Por Gonzalo Abella
Los razonamientos lógicos (deducciones) se pueden expresar en fórmulas algebraicas. Basándose en esta idea, las primeras computadoras (que ocupaban el espacio de un salón entero) operaban on circuitos eléctricos que almacenaban datos en una inmensa cantidad de “códigos binarios” (“sí” o “no”) y luego los conectaban en cadenas de razonamientos a gran velocidad, también según códigos binarios (“conexión lógicamente posible” o “conexión lógicamente no posible”) . Todo marchaba por caminos programados.
Micro fotografiando los complejos circuitos de aquellas computadoras, se observó que los electrones viajaban con la misma comodidad en una gran computadora como en sus circuitos miniaturizados. Así surgió la litofotografía miniaturizada y se obtuvo la capacidad de reproducir un gran número de circuitos de almacenamiento y circuitos de conexión de sus datos en espacios minúsculos. Esta es la base de la Inteligencia artificial.
La I.A. requiere el uso de semiconductores, es decir materiales que no sean conductores de todo lo que lo atraviesa (como el agua) ni aislantes absolutos (como el plomo) . La demanda de semiconductores pasa a ser una búsqueda insaciable. Pero no es la única demanda: basta con advertir cómo se recalienta nuestro “simple” celular para entender la demanda de enfriamiento que requiere esta colosal acumulación de circuitos funcionando al mismo tiempo, sistema que apela a toda la memoria acumulada (en todas las bases de datos que puede copiar y relacionar) más los nuevos datos provenientes de la tierra, de los satélites y de la prospección del Cosmos.
A los circuitos (los de acumulación de datos y los de relacionamiento de datos) se les puede agregar un programa que dé dirección a sus búsquedas, que establezca caminos predeterminados. Así en la máquina se pueden simular sentimientos y también estimularla a búsquedas propias de nuevos datos y hasta a encontrar formas autónomas de toma de decisiones. Se crea así una I.A. “autogenerada” que puede desbordar la capacidad de sus diseñadores para comprender lo nuevo que la máquina está haciendo.
Mientras la I.A. esté en manos de las Trasnacionales, de las corporaciones privadas y del Complejo Industrial Militar, sus objetivos son claros: a) obtener más plusvalía de los empleados (mayor diferencia entre su salario y la riqueza que generan) mediante la robótica y la máxima racionalización productiva, b) crear una red de redes de los sistemas de información universal; c) perfeccionar el espionaje militar y policial, incluyendo la probabilística de los riesgos sociales y políticos para el Capitalismo. Además la I.A.va incorporando tecnologías de algo totalmente diferente: la física cuántica, cuyo descubridor (entre otros) fue Max Plank.
Plank advirtió que la energía viaja en minúsculas partículas (muy menores al átomo) y que estas partículas indivisibles se comportan de una forma sorprendente, que contradice el sentido común pero también las leyes de la mecánica tradicional y aún de la física relativista. Pero no comprender exactamente este comportamiento, no significa que no pueda usarse para fines vinculados a la A.I.; ya Bertrand Russel advertía que la Ciencia contemporánea tiene más poder para transformar que para comprender lo que está haciendo y sus consecuencias. La propia A.I. autogenerada impulsa el empleo de la “desconcertante” (por ahora) física cuántica para diseñar desde ya “súper computadoras” y construir sistemas de comunicación “encriptados”, protegidos contra todo espionaje de otras computadoras.
Para la I.A. ¿puede haber otro uso, un uso al servicio de los pueblos, o debemos enfrentarnos por siempre a ella?
Todo cambio científico que genera un cambio tecnológico fue en algún momento objeto de preocupación para los pueblos oprimidos. Hoy hemos aprendido que el uso de una tecnología nueva, sus objetivos explícitos u ocultos, dependen de quién es el propietario de esta tecnología. Cuanto más sofisticadas sean las tecnologías que nos oprimen, más necesario es el cambio a un régimen socialista, es decir, a la apropiación social de los grandes Medios de Producción, incluyendo ahora entre ellos a la I.A.
Será tarea del Socialismo encontrar formas ambientalmente sustentables de la producción de I.A. y de sus sistemas de enfriamiento. Su uso social hará un aporte formidable a la calidad de vida de los pueblos, permitirá un salto cualitativo en su nivel cultural y educativo y en el desarrollo colectivo del pensamiento crítico y de la solidaridad universal. Será una oportunidad colectiva de enfrentar los grandes desafíos urgentes de nuestro frágil ecosistema planetario y, a más largo plazo, responder hasta a los cambios futuros del Sistema Solar y del Universo.