Por Reina Rivera. Criterio.hn_
No es una crisis más. Es una convergencia de situaciones graves que se potencian: lo económico, lo político, lo social, lo territorial, la violencia y ahora el regreso de un fantasma con poder real.
El gobierno de Nasry Asfura llegó el 27 de enero de 2026 desde las sombras del fraude, empujado por la maquinaria de Donald Trump/Washington y el Escudo de las Américas, esa ofensiva que busca declarar terrorista a la izquierda, que pesan sobre ellos denuncias de fraudes algorítmicos en varios países del continente (y ahora van por España).
En seis meses, Asfura ha viajado múltiples veces a Estados Unidos y ha sostenido reuniones con Israel, presenciales en USA., pero también ha ido a Israel y Ucrania. Tres países con temas en común: tecnología de espionaje, drones multiusos y negocios trasnacionales tecnológicos. Mientras no hemos logrado la restitución del TPS, ni que nos bajen los aranceles del 10% de USA (de hecho, los mantienen al mismo nivel, lo que tanto criticaron durante el gobierno de Xiomara Castro, que al menos dio subsidios sustantivos y permanentes para controlar el costo de la vida).
Lo que sí ha avanzado es el despojo territorial (el 4% de Roatán ya no es territorio hondureño pese a la sentencia de la Sala Constitucional) y ahora la Zede próspera viene para tierra firme ( puerto de Satuyé en La Ceiba y territorios garífunas) y detrás de ellos se dice están inversionistas multimillonarios algunos asociados a los billonarios de Silicon Valley, OpenAI y otros inversores en tecnologías, criptomonedas, perversos experimentos biológicos sin controles éticos y otros, que ni siquiera nos imaginamos pero que sus inversores tienen el poder del dinero para mover el planeta entero sí se les antoja, y ellos han decidido que necesitan la soberanía de los países pobres, porque ya no les basta sus negocios y les incomodan las reglas de los países del norte global, ellos necesitan las flexibles reglas de países pobres, como las del Congreso, de los diputados del Partido Nacional y de los chicos de alta sociedad que nos dejó Nasralla de diputados (aunque después lo traicionaron, pero él escogió esa casta de élite a su medida).
Así los nacionalistas apoyados por el cogobierno Nacional-Liberal, se alinearon rápido con la ultraderecha transnacional, especialmente con EE.UU. e Israel. No es teoría: es la compra de drones para espionaje y represión, la presencia de empresas israelíes de seguridad para vigilarnos, control de redes, injerencia en servidores para controlar lo que ingresa a procesos electorales. Dicen que es por seguridad, para temas de drogas, tecnologías y negocios ilegales y «legales» trasnacionales, hoy día, tienen una frontera muy porosa.
En lo económico, nos asfixian: despojan tierras, privatizan lo público. La ENEE, el último activo grande del Estado, la están desmembrando. Dicen que es por pérdidas, pero ¿quién no paga? Los empresarios con concesiones, los que deben millones. Al pueblo pobre le dan 30 días para pagar la factura o le cortan la luz. Un sistema perverso donde unos acumulan y otros sobreviven, además ha privatizado la atención médica-hospitalaria.
Súmale el cansancio del desempleo y la sobrevivencia: pagar el alquiler, la escuela, la comida y sin trabajo. ¿Cómo te movilizas si no sabes si mañana tienes para comer?
Mientras silencian las críticas: medios alternativos como Criterio HN le han tumbado las páginas y redes de noticias, y patrullas policiales los asedian. Ninguna organización local de DDHH los acompaña. En un país con protección casi nula para defensores, eso es censura con amenaza de muerte.
El miedo no es casual. Llegaron hasta las altas esferas de órganos de control. La Presidenta de la Corte Suprema de Justicia, bajo presiones de juicio político renunció; magistrados electorales y consejeros titular y suplentes que podían hacer contrapeso, los destituyeron mediante juicios políticos. Casi la mitad de la bancada de los diputados de Libre tienen procesos iniciados en el Ministerio Público y vemos como bajan el perfil.
Y en ese escenario, regresa Juan Orlando Hernández. Dicen que es inocente, pero fue condenado en EE.UU. por conspiración para exportar cocaína y armas y se le dio un perdón político, un Indulto presidencial.
Su hermano queda preso a perpetuidad por narcotráfico en EE.UU., pero JOH salió libre.
No es un expresidente cualquiera. Viene indultado por Trump, con Marco Rubio y el sionismo israelí detrás. Tiene más poder que el propio presidente Asfura, porque mueve los hilos que realmente deciden a nivel internacional, incluyendo el lobby de Próspera en agradecimiento a su expresidente y padre fundador.
Y antes que regrese, mañana, «sin delitos», con la venia y alegría no disimulada del MP, medios de comunicación, CNA, ASJ y otros, no podemos dejar de citar que ha crecido la violencia, pues sabemos que el crimen común y organizado no es nuevo, pero ahora se entrelaza con el poder transnacional. Se dice que las inversiones israelíes, que cometen impunemente genocidio en Gaza, están acá en Honduras en el rubro de seguridad y defensa.
Como telón de fondo está la masacre no esclarecida de 20 campesinos en Rigores, Trujillo, Colón, la de cinco policías de la recién desaparecida DIPAMPCO en Omoa, el repunte de homicidios, feminicidios y el escandaloso crecimiento de las masacres. ¿Será el regreso de las estructuras, que sirvieron al poder criollo y ahora al transnacional?
En lo positivo, sin embargo, hay resistencia. La veo en los garífunas, en los campesinos que no se dejan desalojar, en comunidades que se organizan a pesar del miedo. Pero está dispersa, poco organizada y sin acompañamiento efectivo del pueblo.
Precisamente por eso, porque el sistema está engrasado para desmovilizarnos, necesitamos entenderlo, como alerta y denuncia. Si no conectamos los puntos, si no vemos que el miedo, las alianzas perversas con grupos de poder y el uso de las redes sociales y las tecnologías, son su herramienta principal, seguiremos reaccionando desde la vulnerabilidad, en lugar de actuar articuladamente nacional e internacionalmente.
No sé si el pueblo va a despertar. Pero sé que, si no contamos esta historia como es, con el despojo, la represión, el narco-poder y los intereses y la complicidad internacional, vamos a perder la batalla del relato. Y esa batalla es tan importante como la de la tierra o la energía.
La movilización no es un lujo, es una necesidad. Aunque duela, aunque dé miedo, aunque estemos cansados. Porque si no, este sistema perverso nos seguirá robando todo y aniquilándonos de múltiples formas, tragados por cualquiera de los tentáculos de esta tormenta perfecta.