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LA ONU Y LA LOGICA DEL GARROTE

Federico Ruiz Tirado
Hay coincidencias en la historia que no son casualidad, sino una renovada escenografía simbólica. Los músculos de la política, con o sin los vigorosos o decadentes símbolos que la ejercitan, no solo dependen de las circunstancias, sino de quienes los expresan.
Apareció Delcy en Nueva York con Mafalda como guardaespaldas y la bufanda roja rojita al cuello, esa prenda fulgurante  que convirtió el Comandante Chávez en marca de fábrica y en bandera de combate.
Y la diplomacia de los misiles y las armas supersónicas, que solo entiende de modales cuando de saquear se trata, sintió de golpe cómo se le atragantaba el buffet multinacional de la ONU. Fue evidente el disimulo.
El olor a azufre sigue intacto
El edulcorado podio del recinto donde Mr Danger Trump quiso humillar a Nicolás Maduro y a Venezuela, debe guardar  la memoria de Hugo Chávez, denunciando el tufo a azufre que dejó Mr. Danger Busch tras pisotear la sacrosanta tribuna con sus botas imperiales.
Aquel día, la palabra del Arañero ardió en los microfónos; hoy, la bufanda encendida y la irreverencia de la niña de Quino vuelven a juntarse para refrescarles la memoria a los verdugos. A veces una imagen dice más que mil palabras
3 de enero, fuego y secuestro
Porque hay que tener la memoria fresca en este turbio 2026. Apenas despuntaba el año, un 3 de enero de fuego y metralla, cuando la barbarie pretendió borrar de un plumazo la soberanía venezolana, descargando su odio criminal sobre Caracas, pulverizando a la tropa leal que custodiaba el descanso de la pareja presidencial y perpetrando el secuestro cobarde de Nicolás y Cilia.
Creían que con el zarpazo nocturno y la sangre derramada iban a liquidar un pueblo.
La Diplomacia de Paz
No solo se equivocaron de nuevo los estrategas de la agresión,  sino algunos camaradas y los otrora chavistas que andan a diestra y siniestra defenestrando el discurso de la presidenta encargada Delcy Rodríguez.
La diplomacia de paz no es debilidad ni resignación; es un lenguaje de dignidad que se les vuelve agrio en las entrañas y les destempla los dientes a los mercenarios de la geopolítica.Y va arraigandose en el pueblo llano.
Por eso, cuando Delcy Rodríguez caminó por Nueva York envuelta en la bufanda del Comandante y con Mafalda increpando al mundo, la Asamblea General entendió el mensaje antes del primer discurso: en Venezuela la dignidad no se rinde, ni se negocia, ni se quita el color rojo rojito.
La pirueta
Hoy, Trump, resucita a Clark Bellamy Foster y retoman esa hebra para explicarnos la nueva pirueta del circo global: el salto mortal del capitalismo tardío hacia el ecofascismo.
El cuadro no puede ser más grotesco. Resulta que el planeta ya reventó siete de los nueve límites ecológicos que le permiten a la especie humana respirar sin máscara de gas. El agua se envenena, el aire se amarga y los plásticos navegan por nuestra propia sangre. Ante semejante apocalipsis de bolsillo, ¿cuál es la respuesta del gran capital monopólico y sus capataces de turno? ¿Ajustarse el cinturón? ¿Parar la maquinaria?
La respuesta es el grito cavernícola de la «perforación masiva» y la negación furiosa del desastre.
Un oxímoron con garras.
Cuando el mercado libre se queda sin oxígeno y sin mercados que devorar, el Estado capitalista se quita el maquillaje democrático, y sale a cazar recursos. Se trata de controlar el petróleo que queda, embargar las tierras raras, levantar muros contra los desposeídos del mundo y convertir la catástrofe ambiental en el negocio más lucrativo del siglo.
Por si faltara un sello de hierro a esta comparsa de la irracionalidad, la propia tribuna de la Asamblea General de las Naciones Unidas presenció el exabrupto definitivo. Allí, sin pudor y a micrófono abierto, Donald Trump amenazó frontalmente con «aniquilar» a Irán y lanzarlo «al infierno sin posibilidad de supervivencia». Ya no hay disimulo imperial ni diplomacia de salón; la lógica del garrote se expone como política de Estado ante el planeta entero.
Así marcha su irracionalidad  en esta era: mientras la tierra arde y el humo de las bombas oscurece los cielos, la élite imperial nos invita a celebrar la barbarie, convencida de que el capital podrá acumularse hasta en el vientre seco del último desierto.
Dignidad con voz de mujer valiente
Delcy Rodríguez asumió una vocación profundamente patriótica al defender con firmeza la dignidad del país. A diferencia de quienes se limitaron a aplaudir el discurso del señor Trump, la representación venezolana no cedió ante la retórica ni asumió posturas sumisas. La intervención del señor Trump en la ONU no representó una simple afrenta personal, sino un agravio generalizado hacia los pueblos de Venezuela, Cuba, Nicaragua, México e Irán; una muestra de pretensión hegemónica que busca imponerse a nivel global.
Resulta incomprensible que existan sectores en Venezuela que celebren estas ofensas atacando a Delcy e incluso hasta a Nicolás Maduro, a quien lo señalan como responsable de la «crisis» después de la muerte de Hugo Chávez. Frente a las críticas de presidentes que pretenden juzgar la moral del país o de analistas que juzgan desde la comodidad, resulta crucial diferenciar entre la provocación estéril y la diplomacia firme.
No es lo mismo confrontar las presiones de frente y con temple, que exigir reacciones viscerales a la distancia o en los conciliabulos de oficinas con presupuestos propios y aires acondicionados.
La lealtad a los principios y el apego a la diplomacia de paz no constituyen una traición, sino una estrategia sabia y soberana.

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