La invasión a Granada tiene un gran parecido a la del 3-E… Y cuidado si liberan a Maduro, porque será para matarlo… Vean esto…

Si a Maduro lo liberaran (malintencionadamente), aquí lo matan, como hicieron con Bishop en Granada…
La situación actual de Venezuela obliga a revisar la invasión de Granada en 1.983.
Por Josefa Contreras. 24 de Septiembre, 2.020.
Lo de Maduro, si le dan libertad será para asesinarlo… es todo un plan… en América Latina y en el resto del mundo pobre, nuestros héroes quedaron (¿quedarán?) sólo para ser recordados en monumentos y PERGAMINOS…
El 19 de octubre de 1983, en el patio de Fort Rupert, en Saint George’s, fue fusilado Maurice Bishop, primer ministro de Grenada, junto a Jacqueline Creft, Unison Whiteman y otros compañeros de gobierno y de lucha. Los fusiles los empuñaron soldados de su propio Ejército, al servicio de una facción de su propio partido. Seis días después, los Estados Unidos invadieron la isla, se llevaron los cuerpos y nunca los devolvieron. Cuatro años y siete meses había durado la revolución de la isla de las especias, apenas 344km² y 100 mil habitantes que se atrevieron a hacer la primera revolución anticolonialista, antiimperialista, marxista y afrodescendiente del Caribe angloparlante.
Al cumplirse 43 años de su muerte, vale la pena volver a Bishop. No solo para honrar a un ícono de la izquierda marxista del Caribe, sino porque su historia guarda una de las lecciones más duras de la izquierda latinoamericana: la división interna le abrió la puerta al enemigo de siempre, que esperaba su oportunidad.
Cuba y el Caribe: romper el cerco
Para entender a Bishop hay que mirar primero al Caribe que lo rodeaba. Tras su expulsión de la Organización de Estados Americanos (OEA) en 1962, Cuba quedó aislada en su propio vecindario y el cerco se rompió desde las islas de habla inglesa. El 8 de diciembre de 1972 la Barbados de Errol Barrow, la Guyana de Forbes Burnham, la Jamaica de Michael Manley y la Trinidad y Tobago de Eric Williams establecieron relaciones con La Habana. Fidel lo recordaría como «una decisión de incuestionable valentía política», tomada por países pequeños «en un entorno hostil y de grandes presiones». Esa fecha es hoy el Día de la Amistad Caricom-Cuba.
Esta hermandad no estuvo exenta de violencia. El 6 de octubre de 1976 un avión de Cubana de Aviación, a causa de un atentado perpetrado por la CIA, estalló frente a Barbados con 73 personas a bordo, entre ellas jóvenes guyaneses que iban a estudiar a Cuba. «Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla», dijo Fidel en la despedida de duelo. En ese Caribe que despertaba, que buscaba su propia voz entre la herencia colonial y la presión de Washington, creció el joven abogado que iba a encabezar la revolución más pequeña y más audaz del Caribe oriental.
El hijo de un Caribe en ebullición
Maurice Rupert Bishop nació en Aruba el 29 de mayo de 1944, hijo de Rupert y Alimenta Bishop, grenadinos del noreste de la isla que habían migrado para trabajar en la refinería de petróleo. Regresó con su familia a Grenada siendo niño. Era alto y hermoso. Complexión atlética, un deportista activo desde la infancia. Medía algo mas de un 1.90m. Con su estatura, su voz serena, una mirada transparente y una cálida sonrisa, a decir de su primo Bob Evans, se convirtió en un líder amado por el pueblo que llenaba las plazas y despertaba esperanza.
Ganó una de las cuatro becas del gobierno para el Presentation Brothers’ College, donde presidió el consejo estudiantil, el club de debate y el grupo de estudios de Historia, y dirigió el periódico Student Voice. En 1962 se graduó con la Medalla de Oro del director por su desempeño académico y general. Ese mismo año fundó, junto a Bernard Coard, la Asamblea de la Juventud de Grenada en Lucha por la Verdad: la historia de ambos había empezado mucho antes de la ruptura.
En diciembre de 1963 viajó a Inglaterra a estudiar Derecho en la Universidad de Londres, y en 1966 fue admitido como abogado en Gray’s Inn. En la capital de Reino Unido dirigió asociaciones estudiantiles, participó en la Campaña contra la Discriminación Racial y ayudó a fundar una oficina de asistencia legal gratuita para la comunidad caribeña en Notting Hill. Allí se encontró con las ideas que estaban sacudiendo al mundo colonial: el panafricanismo, el pensamiento de Frantz Fanon y de Julius Nyerere, el Poder Negro que en 1970 estremeció a Trinidad, la obra de Walter Rodney y la herencia de Marcus Garvey. Desde joven admiró a Fidel Castro y al Che Guevara.
Volvió a Grenada en 1970 y su primera batalla fue en los tribunales: defendió a las enfermeras en huelga del Hospital General de Saint George’s, y por ello fue detenido con otras 30 personas, todas absueltas tras siete meses de juicio. En 1972 organizó, con Kenrick Radix y Jacqueline Creft, el Movimiento por las Asambleas del Pueblo, que en enero de 1973 se unió con JEWEL, que dirigía Unison Whiteman, para formar el New Jewel Movement, con Bishop y Unison Whiteman como secretarios coordinadores. En 1976 fue elegido diputado y asumió como líder de la oposición. En 1979, con apenas 34 años, sería primer ministro.
En todo ese camino lo acompañó Unison Whiteman, su amigo y compañero desde la fundación del Movimiento. Whiteman había creado JEWEL, el movimiento campesino de Saint David, y cuando este se fundió con el de Bishop ambos compartieron la conducción del New Jewel Movement. Con la revolución fue nombrado canciller, y fue la voz de la pequeña Grenada en los foros internacionales. Las paradojas de la vida quisieron que los dos amigos que habían empezado juntos la lucha la terminaran también juntos: el 19 de octubre de 1983 Whiteman fue fusilado al lado de Bishop en Fort Rupert.
La Grenada de entonces vivía bajo el gobierno de Eric Gairy, un caudillo que se sostenía con fraude electoral y con su propia fuerza de choque, la Mongoose Gang (mangosta). En noviembre de 1973 Bishop fue golpeado brutalmente por la policía junto a otros dirigentes, y en enero de 1974, el mismo mes de la independencia, su padre, Rupert Bishop, fue asesinado durante una protesta por la banda de Gairy. La lucha contra Gairy se volvió también un asunto de sangre para él.
El 13 de marzo de 1979, mientras Gairy estaba en Nueva York, el New Jewel Movement tomó el poder casi sin disparar. Fue la primera revolución triunfante en el Caribe angloparlante, y nació el mismo año que la sandinista.
«No estamos en el patio trasero de nadie»
Apenas un mes después, el embajador de los Estados Unidos advirtió que Washington vería con desagrado un acercamiento de Grenada a Cuba. Bishop respondió el 13 de abril de 1979 por la radio nacional, con el discurso que lo definiría para siempre:
«Nadie, por muy poderoso que sea, podrá dictarle al Gobierno y al pueblo de Grenada con quién podemos tener relaciones de amistad. No estamos en el patio trasero de nadie, y definitivamente no estamos en venta.»
El Gobierno Revolucionario del Pueblo se propuso cambiar la vida cotidiana de una isla pobre. Lanzó una campaña de alfabetización a través del Centro de Educación Popular, amplió la salud y la educación gratuitas, entregó leche a los niños y, según las cifras del propio Gobierno Revolucionario, redujo el desempleo de casi la mitad de la población activa a cerca de un 14%.
Cuba respondió con médicos, maestros, becas y cientos de obreros para construir el Aeropuerto Internacional de Point Salines, el sueño de una isla que quería abrirse al turismo y al mundo sin depender de nadie. Washington lo presentó como una futura base militar soviética. El 1 de mayo de 1980, ante un millón y medio de personas en la Plaza de la Revolución de La Habana, Bishop agradeció:
«Sin la Revolución cubana de 1959 no habría habido revolución grenadina, ni revolución nicaragüense en 1979.»
Y advirtió: «Si tocan a Cuba o si tocan a Nicaragua, tocan también a Granada». Cerró con la consigna que todavía se repite en el Caribe: «¡Adelante siempre, retroceder nunca!».
Los amigos de la revolución
Grenada no estuvo sola. Su amigo más cercano fue Fidel Castro, a quien Bishop visitó por primera vez en mayo de 1977 y con quien construyó una relación de confianza que iba más allá de la política. En Nicaragua, los sandinistas, que triunfaron el mismo año, fueron sus hermanos de generación; Bishop los nombraba junto a Cuba como parte de un mismo destino. En el Caribe anglófono lo acompañaron dirigentes como Michael Manley en Jamaica y una red de intelectuales que había conocido en los encuentros del Black Power, como el santaluciano George Odlum y el jamaicano Trevor Munroe.
La Revolución despertó también la simpatía de artistas e intelectuales de todo el mundo. El cantante Harry Belafonte, de raíces caribeñas, a quien Bishop llamaba «nuestro Harry Belafonte», fue uno de sus grandes amigos en los Estados Unidos. La poeta Audre Lorde, hija de madre grenadina, siguió el proceso con pasión y, tras la invasión, escribió Grenada revisitada, un testimonio contra la ocupación. La activista Angela Davis y buena parte del movimiento negro estadounidense se solidarizaron con la isla, que Bishop recordaba como tierra de la madre de Malcolm X. Hasta Suecia llegó el eco: el periodista Stieg Larsson, futuro autor de la saga Millennium, viajó a Grenada en 1981 con su compañera Eva Gabrielsson, escribió sobre la «revolución desconocida», organizó colectas para las cooperativas de la isla y años después llevó su paisaje a las páginas de La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina.
En el Caribe, el novelista barbadense George Lamming acompañó el proceso y, tras su caída, despidió a Bishop en un acto de homenaje en Trinidad, en diciembre de 1983. A la isla llegaron jefes de Estado africanos como Kenneth Kaunda y Samora Machel, y muchos jóvenes de la Región fueron a trabajar como voluntarios. En agosto de 1983, dos meses antes de su muerte, Bishop dio su último gran discurso internacional en el Hunter College de Nueva York, ante una comunidad caribeña que lo recibió como a un líder propio. Dentro de su movimiento, sus compañeros más leales fueron Unison Whiteman, Kenrick Radix y Jacqueline Creft, la mujer con quien tuvo a su hijo Vladimir Illich (asesinado en Canadá a los 16 años) y que al momento de su muerte tenía cuatro meses de embarazo.
Una revolución de la palabra y de las mujeres
Bishop entendía la Revolución como una conversación permanente con su pueblo. Las asambleas de parroquia y de barrio, los consejos de trabajadores, de campesinos y de jóvenes, discutían el presupuesto nacional y los planes del gobierno. Era una democracia que se medía en la participación cotidiana. Él mismo recorría la isla, hablaba en las plazas y escuchaba, con una mezcla de cercanía y carisma que hizo de su figura algo más que la de un dirigente; era, para muchos grenadinos, el único lider de la Revolución.
Las mujeres tuvieron un lugar central en ese proceso. La Organización Nacional de Mujeres impulsó la igualdad salarial, la licencia de maternidad y la participación política, y figuras como Jacqueline Creft, ministra de Educación, encarnaron un proyecto que veía en la educación la base de la soberanía. Creft murió junto a Bishop en Fort Rupert. Su nombre, a menudo olvidado, merece estar en cada homenaje.
La grieta: Bishop y la facción de Coard
La Revolución, que resistía las presiones de Washington, empezó a quebrarse por dentro. Bernard Coard, viceprimer ministro y ministro de Finanzas, era el gran organizador del partido y el teórico de la línea más dura. Formado en Inglaterra y en las universidades del Caribe, impulsó un New Jewel Movement cada vez más cerrado, de cuadros, con una disciplina leninista que se alejaba del estilo abierto y popular de Bishop. En 1982 se retiró de los organismos de dirección del partido alegando diferencias con la conducción de Bishop, pero conservó una enorme influencia sobre la militancia y sobre el Ejército.
En septiembre de 1983 el Comité Central criticó la conducción de Bishop y aprobó un «liderazgo conjunto»: Bishop seguiría a cargo de la relación con las masas y la política exterior y Coard tomaría la organización del partido y la estrategia. Bishop pareció aceptar en un primer momento. Luego viajó a Hungría y Checoslovaquia, pasó por La Habana y a su regreso decidió enfrentar la división que amenazaba al proceso politico. El Comité Central no aceptó la crítica y decidió darle casa por cárcel al joven líder. Para muchos de sus compañeros aquello era la quiebra del principio de la dirección colectiva; para el pueblo Bishop seguía siendo la Revolución.
Hay un detalle que el Gobierno cubano subrayaría después. En sus conversaciones con Fidel, Bishop no mencionó ni una sola vez las graves diferencias que dividían a su partido. La Habana lo interpretó como una prueba de su dignidad y de su respeto por el partido y por Cuba. Pero también revela la soledad en que estaba librando esa batalla.
Octubre de 1983: el final
El 12 de octubre, acusado de haber difundido el rumor de que Coard planeaba asesinarlo, Bishop fue puesto bajo arresto domiciliario por decisión del Comité Central. La noticia corrió por la isla. Durante una semana hubo mediaciones, reuniones y amenazas, mientras crecía la indignación popular.
La mañana del 19 de octubre miles de grenadinos marcharon hasta la residencia de Bishop en Mount Wheldale y lo liberaron. Fue llevado en hombros por la multitud hasta Fort Rupert, la sede del mando militar, donde los soldados de guardia entregaron sus armas sin resistencia. Desde allí, Whiteman y el sindicalista Vincent Noel enviaron un mensaje a Fort Frederick, donde se reunía la facción de Coard, exigiendo su rendición.
La respuesta fue militar. Desde Fort Frederick partieron tropas del Ejército Revolucionario del Pueblo con vehículos blindados. Al llegar a Fort Rupert abrieron fuego contra la multitud que se congregaba; muchos se lanzaron por los muros para salvarse. En el tiroteo murieron también soldados y un número de civiles que nunca ha sido establecido con certeza. Cuando el fuerte fue tomado Bishop y sus compañeros fueron separados del resto y llevados al patio. Según el testimonio de un operador de radio de la Policía, el teniente coronel Ewart Layne, desde Fort Frederick le dio al oficial Callistus Bernard, conocido como Abdullah, que comandaba la tropa allí, la orden de ejecutarlos. Layne y Abdullah lo han negado. La responsabilidad política recayó en la dirección encabezada por Bernard Coard, aunque nunca se ha probado quién dio la orden final.
Contra el muro del patio fueron fusilados Maurice Bishop, primer ministro; Unison Whiteman, ministro de Relaciones Exteriores y cofundador del Movimiento; Jacqueline Creft, ministra de Educación; Norris Bain, ministro de Vivienda; Fitzroy Bain, dirigente del sindicato de trabajadores agrícolas; Vincent Noel, dirigente sindical; y Keith Hayling, Evelyn Bullen y Evelyn Maitland, partidarios de Bishop que estaban a su lado. Esa noche el general Hudson Austin anunció por la radio un Consejo Militar Revolucionario y un toque de queda de cuatro días, con orden de disparar a quien saliera a la calle.
Según el relato de los propios acusados los cuerpos fueron arrojados a una fosa en el campamento de Calivigny junto con neumáticos y escombros, y quemados. Las tropas estadounidenses descubrieron la fosa después de la invasión y el 8 de noviembre de 1983 excavaron los restos. Un equipo encabezado por militares de los Estados Unidos los examinó en un laboratorio de anatomía en Grenada, y muestras de tejido fueron llevadas a los Estados Unidos[1]. Desde entonces se les perdió el rastro. El gobernador general, Paul Scoon, habría declarado ante la Comisión de la Verdad que el Gobierno estadounidense le dijo que el cuerpo de Bishop fue sepultado en el mar[2]. Según el periodista santaluciano Earl Bousquet un alto funcionario de la embajada de los Estados Unidos en Barbados reconoció públicamente en 2013 que los restos estaban en poder de su país[3]. El Departamento de Estado, en cambio, sostiene que no tiene «conocimiento ni información» sobre ellos[4]. Como en las dictaduras del Cono Sur de esos mismos años, la desaparición de los cuerpos se convirtió en una forma de borrar la memoria. Cuarenta y tres años después, Granada sigue sin saber dónde están. Su madre, Alimenta Bishop, pasó tres décadas reclamándolos. Había perdido a su esposo a manos de la banda de Gairy y a su hijo en una tragedia que nadie le terminó de explicar. En 2005 pidió formalmente que le entregaran el cuerpo y dejó palabras que son una herida abierta:
«Puedo ir a la tumba y decir: aquí está enterrado mi esposo. Pero no puedo decir lo mismo de mi hijo. Cada vez que pregunto por qué no me dan una palabra sobre el cuerpo de mi hijo, me dicen que perdone. ¿Cómo voy a perdonar si no tengo respuestas sobre mi hijo?»
Alimenta murió el 24 de agosto de 2013, a los 99 años, sin saber dónde está Maurice.
El 25 de octubre, con el pretexto de proteger a estudiantes estadounidenses y con el respaldo de algunos gobiernos del Caribe oriental, los Estados Unidos invadieron la isla con miles de soldados. Los obreros cubanos que construían el Aeropuerto, unos 784 en total, en su mayoría trabajadores de la construcción, resistieron en Point Salines. Murieron 24 cubanos. La Revolución fue derrocada en tres días. La invasión, que según muchos analistas se venía ensayando desde 1981 en maniobras militares en el Caribe, encontró en el crimen de Fort Rupert el pretexto que buscaba.
Fidel: «No son cadáveres, son símbolos»
El 14 de noviembre de 1983, en La Habana, Fidel despidió a los cubanos caídos en Grenada con un discurso que fue a la vez duelo y juicio. Sobre Bishop dijo que «no era un extremista, sino un verdadero revolucionario, concienzudo y honesto», y que si tuvo algún defecto fue «su excesiva tolerancia y confianza». A la facción que lo asesinó la llamó el «grupo Pol Pot», y dejó una frase que sigue siendo una advertencia para cualquier proyecto emancipador: «Ningún crimen debe cometerse en nombre de la revolución y la libertad».
Fidel no ocultó que Cuba se había negado a intervenir en la disputa interna del partido grenadino, ni que la muerte de Bishop había dejado a la Revolución sin el apoyo del pueblo y a merced de la invasión. De los obreros y soldados cubanos caídos lejos de su tierra dijo: «No son cadáveres, son símbolos». Y cerró con una imagen que hoy suena a profecía:
«Las campanas que doblan hoy por Grenada pueden doblar mañana por el mundo entero.»
Lo que vino después
En 1986 un tribunal grenadino condenó a muerte a 14 de los acusados, entre ellos Bernard Coard, su esposa Phyllis Coard y Hudson Austin. El juicio, conocido como el de los «17 de Grenada», fue cuestionado por Amnistía Internacional, que en 2003 lo calificó de injusto. Las penas fueron conmutadas y en septiembre de 2009 salieron en libertad los últimos presos. En 1997 el grupo había publicado una disculpa pública en la que asumía la responsabilidad colectiva por la tragedia, y Coard declaró en entrevistas posteriores que los dirigentes asumían «la responsabilidad moral y política» de lo ocurrido, aunque atribuyó los fusilamientos a la venganza de soldados sin preparación.
Entre 2001 y 2006 funcionó una Comisión de la Verdad y Reconciliación, que intentó cerrar las heridas abiertas por la Revolución, el crimen y la invasión. Algunos historiadores como Richard Drayton ponen el acento en la responsabilidad de la facción que destruyó al partido desde adentro. Otros, como el propio Stieg Larsson en sus crónicas de 1983, señalaron que el gran beneficiario de la tragedia fue Washington, que llevaba cuatro años presionando, aislando y amenazando a la isla, y que tras la invasión se llevó los cuerpos de los dirigentes asesinados. Ambas verdades conviven: la división abrió la herida y los Estados Unidos la aprovecharon.
Otros análisis, desde la izquierda caribeña, han señalado en la distancia entre un partido de cuadros cada vez más pequeño y un pueblo que seguía a Bishop la tentación de copiar modelos ajenos en una isla de 100 mil habitantes y la incapacidad de resolver las diferencias sin recurrir a la fuerza. La pregunta de fondo sigue abierta: ¿Cómo se construye una dirección colectiva sin destruir a los líderes que el pueblo reconoce como propios?
Lo que Bishop nos dice hoy
43 años después, el Caribe y América Latina vuelven a escuchar viejas palabras. La doctrina que considera a nuestra Región como el patio trasero de una potencia ha vuelto a ser invocada sin pudor y las presiones sobre los países que eligen sus propias amistades no han desaparecido. La frase de Bishop, «no estamos en el patio trasero de nadie, y definitivamente no estamos en venta», conserva toda su vigencia.
Pero su legado no es solo una consigna contra el poder externo, es también una advertencia hacia adentro. Grenada demostró que una revolución puede soportar el bloqueo, la propaganda y la amenaza, y aun así quebrarse cuando sus dirigentes olvidan que el poder pertenece al pueblo que la sostiene. La unidad, que Fidel defendió hasta el final, no fue para Grenada una palabra hueca, sino la diferencia entre la vida y la muerte de un proyecto.
El regreso
En agosto de 1998 Fidel aterrizó en Grenada, en el Aeropuerto que habían levantado los obreros cubanos, al mando de Bob Evans, primo de Bishop y un profesional intachable. Fidel develó una tarja en memoria de los 24 caídos y visitó a Alimenta Bishop, la madre de Maurice. En 2009 ese Aeropuerto pasó a llamarse Maurice Bishop. Desde 2023, el 19 de octubre es feriado nacional en Grenada. El primer ministro, Dickon Mitchell, explicó que el día existe «para reconocer la naturaleza sombría, la naturaleza trágica de lo que ocurrió»; y en 2024 dijo que esa fecha «quedará grabada para siempre en nuestra psique colectiva y en nuestra historia como un día de tragedia». Su Gobierno anunció un santuario en Fort George, el antiguo Fort Rupert, y un busto de Bishop realizado junto a una fundación cubana.
La historia de Bishop es la del Caribe que se negó a ser patio trasero, y también la de una Revolución que pagó el precio más alto por su división.
43 años después su voz sigue llegando por la radio de la memoria, firme y serena, con la consigna que no lograron fusilar: “Adelante siempre, retroceder jamás”.
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Cris González Venezolana, analista internacional, poeta, artista visual, periodista, fundadora de la revista Correo del Alba
Bibliografía y fuentes
González, Kris. Bishop y la revolución de Granada.
Revista Correo del Alba, www.correodelalba.org. Grenada
Bishop, Maurice. Discursos del 13 de abril de 1979 y del 1 de mayo de 1980, en In Nobody’s Backyard. Maurice Bishop’s Speeches, 1979-1983, Zed Books, Londres, 1984.
Castro, Fidel. Discurso en la despedida de duelo de las víctimas del crimen de Barbados, La Habana, 15 de octubre de 1976.
Castro, Fidel. Discurso en la despedida de duelo de los cubanos caídos en Granada, La Habana, 14 de noviembre de 1983.
Castro, Fidel. Discurso en la Cumbre CARICOM-Cuba, 8 de diciembre de 2002 (cuba.cu, caricom.org).
Declaración del Partido y el Gobierno de Cuba sobre los sucesos de Granada, octubre de 1983.
Global Voices, Forty years later, Grenada officially remembers the murders of its Prime Minister Maurice Bishop and others, 2023.
Nation News, Mother of Maurice Bishop passes, 2013.
The New Today, Government to build Shrine at Fort George, 2024.
Jamaica Observer, Maurice Bishop put country before self, says his widow, 2023.
Caribbean Life, Slain Grenada revolutionary leader Maurice Bishop.
Bishop, Maurice. Discurso en el Hunter College, Nueva York, agosto de 1983.
The New Today, The order to kill Maurice Bishop.
Powers, Martine; Muldoon, Ted y Svirnovskiy, Rennie. U.S. may hold key to finding remains of Grenada’s prime minister, The Washington Post, 8 de diciembre de 2023.
The Voice (Santa Lucía), Corbyn backs bringing back Bishop’s body, 31 de octubre de 2020.
Gabrielsson, Eva. Stieg Larsson, Millennium och Grenada (marxistarkiv.se).
Lorde, Audre. Grenada Revisited: An Interim Report, 1984.
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[1]Martine Powers, Ted Muldoon y Rennie Svirnovskiy, «U.S. may hold key to finding remains of Grenada’s prime minister», The Washington Post, 8 de diciembre de 2023. Reproducido por el Institute of the Black World 21st Century, ibw21.org, 12 de diciembre de 2023.
[2]Ibídem. La declaración de Paul Scoon ante la Comisión de la Verdad y Reconciliación fue privada; la cita la entregó la fiscal general de Granada, Claudette Joseph, a The Washington Post.
[3]«Corbyn backs bringing back Bishop’s body», The Voice, Santa Lucía, 31 de octubre de 2020, que recoge el testimonio del periodista Earl Bousquet.
[4]Declaración del Departamento de Estado a The Washington Post, en Powers, Muldoon y Svirnovskiy, op. cit.

Recordando la historia.
Maurice Bishop, el que muriò con las botas puestas.
La intervención militar estadounidense en Granada en octubre de 1983, conocida oficialmente como la invasión de Granada, constituyó uno de los episodios más reveladores de la Guerra Fría en el Caribe y dejó al descubierto que, incluso frente a una abrumadora superioridad tecnológica y armamental, la resistencia basada en convicciones políticas y dignidad nacional puede alterar los cálculos de una potencia hegemónica.
Granada, una pequeña isla caribeña, había iniciado en 1979 un proceso de transformación política tras el triunfo del Movimiento New Jewel, encabezado por Maurice Bishop. Su gobierno impulsó reformas sociales profundas, estrechó relaciones con Cuba y otros países socialistas, y promovió proyectos de infraestructura estratégica como el aeropuerto de Point Salines, construido con amplia participación de trabajadores y técnicos cubanos. Para Washington, ese acercamiento era inaceptable: veía en Granada un “mal ejemplo” que podía irradiarse por el Caribe.
Cuando estalló una crisis interna en el seno del propio proceso revolucionario granadino, Estados Unidos aprovechó el momento. Tras la detención y posterior asesinato de Maurice Bishop el 19 de octubre de 1983, el país quedó sumido en el caos institucional. Apenas seis días después, tropas estadounidenses, junto a fuerzas de algunos Estados caribeños aliados, lanzaron la invasión. La operación fue presentada como una acción de “rescate” y “restauración del orden”, pero en la práctica fue una intervención directa para eliminar un proyecto político soberano.
En el terreno, la resistencia fue mayor de la que el Pentágono había previsto. Las fuerzas granadinas eran limitadas y mal equipadas, pero contaron con el apoyo de cerca de 700 cubanos presentes en la isla, en su mayoría obreros de la construcción, ingenieros, médicos y técnicos, no una fuerza de combate regular. Sin embargo, ante la agresión, muchos de ellos tomaron las armas. Combatieron con fusiles ligeros y escasos medios frente a paracaidistas, infantería de marina, helicópteros artillados y apoyo aéreo continuo. La toma del país no fue inmediata ni limpia: hubo desorganización, bajas significativas y resistencia en puntos clave como el propio aeropuerto.
El costo humano fue elevado para una operación de tan corta duración. Murieron al menos 24 cubanos, decenas resultaron heridos y varios fueron hechos prisioneros. También cayeron combatientes granadinos y civiles. Para Cuba, aquellos muertos pasaron a la historia como internacionalistas que defendieron no un territorio propio, sino un principio: el derecho de un pueblo pequeño a decidir su destino sin imposiciones externas.
La figura de Maurice Bishop quedó marcada por un final trágico. Tras ser liberado por una multitud que lo sacó de su arresto domiciliario, se dirigió al cuartel de Fort Rupert, donde fuerzas leales a la facción golpista abrieron fuego contra la concentración. Bishop fue capturado y ejecutado sumariamente junto a varios de sus colaboradores más cercanos. Su muerte no fue causada directamente por tropas estadounidenses, pero creó el vacío político que facilitó la invasión y sirvió de pretexto para ella.
En perspectiva histórica, Granada demostró que la fuerza bruta no siempre garantiza una victoria política ni moral. Estados Unidos ocupó la isla, derrocó al gobierno revolucionario y reorganizó el poder, pero no logró borrar el significado simbólico de aquella resistencia. La participación cubana, pese a las pérdidas y a la derrota militar, envió un mensaje claro: frente al imperialismo, la dignidad puede no detener los tanques, pero sí desnudar la injusticia de su avance y dejar constancia de que incluso los pueblos pequeños pueden escribir páginas de heroísmo que trascienden su tamaño y su tiempo.
Maurice Bishop nació en 1944 en la pequeña isla caribeña de Granada, colonia de la corona inglesa hasta que en 1974 consiguió su independencia.
Trayectoria
Bishop era, como el 80% de la población de la isla, descendiente de esclavos africanos traídos allí por los europeos. Estudió Derecho en Gran Bretaña. En 1979, junto con otros revolucionarios, encabezó una revuelta armada contra la dictadura de Eric Gairy, amigo personal de Pinochet.
Vida personal
En 1966 se casó con Angela Redhead. Tuvieron dos hijos, John y Nadia. Angela Bishop emigró a Canadá con sus dos hijos en 1981, mientras Bishop era Primer Ministro.
Gobierno
El Movimiento de la Nueva Joya, al que pertenecía, derrocó al régimen de Eric Gairy en 1979 y le nombró Primer Ministro de Granada. Su gobierno llevó a la práctica muchas políticas socialistas y estrechó las relaciones con Cuba, la URSS y otros países del bloque comunista. Bishop comenzó varios proyectos, incluida la construcción de un nuevo aeropuerto internacional en el extremo sur de la isla. El financiamiento provino de Cuba.
Golpe de Estado
El presidente estadounidense Ronald Reagan acusó a Bishop de utilizar el nuevo aeropuerto como base militar soviética. Los Estados Unidos fomentaron el clima de tensión que provocó un golpe de estado contra Bishop, preparando una invasión a Granada con una feroz guerra mediática. Finalmente, el aeropuerto fue terminado con ayuda estadounidense años más tarde. Este aeropuerto fue una de las justificaciones de la invasión, ya que los Estados Unidos afirmaban que se estaba construyendo para uso militar de cubanos y soviéticos. Sin embargo, después de la invasión se probó que solamente había trabajadores civiles cubanos y ningún asesor militar cubano o soviético.
Derrocamiento
En octubre de 1983, al regresar de una visita diplomática a Checoslovaquia y Hungría, Bishop fue derrocado por los partidarios del viceprimer ministro Bernard Coard (antiguo compañero de Bishop), y puesto bajo arresto domiciliario. Una revuelta popular lo liberó, pero el gobierno de Coard y Hudson Austin ordenó su ejecución en la base militar de Fort Rupert.
Muerte
Bishop fue ejecutado junto a la Ministra de Educación y pareja de Bishop, Jacqueline Creft, y otros miembros del gobierno como Unison Whitman. Este hecho motivó la invasión de la isla por el ejército de los Estados Unidos seis días después (el 25 de octubre) en la llamada Operación Furia Urgente.

A todos los venezolanos y venezolanas, quienes consideran que la invasión a nuestro país por el gobierno norteamericano junto con otros países aliados, usados como marionetas, es la solución de nuestros problemas, deseo sugerirles que hagan una rápida búsqueda en internet, de todo lo relacionado con dos invasiones, no en el medio oriente ni en el sudeste asiático, sino aquí mismo en el caribe. Me refiero a las invasiones de Granada y Panamá, ocurridas en octubre de 1.983 y diciembre de 1.989, respectivamente. En este artículo comentaremos la de Granada.
Esta invasión fue preparada con bastante antelación, pues había que fabricar las justificaciones aparentes por un lado, y asegurar el triunfo, por el otro. Además, había que presionar y comprometer a otros países caribeños como Barbados, Dominica y Jamaica, para que se viera como una acción conjunta, aparte de alimentar a los medios de prensa y TV para ponerlos totalmente de su lado.
En el fondo, cual fue la verdadera justificación del gobierno de Ronald Reagan para invadir Granada?
Los periodistas de investigación, historiadores, académicos y grupos relevantes de defensa de los derechos humanos en el mundo, como Amnistía Internacional y la Comisión Interamericana de derechos humanos, han tenido acceso a múltiples fuentes que van desde los archivos desclasificados del gobierno norteamericano, hasta reportajes, artículos de prensa, entrevistas a periodistas, a los estudiantes norteamericanos que fueron evacuados de la isla, a algunos de los Texas Rangers, quienes participaron en la invasión y a algunos de los sobrevivientes y sus familiares, etc.
De toda esta información se desprenden algunos hechos muy claros. Veamos los siguientes:
1) Desde la instalación del gobierno pro-socialista de Maurice Bishop, el gobierno norteamericano comenzó a bloquear los créditos internacionales a Granada, creando una severa crisis económica, en una depauperada isla, de apenas 344 Km cuadrados y 90.000 habitantes, aproximadamente.
2) Al gobierno norteamericano le preocupaba la creciente influencia de Cuba y los Soviéticos en el hemisferio occidental. No veían bien el significativo apoyo que Cuba daba a la educación, al Sistema de Salud y a la construcción de un nuevo aeropuerto, lo cual no aceptaban, pues serviría como una base militar Cubano-Soviética. Se rechazó por completo que dicho aeropuerto fuese un medio para estimular el turismo, en una isla con un nivel elevado de pobreza, la cual dependía básicamente de la agricultura para sobrevivir.
3) El presidente republicano Ronald Reagan había manifestado que no invadiría a Granada.
4) Los analistas políticos del gobierno norteamericano aprovecharon la lucha interna en el Movimiento La Nueva Joya, para proceder a la invasión. Maurice Bishop, su líder principal, fue depuesto y secuestrado. Luego de una inmensa manifestación del pueblo que reclamaba su presencia, fue liberado, culminando todo con la oscura muerte de Maurice Bishop y su grupo en el cuartel militar Rupert.
5) Según el gobierno norteamericano, los estudiantes de medicina en la isla tenían su vida en riesgo. Sin embargo, se demostró que nunca estuvieron expuestos a peligro alguno. Sí esto hubiese ocurrido, muchos de ellos habrían muerto, pues hubo oportunidad; pero ninguno de ellos ni siquiera un rasguño presentó. Es más, algunos estudiantes durante entrevistas manifestaron que nunca estuvieron en peligro y que ofrecieron resistencia a ser evacuados y que sintieron temor por su rescate.
6) Durante la invasión, a los periodistas y reporteros de prensa y TV se les negó el ingreso a la isla. El ejército norteamericano lo impidió, so pena de ser detenidos. No hubo posibilidad de cubrir los hechos en su verdadera dimensión. Solo hubo una versión de lo que pasó, dada en la Casa Blanca y en el Pentágono.
7) Se atacó indiscriminadamente a la población civil. Por tres días se bombardeó la isla sin ningún miramiento. No hubo precaución de ningún tipo, independiente del sexo y de la edad. Se cree que la cantidad de heridos y muertos fue considerable, mucho más de lo que se informó posteriormente. Apenas se mencionó el bombardeo por un avión-caza naval, a un hospital para enfermos mentales, arrojando más de 20 personas fallecidas y muchos heridos.
8) Amnistía Internacional informó que los prisioneros encerrados en los barcos de guerra, fueron sometidos a un trato cruel e inhumano. Todos, absolutamente todos los derechos humanos fueron abiertamente violados, sin temblarles el pulso. La mayoría de los prisioneros eran colocados en cajones de madera y expuestos completamente al sol caribeño. Bernard Coard, el líder principal, fue puesto durante nueve días en un cajón de metal, cerca del cuarto de máquinas de las embarcaciones, donde hacía un calor infernal y un ruido más que ensordecedor. Los interrogatorios eran al estilo Guantánamo. De nada valió la Convención de Ginebra ni la Constitución de Granada, ni nada. Tanto a los abogados como a sus familiares se les negó ver o hablar con los prisioneros, quienes estaban incomunicados y mantenidos en secreto.
9) En 1.991, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos encontró que el Gobierno Norteamericano, mediante la farsa del enjuiciamiento de los prisioneros, había violado completamente una serie de artículos de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre.
10) Los principales líderes, aproximadamente 17, fueron enjuiciados sin ninguna garantía del debido proceso. Se negó el acceso a documentos muy importantes como evidencias, los cuales se sospecha fueron hurtados o escondidos en los buques invasores. Se bloqueó la presencia de testigos vitales. El jurado fue escogido de forma fraudulenta. Al final, fueron sentenciados a muerte y luego se les conmutó dicha pena. Se cree que el ejército invasor pagó una elevada suma de dinero al juez de la causa y a los miembros del jurado.
11) Había una urgente necesidad de aumentar el orgullo nacional norteamericano, y del ejército en particular, por los reveses sufridos en la guerra de Vietnam, la crisis de los rehenes en la embajada norteamericana en Irán y la muerte en Beirut, de más de 164 marines norteamericanos, con un carro-bomba. Se hablaba del Renacimiento Americano y de la Venganza de Vietnam.
12) Hubo un rechazo mundial a esa invasión. La Asamblea General de la ONU, con una votación de 108 a 9, condenó la invasión como una “Flagrante violación del derecho Internacional” Canadá e Inglaterra, a Través de Margaret Thatcher, rechazaron abiertamente dicha invasión.
13) Menos explícita, pero no menos importante, es la tesis que se ha planteado, de lo inconveniente que sería para las élites del poder político y económico de Norteamérica, aceptar que se instalara un gobierno progresista y socialista en una ex-colonia británica, con
una población anglo-parlante casi en su totalidad Afro-Caribeña, por el potencial y la negativa influencia que pudiese repercutir a mediano y largo plazo sobre los Afro-Americanos.
Ahora bien, ¿qué podemos decir sobre este desgraciado evento y su relación con nuestro país? Tenemos que vernos en el espejo de lo ocurrido en Granada. Hay algunos elementos en común, por estar nosotros asediados, hostigados y sometidos a una de las peores aberraciones de un poder que se considera asimismo excepcional, así como el gendarme necesario.
Un poderoso y omnipotente país contra uno muy pequeño, que trata de establecer un Sistema Político-Económico-Social basado en la justicia social, la equidad y la inclusión.
Defendemos la paz, la multipolaridad y la soberanía de nuestras riquezas y de nuestro destino. Esto luce imposible, tanto para nosotros como para cualquier país en algún rincón de la tierra, sobre todo si tiene riquezas naturales importantes. Reto a que busquen un solo país con ideas progresistas, con claridad sobre la justicia social y con grandes riquezas, que no esté inmerso en serios y graves problemas, luchando por su supervivencia, para no ser exterminado por el mayor practicante del Bullying sobre la faz de la tierra. Finalmente, mis queridos y queridas lectoras, por favor revisemos la historia reciente y tratemos de aprender, para así cometer menos errores. Y no olviden lo que les dije en uno de mis artículos anteriores, hace un par de meses atrás: “Resistiremos, vaya que resistiremos” y aún muchísimo más que Granada!
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