Manuel Gragirena
«Producir es vencer» es una frase coherente; la demostración es que, a pesar de haber pasado la pena ajena de ver a un mequetrefe autoproclamarse presidente de la República y el susto —pues no es para menos— de verlo apoyado por los EE. UU., la Unión Europea y los otrora gobiernos hermanos latinoamericanos complotados en aquel extinto Grupo de Lima, en estos momentos producimos mucho de lo que necesitamos con insumos totalmente nacionales. Esta es una realidad que cualquiera puede constatar leyendo la procedencia de los empaques de muchos alimentos.
No hemos vencido, por supuesto que no, pero ya comemos, con penurias y limitaciones, algo más que sardinas, auyama y lentejas; estas últimas importadas por Saab, hoy secuestrado por los azuzadores fracasados.
El texto anterior es un extracto del artículo Autodestrozarnos el salario, escrito por mí y publicado amablemente por Aporrea el 20/11/2021.
Tengo todos mis escritos en un solo archivo, así que simplemente aplicando un comando de búsqueda puedo asegurar que solo esa vez me referí a Alex Saab. Es un ciudadano a quien no juzgo para nada; pues, aunque me cause problemas o levante críticas, al contrario, le agradezco mucho todo cuanto pudo hacer por la paz en Venezuela entre los años 2014 y 2020.
Comimos, mi familia se alimentó con lo importado como «caja CLAP», y aunque el concepto era crear «comités locales de abastecimiento y producción», lo contundentemente cierto fue que se creó una organización local para gestionar y distribuir alimentos importados mediante triangulaciones para burlar el bloqueo impuesto por los EE. UU. Un bloqueo miserable y criminal, pues la intención es —y sigue en pie— llevar al pueblo venezolano a una situación de hambre para causar una guerra civil que destruya la idea de Revolución Bolivariana y propiciar la toma del poder por parte de los lacayos innombrables. Todo lo demás, todo cuanto se agregue o se intente especificar, sobra. No lo lograron, no doblegaron al pueblo, porque con las bolsas CLAP (antes cajas) se anuló el factor hambre de la ecuación y se evitó el colapso social.
Por intermedio de opinadores en las redes sociales he escuchado que Saab se declaró culpable de lo que en los EE. UU. se le acusa, según dicen, de «lavado de dinero», y es posible que lo sea; pero también es posible que el negocio sea aceptar serlo: «En EE. UU. todo es posible», me dijo una vez un casi gringo. Ciertamente, Saab sí cometió el delito de documentación falsa, situación que denota complicidad de muchos funcionarios y al más alto nivel; pero hubo (debido al bloqueo) y hay (pues estamos bajo un decreto de conmoción) una situación de conflicto que ameritó entregarle un pasaporte diplomático para que cumpliese una misión, pues su negocio fue a lo 007, para traer de comer. Los refranes basan su fortaleza en la comprobación por la vía de los hechos, y el archiconocido e internacional «En la guerra y en el amor todo vale» podría aplicar aquí. No se trata de justificar el delito; se trata de comprender cómo nos llevan al terreno de la discusión inútil que simplemente nos desune.
El 3 de enero del presente año, 2026, los EE. UU. asaltaron militarmente a nuestro país, secuestraron al presidente de la República y amenazaron de muerte a toda la cúpula del liderazgo nacional.
También —pues a la vista están los hechos— echaron a la basura de la historia a quienes usaban como argumento para calificar al gobierno venezolano de dictadura o de narcoestado. Hoy los persigue el ICE, los secuestran los federales y los jueces piden fianzas de miles de dólares para que se queden un rato más a ver si pueden justificar el otorgamiento de un visado turístico, pues la visa de trabajo es otro nivel mucho más alto, sin importar si se es científico u obrero. Lo simplifico así: «Váyanse de mi vaina, ya tengo lo que quiero».
Trump y, en general, los gringos todopoderosos tienen nuevamente lo que siempre han deseado: las riquezas naturales de Venezuela, gracias a quienes ahora se quejan de su ex «papi» Trump. Les toca ver desde lejos cómo, utilizando al Pentágono como socio comercial, imponen como rival de las grandes petroleras a una empresa fachada. Los antes vendepatrias y ahora excelsos nacionalistas se quejan, no por amor a la patria, sino por haber quedado fuera del botín.
Bolívar, Chávez e incluyo sin temor a Nicolás, deben ser nuestros referentes morales. Bolívar genio, incansable, guerrero… Chávez apasionado, docente, valiente… Nicolás honesto, sincero, humano, leal al proyecto encomendado y ahora mártir, pues es rehén de Mister Danger.
No debo, ni quiero, ni puedo calificar a Delcy. La vaina no está fácil. Observemos cómo los EE. UU. están sometiendo al hemisferio a sangre y fuego. No podemos olvidar los asesinatos en el Caribe, la toma de Groenlandia y ahora van más allá, van por las Malvinas; ya le asignaron esa tarea al bicho libertario loco. Dicen Trump y sus secuaces: «Este hemisferio es nuestro». No podemos descalificar a Delcy; en una lucha frontal y en solitario nuestro pueblo seguiría sufriendo.
La vaina no está fácil. En el discurso en la ONU, Trump dijo: «Tengo el 60% del petróleo del mundo», pues suma el propio, el de Canadá y el de Venezuela. Y eso se puede traducir en un «quédense con su Estrecho de Ormuz y sus dilemas, no me hace falta su petróleo». No me extrañaría que Trump abandone el Medio Oriente, dejando allí la mejor de sus cagadas. Ya no le interesa mantener allá bases militares; ya no se guerrea con infantería sino con drones y misiles a control remoto satelital. No hay honor militar. Ya no se muere en el campo de batalla, no hay vergüenza internacional, ni Naciones Unidas. Lo que sobra es el descaro, pues desde el podio de la ONU dijo: «O Irán hace lo que le pido o los aniquilo» … palabras más, palabras menos… no importa la precisión de lo dicho, por donde se vea es una grosería. Vuelve el olor a azufre con otro bicho, y esta vez con mierda y sangre.