José Sant Roz
- En Venezuela nuestros políticos, académicos e investigadores hicieron siempre todo lo posible porque el petróleo fuese un misterio algo sólo reservado para los explotadores gringos y europeos… Así como en la colonia a los criollos les estuvo prohibido leer y escribir, también durante casi todo el siglo XX a los criollos nuestros les estuve vedado el conocimiento sobre sus inmensos recursos minerales. Para 1948 en Venezuela sólo contábamos con un geólogo graduado en la UCV quien era de origen francés, de nombre Jean Marc De Civrieux, quien por cierto fue tan poco tomado en cuenta en nuestro país que tuvo que irse a trabajar con una compañía petrolera en Turquía. Pero siguieron siendo escasos los profesionales nuestros dedicados a la industria de los hidrocarburos, y caso todos los que lograban graduarse en esta especialidad eran absorbidos por compañías extranjeras.
- En el caso de analistas petroleros pasa exactamente lo mismo o quizás sea peor. De los más destacados en este tema podemos mencionar a David Paravisini y Miguel Jaimes, solamente. Hurgando en la espectacular Biblioteca organizada en la Imprenta del Mérida por el estudioso Humberto Martínez, me he topado con un viejo trabajo del famoso JUAN BAUTISTA FUENMAYOR, titulado “1928-1948 -Veinte años de Política”, un libro impreso en España en 1968. Debe recordarse que Juan Bautista Fuenmayor publicó vatios volúmenes, creo que ocho, sobre la historia reciente de Venezuela, un extraordinario pensador y político venezolano que todos en nuestro país deberíamos estudiar.
- El primer capítulo de esta obra se titula “1928 – ASÍ ERA VENEZUELA”, el cual comienza con un epígrafe de HENRI BÉRENGER (Comisionado petrolero francés en la guerra 1914-1918) que dice: «QUIEN SEA DUEÑO DEL PETRÓLEO, SERÁ DUEÑO DEL MUNDO, DOMINARÁ LOS MARES POR MEDIO DE LOS ACEITES PESADOS, EL AIRE POR MEDIO DE LOS ACEITES ULTRA FINOS, Y LA TIERRA POR MEDIO DEL PETRÓLEO Y DEL ACEITE DE ALUMBRADO. Y, además, dominará a sus semejantes en un sentido económico, en razón de la fantástica riqueza que derivará del petróleo, la maravillosa sustancia que será más buscada y más preciosa que el mismo oro.» Esto es contundente, y nunca lo entendimos los venezolanos, ni jamás nos importó. Porque en verdad que lo que ha dominado en Venezuela incluso en la llamada revolución bolivariana ha sido el pensamiento gomecista: “-Si los gringos y europeos son los que saben de petróleo que sean ellos quien pongan el precio de este producto a nivel internacional y que sean ellos quienes hagan La Ley de Hidrocarburos”. Es impresionante cómo todavía el dictador Juan Vicente Gómez nos gobierna tal cual como hoy lo sigue haciendo en España el generalísimo Francisco Franco.
- Refiere Juan Bautista Fuenmayor en esta obra: “El petróleo es la clave que permite descifrar los enigmas de la política venezolana de los últimos sesenta años[1]. La historia contemporánea de Venezuela es la historia de las pugnas entre los intereses petroleros y las fuerzas progresistas venezolanas; de los regímenes dictatoriales impuestos a la nación por los magnates extranjeros que explotan las riquezas de su suelo; de la entrega incondicional a los ambiciosos conquistadores del oro negro; del proxenetismo político; de la indignidad nacional. Existe marcada diferencia entre los acontecimientos políticos venezolanos del siglo XIX y los que han tenido lugar después de iniciarse la explotación petrolera. El pasado siglo estuvo caracterizado por condiciones económico-sociales bastante distintas de las de hoy. Aquél fue el siglo de las guerras civiles entre el Partido Conservador, representante en lo fundamental de los intereses de la burguesía comercial y usuraria, y el Partido Liberal, que en líneas generales representaba los intereses del latifundio semifeudal o semiesclavista; o bien entre sectores del propio Partido Liberal cuando se escindió, los unos contra los otros. Pero fueron pugnas estrictamente venezolanas, dirigidas a defender intereses de clases sociales vernáculas, dentro del marco de la simple economía mercantil, precapitalista, que imperaba entonces en Venezuela. Existía una aristocracia terrateniente, caudillesca, avasalladora; y existía una oligarquía de comerciantes y prestamistas, partidaria de una política conservadora moderada”.
- Sigue diciendo Fuenmayor: “El poder político oscilaba de las manos de los unos a las manos de los otros; unas veces utilizando la fuerza de las armas, y otras, las menos, los procedimientos electorales. En 1901 se opera un alto en estas luchas y guerras, al ser derrotado el general Nicolás Rolando, uno de los caudillos de la Revolución Libertadora de Manuel Antonio Matos, que la General Asphalt Co. había ayudado a financiar con ánimo de derrocar el Gobierno de Cipriano Castro. Juan Vicente Gómez, al mando de las fuerzas gubernamentales, fue el encargado de hacer naufragar esta primera aventura del capital imperialista inglés en Venezuela. La General Asphalt estaba enardecida porque la Corte Federal y de Casación de los Estados Unidos de Venezuela la había condenado a pagar indemnizaciones por 50 millones de bolívares o, en su defecto, a la confiscación general de todos sus bienes. Las potencias imperialistas no podían mirar con buenos ojos el Gobierno de Cipriano Castro, que se había negado a pagar las abultadas cuan injustificadas deudas que las grandes potencias cobraban a Venezuela; que había decretado la confiscación de la General Asphalt Co.; y que se había incautado del Cable francés y de la compañía inglesa de electricidad que suministraba luz a la ciudad de Caracas”.
- Agrega Fuenmayor: “Es evidente que en los comienzos del siglo XX las condiciones políticas de Venezuela no eran las más favorables para iniciar las grandes inversiones de capital imperialista, debido a las constantes guerras civiles, a la inestabilidad de los gobiernos y a la ausencia virtual de todo crédito internacional, unido a la inseguridad sobre el futuro de las inversiones, que podían correr la misma suerte de la General Asphalt Co. Los grandes Estados imperialistas pensaron que era necesario derrocar a Castro y colocar en su lugar a Juan Vicente Gómez, que prometía pagar las cuantiosas deudas extranjeras y entregar, con toda liberalidad, las riquezas petroleras del subsuelo venezolano a la voracidad de las grandes corporaciones”.
- “Así, pues, en 1908, el caudillo de la ejercía la dictadura fue sustituido por el más cruel, sanguinario, rapaz y entreguista de los gobernantes conocidos hasta entonces en la historia de Venezuela: Juan Vicente Gómez. El cambio fue importante no sólo porque se acentuó la barbarie en los métodos de gobierno, sino también, y principalmente, porque el nuevo dictador se instaló bajo los auspicios de los imperialistas norteamericanos, quienes le brindaron apoyo desde el primer instante, situando en el puerto de La Guaira algunos buques de su poderosa escuadra. Gómez habría de ser el fiel servidor de los intereses extranjeros en Venezuela; el que habría de iniciar la pública subasta de las inmensas riquezas de su suelo; el que haría entrega total de la soberanía nacional”.
- “Al colocar a Juan Vicente Gómez en el poder, LOS IMPERIALISTAS EMPEZARON A DAR SOLUCIÓN A LOS PROBLEMAS QUE SE LES PRESENTABAN EN VENEZUELA Y QUE IMPEDÍAN LA INICIACIÓN DE LAS AVENTURAS INVERSIONISTAS EN NUESTRA TIERRA. Gómez prometió estabilidad política; terminar con las guerras civiles y los cambios bruscos de gobierno; seguridad en las inversiones de capital, esto es, que no serían tocadas «ni con el pétalo de una flor»; que devolvería las propiedades de empresas extranjeras que Cipriano Castro había confiscado; liberalidad extrema, por parte del Estado venezolano, en el otorgamiento de concesiones de explotación, tanto en el petróleo como en cualquier otra rama de la producción; en una palabra, prometió todo cuanto los magnates extranjeros podían desear en Venezuela”.
- “Juan Vicente Gómez cumplió todas y cada una de las promesas que hiciera a los inversionistas extranjeros. Pagó las deudas y sus intereses; estranguló a la oposición y estableció un férreo régimen de gobierno que duró veintisiete largos años. Devolvió a la General Asphalt sus propiedades del Lago de Guanoco y le obsequió un nuevo contrato de explotación por cincuenta años más. Y otorgó la más extensa concesión en la historia de las entregas al capital extranjero. Veintisiete millones de hectáreas fueron dadas a John Allen Treguelles, representante de la compañía inglesa The Venezuelan Oilfields Exp. Co. Y por este camino otorga concesiones y más concesiones petrolíferas en un interminable carnaval, en el que la nación venezolana era despojada sistemáticamente por los saqueadores extranjeros”.
- “A poco de instalarse el nuevo dictador, sobreviene un período de profundo silencio, de absoluta calma, en la que la lucha de clases se desenvuelve sordamente, y en que los esporádicos intentos de algunos caudillos de viejo cuño son cruelmente aplastados. El drama político venezolano transcurre, desde entonces y durante veintisiete años, entre los silenciosos muros de las cárceles, donde purgan y pagan con la vida, en medio de espantosas torturas, quienes no se conforman con el poder omnímodo de Gómez. Visto desde el exterior, el país parece un inmenso lago de aceite en el que nada ocurre, por la aparente ausencia de lucha de clases, por la quietud y la resignación que han sentado sus reales definitivamente. Toda esperanza parece perdida; ninguna noticia de importancia se filtra por entre las rejas de las prisiones; ninguna traspasa los umbrales de la patria. En el extranjero, una fauna de ex ministros y altos personajes, de dirigentes estudiantiles y de profesionales liberales, gastaban su tiempo y su dinero en organizar expediciones armadas, contando con sus carcomidos prestigios caudillescos. Juan Vicente Gómez liquidó los partidos tradicionales (Liberal y Conservador), cargados de descrédito por su demagogia y errores, por sus inútiles cuan perjudiciales guerras. Impidió la formación de otros nuevos y liquidó, igualmente, toda forma de organización de lucha, incluso la estudiantil. Los venezolanos de todas las clases sociales, despojados de sus derechos políticos y de la protección de la ley, quedaron inermes frente a un Estado omnipotente, maquinaria infernal que se arroga…”
[1] Esto lo escribió en 1968.