Irán le hizo tragar a Trump sus propios mojones…

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein

En el argot del beisbol, el dugout o banquillo es el área donde descansan los jugadores,
entrenadores y el personal autorizado que no está participando activamente en el
terreno de juego. Al finalizar los encuentros, la televisión suele hacer tomas de los
dugouts de ambos equipos: El de los ganadores y el de los perdedores. Eso permite
conocer el estado de ánimo de los jugadores tras el triunfo para unos y la derrota
para otros. En uno se observan sonrisas, abrazos, felicitaciones y una expresión
corporal que denota la alegría por la victoria. En el otro, caras largas, rostros
compungidos, cuerpos cabizbajos y miradas perdidas en la amplitud del terreno de
juego.
Así se observan hoy los dugouts del terreno de juego del Asia Occidental. La victoria
de Irán es indudable, la celebración evidente. En el otro dugout, Estados Unidos busca
explicaciones donde no las hay. Por otra parte, una somera observación a los medios de
engaño de masas israelíes (utilizando la definición del presidente Putin de lo que antes
se llamaba medios de comunicación) da cuenta de una aplastante derrota que los
sionistas todavía no han podido digerir.
Aunque el texto del Acuerdo para poner fin a los conflictos militares entre Irán y
Estados Unidos no se conoce, las disposiciones del memorando de entendimiento
aceptado por ambas partes, cuya firma está prevista para el próximo viernes 19 en
Suiza, son las siguientes:

  1. Cese permanente e inmediato de las hostilidades en todos los frentes,
    incluido el Líbano;
  2. Compromiso de Estados Unidos de no injerencia en los asuntos internos de
    Irán y respeto a la soberanía de la República Islámica de Irán;
  3. Levantamiento completo del bloqueo naval en un plazo de 30 días;
  4. Compromiso de Estados Unidos de retirar sus fuerzas de las inmediaciones
    de Irán;
  5. Reapertura del estrecho de Ormuz en un plazo de 30 días con arreglos
    iraníes;
  6. Suspensión de las sanciones a la venta de petróleo, productos petroquímicos
    y derivados, y pleno acceso de Irán a sus recursos financieros;
  7. Necesidad de que Estados Unidos y sus aliados presenten planes de
    reconstrucción por un valor de al menos 300 mil millones de dólares;
  8. Sesenta días de negociaciones para alcanzar un acuerdo final basado en
    cuestiones nucleares y el levantamiento completo de las sanciones primarias
    y secundarias estadounidenses y de las resoluciones del Consejo de
    Seguridad y de la Junta de Gobernadores del Organismo Internacional de
    Energía Atómica (OIEA);
  9. Reiteración del compromiso de Irán, en virtud del Tratado de No
    Proliferación Nuclear (TNP), de no producir armas nucleares;
  10. Durante el período de negociación, Estados Unidos se ha comprometido a no
    aumentar sus fuerzas en la región ni a imponer nuevas sanciones;
  11. Liberación de 24.000 millones de dólares en fondos de Irán congelados
    durante el período final de 60 días de negociaciones. La mitad de esta
    cantidad debe estar disponible para Irán antes del inicio de las
    negociaciones.
  12. Establecimiento de un mecanismo de seguimiento para la implementación del
    acuerdo.
  13. El acuerdo final será aprobado por una resolución del Consejo de Seguridad
    de la ONU.
  14. Las negociaciones finales no comenzarán antes de la liberación de la mitad
    de los fondos congelados de Irán, la suspensión de las sanciones petroleras
    contra Irán y el levantamiento del bloqueo naval, y el acuerdo final solo
    incluirá el destino de los materiales enriquecidos y el enriquecimiento, el
    levantamiento de las sanciones y un plan para la reconstrucción económica
    de Irán. El debate sobre el programa de misiles de Irán y el apoyo a los
    grupos de resistencia se eliminará definitivamente de la agenda.

Al comparar este acuerdo con el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA) de 2015
se puede concluir que -contrario a lo que vocifera Trump- este es mucho mejor para
Irán. Aquel era un pacto multilateral y técnico centrado exclusivamente en limitar el
programa nuclear iraní mientras que el actual es un acuerdo bilateral mediado por
terceros para detener un conflicto bélico activo, que incluye el cese de hostilidades y
la reapertura del Estrecho de Ormuz. En 2015 no había conflicto bélico y el asunto del
estrecho de Ormuz (que tenía libre navegabilidad hasta el 27 de febrero de 2026,
antes que Estados Unidos lanzara su ataque contra Irán) se ha incorporado como
punto de negociación después que Teherán ha mostrado capacidad bélica para regular
el paso y ha establecido normas y pagos para garantizar la seguridad de las
embarcaciones que lo transiten.

Ni el anterior acuerdo ni este contemplan el programa de misiles balísticos iraní como
lo deseaba la entidad sionista. El punto anterior y este además del resultado mismo de
la guerra exponen una nueva dinámica de seguridad para la región ante la incapacidad
de Estados Unidos de proteger sus propias bases, lo cual ha hecho patente que mucho
menos resguardará a los países donde ellas se encuentras desplegadas. La ecuación de
seguridad de Estados Unidos para el Asia Occidental que consideraba la defensa y
protección de la entidad sionista como prioritaria se ha hecho añicos por lo que ya no
puede ser considerada como instrumento básico de la seguridad regional, obligando a
las naciones a comenzar a pensar en un nuevo expediente en esta materia donde ya no
se podrá obviar a Irán.
Por otro lado, no deja de ser simbólico que el de 2015 era un tratado multilateral con
injerencia de todas las potencias mundiales extrarregionalas, mientras que éste es
(hasta ahora) un Memorando de Entendimiento bilateral mediado activamente por
países regionales como Pakistán y Catar.
De igual manera, el Plan de Acción Integral de 2015 permitió la liberación paulatina de
miles de millones en activos congelados pero sujetos a la verificación del cumplimiento
nuclear por parte del OIEA. Ahora, el acuerdo establece exenciones inmediatas para
las exportaciones de petróleo iraní, el desbloqueo de cerca de US$25.000 millones en
activos y la creación futura de un fondo de reconstrucción respaldado por socios del
Golfo que ascendería a unos US$300.000 millones.
Otro elemento para considerar es que el documento de 2015 incorporaba solamente a
Irán como actor regional, ahora ha quedado establecido “el cese de hostilidades en
todos los frentes, incluido el Líbano” (Punto 1); el “compromiso de Estados Unidos de
retirar sus fuerzas de las inmediaciones de Irán” (Punto 4) ; y de “no aumentar sus
fuerzas en la región ni imponer nuevas sanciones” (Punto 10), lo cual le ha dado al
acuerdo un alcance regional que instituye la capacidad de Irán para imponer las
normas del comportamiento en la zona de conflicto que rebasa las fronteras
nacionales del país persa.
Finalmente, en 2015 se estableció que las restricciones nucleares serían rígidas y
precisas, con inspecciones altamente intrusivas del OIEA una organización politizada y
manejada a su antojo por las potencias occidentales. Ahora, lo que se ha acordado es
un marco temporal de 60 días para mantener el statu quo. Los detalles sobre el
destino de los materiales enriquecidos y las inspecciones se han dejado para nuevas
rondas de diálogo.

Al sacar conclusiones más generales de las implicaciones de este acuerdo, se puede
concluir que en los últimos ochenta años no ha habido ningún acontecimiento que
refleje con tanta nitidez como este el declive estratégico de la hegemonía
estadounidense. De igual manera hay que anotar como consecuencia de la situación
creada la consolidación de Irán como potencia regional e incluso global.
Por otra parte, la capacidad defensiva y ofensiva de Irán (al igual que la de la
República Popular Democrática de Corea) se han transformado en un factor
estratégico en la ecuación hegemónica global. La derrota militar de Estados Unidos, lo
ha obligado a ir a la mesa de negociaciones sin haber podido lograr ninguno de sus
objetivos. Así mismo, ha sido fundamental para que Washington haya tomado la
decisión de negociar, la obligación que emerge de la necesidad de evitar el aumento de
los costos para su economía si se prolongaba la crisis. También influyó que Trump
temió que la profundización del conflicto condujera a la formación de un nuevo
equilibrio en la región e incluso en el mundo. Demás está decir que no podía quitar de
su mira la cercanía de las elecciones de medio término en un momento en que su
popularidad desciende a ritmos acelerados.
Esta guerra ha mostrado que la supremacía no se logra únicamente por la posesión de
una superioridad militar (nuclear), económica y financiera. Influye e incluso determina
los resultados, la capacidad de conducción estratégica por parte de los líderes, la
consustanciación entre gobierno, fuerzas armadas y pueblo, la voluntad y decisión de
los ciudadanos de hacerse partícipes activos en el conflicto, la ética y moral de los
líderes al ponerse al frente del conflicto y entregar su vida si es necesario para
señalar el camino de la victoria y una comprensión absoluta de la “guerra como
continuación de la política” que establece una vinculación directa entre los aspectos
bélicos, económicos, financieros y diplomáticos. Estos últimos manejados de manera
magistral por el liderazgo persa.
De igual manera, los sólidos vínculos entre los miembros de la sociedad que han
mostrado una extraordinaria afinidad, unión y coherencia, la gestión de crisis y el
mantenimiento de la estabilidad interna fueron factores importantes para superar las
condiciones de guerra. La resistencia de la sociedad y las estructuras internas se
consideran parte de la ecuación de un poder nacional que se mantuvo firme a pesar de
la pérdida de algunos de sus líderes más importantes.
Para los historiadores y analistas que siempre buscan explicar los hechos con criterio
metodológico, podría decirse que esta guerra establece el inicio del fin del poder

hegemónico de Estados Unidos en el planeta. Washington ahora solo puede recurrir a
una superioridad abismal para aplicar la violencia, lo cual solo puede hacer contra
países pequeños del sur, no así con otras potencias establecidas o que están
emergiendo y que le han hecho saber que si se trata de aplicar la fuerza, que no se
dejarán avasallar y enfrentarán al imperio de tú a tú hasta lograr la victoria.
Así, estamos siendo testigos del surgimiento de un nuevo orden mundial que Estados
Unidos y Occidente tratarán de evitar usando todo su arsenal bélico, político
diplomático, económico, financiero y mediático. Vienen tiempos difíciles pero Irán nos
ha señalado que a pesar de todo, el futuro será luminoso para los pueblos del mundo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *