aire volantines donde denunciaban la violación de los Derechos Humanos y la suspensión de las garantías constitucionales.
Por cierto, también recordada –como integrante de la FALN– a Argelia Laya (1926-1997), mujer con incontables aportes al campo del humanismo revolucionario, destacando por sus luchas por la igualdad de derechos para la mujer; maestra normalista y fundadora de campañas de alfabetización en Venezuela.
Nombres relevantes
Si nos dedicáramos a rememorar quiénes han sido mujeres relevantes de Venezuela en diversos campos de la ciencia, el arte, el deporte o la cultura, nos hallamos con abundantes nombres en varias disciplinas.
Entre las artistas plásticas hallamos a Luisa Palacios, Marisol Escobar, Luisa Richter, Elisa Elvira Zuloaga, Gego (Gertrude Goldsmitch), Carolina Herrera (diseño de moda y perfumes), Margarita Zingg (diseño), Antonia Azuaje, Elsa Morales, Azalea Quiñones, Margot Romer, Elba Damast, Susana Amundarain, Marisabela Erminy. Entre las cineastas citamos a Margot Benacerraf, Mariana Rondón, Fina Torres, Solveig Hogstein y a dramaturgas como Xiomara Moreno y Pilar Romero. Entre las cineastas actuales contamos con los nombres de Elia Schneider, Claudia Pinto, Anabel Rodríguez Ríos y Laura Romero.
Entre las compositoras y cantantes tenemos a Teresa Carreño (pianista y compositora de dimensión internacional), Modesta Bohr, Ana Mercedes Azuaje, Blanca Estrella de Mescoli, María Luisa Escobar, Gabriela Montero, Isabel Palacios, Fedora Alemán, Morella Muñoz, Soledad Bravo, Mirla Castellanos, Luz Marina Anselmi, Mirta Pérez, Josefina Benedetti, María Teresa Chacín, Rosa Virginia Chacín, Magdalena Sánchez, Lila Morillo, Raquel Castaños, Isabelita Aparicio, Cecilia Todd, Maira Martí, Antonieta (así, a secas), María Conchita Alonso (cantante y actriz), Nancy Ramos, Estelita del Llano, Adilia Castillo, Neyda Perdomo, Floria Márquez, Lilia Vera, Reina Lucero, Alba Quintanilla y Amaranta Pérez. Entre las trompetistas de jazz destaca en primer lugar Linda Briceño, y luego Nicole Mesa y Chipi Chacón, llevando todas ellas este instrumento a excelentes climas interpretativos.
Entre las figuras literarias femeninas reseñamos a las escritoras Teresa de la Parra, Enriqueta Arvelo Larriva, Polita de Lima, Ana Enriqueta Terán, María Calcaño, Luz Machado, Ida Gramcko, Antonia Palacios, Pálmenes Yarza, Beatriz Mendoza Sagarzazu, Elizabeth Schon, Morita Carrillo, Carmen Delia Bencomo, Antonieta Madrid, Hanni Ossott, Miyó Vestrini, María Fernanda Palacios, Lydda Franco Farías, Esdras Parra, Elena Vera, Márgara Rousotto, Mirla Alcibíades, Iraida Vargas Arenas, Carmen Bohórquez, Mary Ferrero, Victoria De Stefano, Violeta Rojo, Patricia Guzmán, Ana Teresa Torres, Mary Guerrero, Alba Hernández Bossio, Silda Cordoliani, Maritza Jiménez, Sonia Chocrón, María Clara Salas, Laura Antillano, Milagros Mata Gil, Iris Tocuyo, Matilde Daviú, Ana María Oviedo, Celsa Acosta, Carmen Verde Arocha, Beatriz Aiffil, Esmeralda Torres, María Antonieta Flores, María Elvira Gómez, Magda de Pichardo, Raquel Santeliz, Stefania Mosca, María Auxiliadora Álvarez, María Inmaculada Barrios, María Narea, Noris Nicoliello, Argelia Malaver, María Elena Maggi, María Alejandra Rendón, Jennifer Gugliotta, Ana Carolina Saavedra, Maribel Prieto, Linda López, Isabel Lameda, Luz Marina Almarza, Sol Linares, Morela Maneiro, Wafi Salih, Edy Barboza, Natalí Vásquez, Beira Lisboa, Yurimia Boscán, Karina Sainz Borgo, Vielsy Arias, Venus Ledezma, Karelyn Buenaño, Yuri Patiño, Yanuva León, Mariana Ruiz, Giordana García Sojo y Soledad Vásquez.
Actrices destacadas han sido Juana Sujo, Doris Wells, Marina Baura, Caridad Canelón, Eva Moreno, Eva Blanco, Amelia Román, Lupita Ferrer, Mimí Lazo, Gledys Ibarra, María Teresa Acosta, Mayra Alejandra, Hilda Carrero, Catherine Fulop, Gabriela Spanic, Rudy Rodríguez, Patricia Velásquez, Tania Sarabia, Elba Escobar, Gaby Espino, Norkys Batista, Marjorie de Sousa y Eileen Abad.
Sobresalientes nombres femeninos del Deporte son Joselyn Brea, María Victoria Carrasco, Fabiola Ramos, Daniela Larreal, Flor Isava Fonseca, Adriana Carmona, Dayna Castellanos, Yulimar Rojas y Omaylin Alcalá; estas dos últimas batiendo records mundiales.
En el ámbito religioso hemos de citar a las destacadas figuras la Madre María de San José y Carmen Rendiles, canonizada esta última como Santa por la Iglesia Católica.
En el caso particular del estado Yaracuy, anoto algunos nombres de féminas que han enaltecido el gentilicio de esta región como son Leonor Bernabó, Blanca Estrella, Pálmenes Yarza, Morita Carrillo, Elena de Serva, Carmen de Ramírez, Elía Parra de Oropeza, Carmen Dudamell, Olga de Pajuelo, Mercedes “Meche” Cordido, Cruz de León, Luisa Stela Morales, Ingrid Parra, Socorro Lira, Aída de Morales, Sixta Mujica de Cariño, Rosi de Maya, Belkys Montilla, Rafaela Villanueva Emán, Catalina de Bolívar, María Auxiliadora de Cordido, Eva de Hernández, Marianita de Valecillos, Demetria Montero de Emán y Narcisa Elena Emán de Jiménez.
Por supuesto, se trata de listas aleatorias carentes de secuencias cronológicas, por lo cual deben disculparse ausencias de nombres en estas o aquellas disciplinas como la ciencia, el arte, la lucha social y cotidiana, donde las mujeres venezolanas se han destacado en sus empeños contra viento y marea, abriéndose paso entre numerosas adversidades para conquistar, por derecho propio, el lugar que bien les corresponde en la historia o la memoria de Venezuela.
1 “Indeferententismo” en el original. Debe tratarse de un arcaísmo de la época. El vocablo correcto sería “indiferencia”