Mi palabra
“No fue hasta el Premio Nobel
cuando realmente me tuvieron en cuenta.
No podían entender mis libros,
pero pudieron entender los 30 000 dólares”
William Faulkner
Por: Narciso Torrealba
El 13/09/2017, me publicaron un artículo en esta página Aporrea. org, el cual titulé (Apartamos el dólar, o seguimos jodidos) del cual extraigo el siguiente párrafo: (Nadie puede negar los inmensos esfuerzos del presidente Nicolás Maduro, por tratar de paliar la arremetida de la inflación, sin precedente en nuestro país. Los aumentos salariales se convierten de la noche a la mañana, en apenas un débil soplo, como salido de un recién nacido, ante un monstruo amamantado e inflado desde el norte, como es el dólar por su política de rapiña, apoyándose en la dependencia de muchos años, por demás «enfermiza», con la cual, nos trazan el camino a seguir).
Por esa opinión, el cual no está lejos de la realidad del momento, y no se necesita ser un estudio de las matemáticas y menos un versado en economía, me llovieron mensajes en mi correo electrónico, que por momentos me daban la ligera impresión de estar frente a un grupo de acaudalados banqueros defendiendo sus montañas de dólares, pero casi todos eran de personas, que estaban complacidos por el indetenible avance de la moneda estadounidense en nuestro país, haciendo estragos en una economía golpeado por la entrega total de los encargados de meternos en este berenjenal, como fueron los gobiernos de AD y COPEY.
Lo lamentable y contradictorio de estos mensajes, aparte de la manera, como trataban de ridiculizar mi opinión, a tal punto, que muchos de ellos coincidían, cuando utilizaban las palabras: yerbatero, brujo y otras que no valen la pena repetir, pero en todas dejaban escapar sus aires de autosuficiencia y conocedor de economía, como un comentarista de beisbol, o futbol sin haber pisado nunca una cancha. El tiempo viene demostrando, lo que modestamente expresé en el artículo, cuando a simple vista veía a un tren desbocado, impulsado por la política de rapiña del imperialismo, y ahora con mayor fuerza y razón, porque la crisis los tiene en un callejón sin salida y echan mano de lo que sea, contar de frenar el desmoronamiento del capitalismo salvaje.
Pero no es solamente, aquí en Venezuela, donde se siente el peso del dólar en bolsillo, porque en los Estados Unidos, Trump, le ha venido dando su regalito sin llegar la navidad, cuando el precio de la gasolina en el sur de California, el condado de los Ángeles, anda rondando los 6 dólares por galón – 3.7854118 litros–, mientras el precio del diésel casi los 10 dólares por galón, y ahí, si es verdad, que se subió la gata en la batea, como dicen popularmente por esto lares, porque es lo que mueve: gandolas, trenes, maquinarias agrícolas y de la construcción y ese peso inflacionario va directamente al consumidor, muchos de ellos llevaron por dos ocasiones a Trump, a la presidencia, quien sigue aspirando y lo hace de la manera por demás irresponsable, al ofrecer 5000 dólares a los estadounidenses, si los republicanos ganan las elecciones; ofreciendo, cuando las arcas están vacías y no aparece solución a corto plazo.
Por nuestra parte, el precio del dólar, no tiene quien lo detenga, y parece cuestión de días, para que traspase la cifra de mil bolívares por un solo dólar y parece algo increíble, pero a la par de estos movimientos financieros, nos conseguimos los fieles defensores del capitalismo salvaje, que no perdona a nadie, como viene quedando a la vista de todo el mundo de la manera más clara y convincente, con las reacciones desquiciadas del propio Trump y sus secuaces, al burlarse de sus connacionales, cuando le buscan justificación a la inflación, y además pierde el control, cuando le toca defender el crimen monetario de proporciones incalculables, por ser el responsable de todos los desbarajustes, el cual quiere frenar con la violencia y la guerra en Irán, pero se ha encontrado una férrea reacción, que lo tiene al bordo de la derrota en las próxima elecciones, por las secuelas de la economía salvaje.
A pesar de todo lo que está pasando, algunos bravos y “cultos” economistas de esos, que me insultaron con expresiones callejeras, siguen pidiendo a gritos la dolarización del país, como una María Corina, cuando pedía una invasión “para salvar a Venezuela” tan es así, que lo visto se siente, como un clavo en el zapato y sirve para tomar decisiones patriotas o por lo menos llamar a la reflexión. Quiero ver la opinión de esos economistas, cuando apuntaban y le disparaban de la manera más despectiva a todo aquel, que se le ocurriera apoyar la firme decisión del presidente Nicolás Maduro, de oponerse a la dolarización como una recomendación del comandante Chávez, quien parece que no estaba equivocado, cuando enfrentó con toda la fuerza de su corazón, las asechanzas del imperialismo por medio de cuantos gobiernos se instalan en la Casa Blanca.