Por: Eduardo Orta Hernández.
Soy de Cagua, soy Caribe, soy Meregoto.
El cemento, la pavimentación sobre el suelo de las islas viales no contribuyen al equilibrio ecológico, violan y agreden un bien ambiental (suelo) que es patrimonio común de la humanidad. Como ciudadanos tenemos derecho a disfrutar de un medio ambiente seguro, sano y ecológicamente equilibrado.
Observamos con máxima preocupación la irracional pavimentación en las islas viales, que separan las avenidas y calles de nuestras ciudades, a lo largo y ancho de las entidades regionales, en todo el país vemos con dolor y tristeza como sobre el originario suelo de los camellones o isletas viales se tapizan, se visten con el duro y gris cemento. En algunos casos siembran palmeras, separadas una de otras por un sofocante cemento, que las rodea y asfixia, la estrecha dentro de un minúsculo círculo de tierra, donde el vegetal es encajado cual cabilla o poste de alumbrado, entre el deslumbrante e hirviente pavimento que la consume y ciega de dolor, de ardor y fragua.
Cuando reflexionamos sobre el propósito y función para lo cual fueron creadas esa islas o isletas de tránsito o de vialidad o canalización, denominadas también como camellones, que son unos espacios que sirven para guiar la dirección de los carros y motos o separan el flujo de carro que van en dirección contraria, ordenan el tráfico vehicular, evitan los indebidos giros e impiden la invasión de la isleta. Camellones cuyo diseño es la guía para el sentido de la circulación vehicular y separar los carriles.
Así la cosa sobre los fines o motivos para su creación, no logramos entender el por qué cubrir el suelo de cemento. Mejor lo verde que ese oscuro y triste gris.
Nos referimos a la estructura real elevada (isla) con borde a todo lo largo de las vías, originalmente de suelo vivo, en su lado superior y a todo lo largo y ancho de su longitud, con sus bioambiente o ecosistema.
En sí, las isletas viales son una franja regularmente elevada de terreno, sobre cuyo espacio ha sido originalmente sembrado con árboles o arbustos, en algunos casos frutales, que sirven de ornato y embellecimiento de la ciudad, productora de sombra, de oxígeno, descontaminan el aire del monóxido de carbono, ayuda a la capa de ozono, también a retener el agua de lluvia, preservando el nivel freático y dan apoyo a los seres vivos, donde consiguen habitación y comida.
Cómo puede observarse las referidas isletas de tránsito o islas viales no son refugios peatonales, ni se camina sobre ellas, ni se invaden los bordillos, ni se saltan sobre los árboles, ni se permite acampar ni permanecer en ellas, para ello están los cruces de esquinas, los cortes, rampas o pasos. Tampoco se permiten carteles, vallas o anuncios que obstaculicen la vista y alteren el paisaje. Está prohibido que los vehículos y las personas pasen por encima de ellas, se estacionen o suban. ¿Entonces para que cubrir de cemento el suelo?
Concebidas así las franjas de terreno de las islas viales, en calles, avenidas y autopistas no es contradictorio su habitual uso verde, con siembra de árboles, grama, flores, arbusto y una gran variedad de vegetación que ayude a preservar el clima, a producir oxígeno y a ser habitación, alimento de la fauna y las aves, mejorando la estética, la belleza de las ciudades para el agrado de la vista y para el buen vivir.
Así descrita la cosa, de pronto, viene lo irracional, lo insólito, el supuesto y negado “desarrollo y progreso”, la nombrada ¡¡modernidad!!, que “justifica” el desastre, la muerte del micro ecosistema, la alteración ecológica y ambiental que se ha formado sobre el espacio suelo de la isla vial. A paso acelerado, la autoridad (municipal o estatal) a los ojos del gobierno nacional, con dinero del erario público arrasa con la existencia vegetal, con el suelo, con la vida que sobre interactúa, cuya existencia se mide en décadas, se cubre de cemento toda una superficie que se integraba en armonía con el resto del paisaje natural, a nadie se le consultó un asunto de interés mayor público, que afecta la vida en las ciudades y caminos, letra muerta el protagonismo y la participación prevista en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.
En esa irracional e injustificada pavimentación de las islas viales, se impone el capricho, la voluntad todopoderosa del mesías o la mesías sobre la racionalidad del gasto público y sobre el obligatorio deber legal y constitucional de proteger a la naturaleza, queda así, fusilado, arrinconado en el paredón de la muerte, el malogrado y asesinado ecosocialismo, con todo y su ministerio, oficinas, instituciones, hablantinas, locuacidades y fantasiosas teorías nunca llevadas a la práctica, por lo menos en ese espacio que tratamos en este artículo denominado isla vial o camello. ¡¡De ello hablan y lo demuestran los hechos!!
Para mejor ilustración, me auxilio con mi escrito anterior titulado: “Cagua y sus frutales. Árboles del recuerdo”, publicado en las páginas digitales de comunicación ENSARTAOS y APORREA, donde expresé:
“…Piensen ustedes y responda las preguntas, ¿es o no es una práctica irracional, propia de gente no “cuerda”, ni de elemental lógica de economía del gasto público, la conducta “heróica” de pavimentar las “islas” en calles y avenidas de las ciudades? Usted dará su respuesta.
En algunos otros casos puntuales, los modernos sabelotodo, en la cuarta y en la quinta república, siembran algunos árboles ornamentales o arbustos, con fines estéticos, no frutales, para luego de sembrados, cercarlos, rodearlos en cemento, siembra un arbolito luego lo apresan en cemento, siembra (algo más allá, en la misma “isla”) otro arbolito y luego, más cemento, entre uno y otro arbusto, presente está el eterno cemento, acorralando y asfixiando los arbustos sembrados en las “islas”.
Pero también hay islas viales sin un árbol sembrado, donde todo su espacio (suelo) es cubierto por el hirviente cemento, sin un solo arbusto, ni siquiera un cactus para el disimulo.
La pavimentación de las islas viales tiene un verdadero aporte, la comunidad siente la acción gubernamental, esa gran contribución a la sociedad, convertida en “ayuda” para que las aguas de lluvia se evaporan, no se filtren en la tierra y se alejen las aguas subterráneas.
¿Sin dudas labor de patria?
¿Por qué en vez de vestir con cemento el suelo y pintarlo de variados colores, no siembran árboles frutales? ¿Cuál es la razón o causa de la manía de no dejar el suelo al natural sin pavimento?
¡¡Caramba!! Es que ignoran, desconocen que sobre esas “islas viales” nadie camina, ni se le va a encharcar o embarrarse los zapatos, que no se estacionan los vehículos, ni las motos, y que no están diseñadas para sentarse, ni el descansar los peatones, por el contrario está prohibido cualquier actividad, entonces surge la necesaria pregunta ¿Para qué y por qué se cubre el suelo vivo, orgánico y fértil con cemento? ¿Será entonces para que “todo se vea bonito al mejor estilo gringo” a costa de la degradación de la naturaleza? ¡¡Qué falta de sindéresis, de juicio!!
Es la lógica del modelo económico capitalista, un sistema de “vida”, empeñado en la acumulación, en la avaricia, nada le importa la naturaleza, el ambiente, el ecosistema, la vida en armonía entre el ser humano y la naturaleza. Una moderna estética, una copia del concepto de belleza a la imagen y semejanza de las grandes metrópolis y por lo tanto, a la “cultura del petróleo”, según estos héroes de mil batallas electorales, es obligatorio parecernos a los del norte, a la “gran civilización”. ¿Es la moda del día?
Así “vivimos” en estos modernos tiempos, entre el vaciado de cemento, pavimentación sobre el virgen suelo de las “islas viales”, la siniestra tala de árboles, la ausente política de siembra de árboles frutales en los espacios públicos, la ausente educación ambiental y ecológica, la negada participación y protagonismo del pueblo, en la ejecución de arborización”.
Afortunadamente la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela prevee que si una actividad (la pavimentación) ha causado daño a los ecosistemas, se debe restablecer el ambiente a su estado natural, lo que significa que hay que quitar el piso de cemento sobre las isletas viales y así restablecer el suelo y preservar el original ecosistema. Es la autorización constitucional y legal de remover y eliminar el piso de cemento y en ese momento ¡¡Viva el rey!! Nadie responde por daños ecológicos, ambientales y económicos.
Cagua, 26 de agosto de 2026
Polvorín. Explosión insumisa de ideas. Un combate por la vida. Somos historia y poesía insurgente.
Soy de Cagua, soy Caribe, soy Meregoto.