GEOPOLÍTICA PARA GUERREAR…

Miguel A. Jaimes N.
            La evidencia de factores presentes desde Norteamérica con la Doctrina Monroe, destacan la sensibilidad de muchas naciones agredidas, cubiertas por guerras y enfrentamientos los cuales buscan obtener ganancias materiales a favor de Estados Unidos.
            Esto trae consecuencias lamentables en múltiples puntos estratégicos del planeta los cuales tras ser disputados van causando marcados intereses Norteamericanos. Sus diferentes acciones irresponsables causan sus primeras víctimas; el irrespeto al derecho internacional. Todo esto cuenta con un ciudadano norteamericano -desde siempre y hasta ahora- indiferente ante los hechos que su país genera tras las rupturas por las intromisiones hechas por su nación.
           Toda esta cadena de agresiones sucede desde que Francia junto a Inglaterra daban a sus puertos cierta consideración de fortaleza contrahecha, nimia. Desde entonces sus estrategias son de carácter inmediato. Sus fortalezas artificiales y fuerzas presentes desde que Inglaterra obtuvo el petróleo venezolano, cambiando el uso del carbón como alimento de combustión en sus navieras por gasoil. Por eso la invencible armada inglesa y el golpe de Estado en Venezuela de 1908 donde el general vicepresidente Juan Vicente Gómez derrota al general Cipriano Castro presidente del país.
            Estados Unidos comenzó colocando sus miradas y garfios sobre muchas naciones y de estas hizo su futuro inmediato, haciéndose efectivas sus intenciones sobre islas y territorios continentales, allí donde localizaron posiciones estratégicas de gran nivel e importancia, dirigieron y mantuvieron estados marcados por debilidades e inestabilidades de sus pequeños regímenes. Por esto para Norteamérica no era negocio ni estrategia que otras potencias se acercaran y pudieran perder lo que consideraban sus rutas sobre grandes espacios marítimos y continentales.
             Lo razonable para Norteamérica como político era su poderío de guerra, sus armas siempre han sido su sensatez. Para ellos lo estratégico en la  mirada hacia el exterior siempre han sido acciones perniciosas para otros. Su razón daba para que la producción obtenida bajo el precio de la guerra estuviera al nivel de lo que su pueblo requería. Así crecieron juntos; una población bajo una nación de la guerra.
            Por esto la justificación geopolítica para guerrear sería utilizada como un término que iba atado a lo geográfico y en el cual Estados Unidos comenzó hacer uso de la privilegiada ubicación encontrada entre dos viejos mundos con dos grandes océanos. Esta conexión prontamente se encomendaría a su poder naval materializando el cruce del Istmo en la conexión entre los dos océanos privilegiados, el Atlántico y el Pacífico.
            Con esto la alarma ya estaba dada. Debían derrocar la presencia de colonias europeas en el Pacífico y no permitir el crecimiento de Japón con su progresista civilización. Pero algo más alarmaba a Norteamérica, era el crecimiento demográfico en los estados del Pacífico, allí consideraban que este crecimiento estaba dado por una línea avanzada de progreso nacional.
            Por eso hacia el Oeste de las Montañas Rocosas establecieron sus mejores criterios políticos para los extranjeros y el descuido en la construcción de un canal hacia el Istmo no era más que un muy mal detalle militar para Estados Unidos, especialmente por no poder establecer sus límites en la Costa Pacífica. El Canal debía estar terminado para cumplir con su obligación de enfrentar amenazas internas y extranjeras.
            Había que acortar las rutas europeas a través de un pasaje donde otras potencias marítimas no pudieran atreverse a controlar. El peligro estaba en que Europa pudiera traer escuadras militares y flotas desarrolladas y este escenario era peligroso. El sueño del canal era lo que se estaban jugando. Justo en ese momento Alfred Mahan calibraba el buen movimiento de su país al asumir riesgos con superioridad y sabiduría, y con esto irse a controlar hábilmente los puertos del pacífico. Todo redundaría en sus propias fortalezas navales, eje central desarrollado en su explicación.
            Alfred Mahan justificó la mayor obra de ingeniería e inversión conocida hasta ahora por Norteamérica la cual cobró la vida a treinta y ocho mil personas; la construcción del Canal de Panamá se logró con ejemplos simbólicos y sobre hechos muy locales. Hablaban de dos centros de comercio importantes para ese momento en Estados Unidos. El primero San Francisco y el segundo Puget Sound. Discutían que la flota naval existente hasta el momento no podía protegerlos pues las mismas no podían pasar, no había cómo comunicar la Costa Este con el Sur y esto debatía el interés norteamericano por controlar nuevas rutas marítimas.
            Estados Unidos quería superar su estrategia en otras fortificaciones y poder pasear su poderío de artillería entre una y otra zona, incluso ir más allá; llegar hasta las franjas de los continentes más alejados.
            Los puertos debían ampliar su poder y para esto necesitaban de maniobras asistidas por buques de su armada, pero que los estrechos, pasos o los posteriores puntos de estrangulamiento se comunicaran.
            Toda la narrativa para justificar la presencia de una gran armada y de su comunicación inmediata, estuvo montada sobre enemigos por repeler bajo el pretexto que podían llegar hasta sus fortificaciones. Pero los supuestos enemigos nunca iban a llegar, estos eran pueblos pacíficos, y al contrario el poderío norteamericano comenzó a ser utilizado militarmente en contra de toda Latinoamérica más las islas del Caribe. Los barcos guardacostas estuvieron primeramente activados en la región antes que proteger la defensa de sus propios territorios.
            Los barcos asignados a las protecciones de sus puertos eran parte de la logística que atendería a sus acorazados cada vez que estos los requerían. Al tomar viaje estos barcos con su blindaje y piezas de artillería los favorecía en esas marchas de largas distancias.
            El único que mantenía puertos en el radio de acción de la costa del Pacífico era Gran Bretaña. Por eso desde esos momentos y hasta los actuales son escalofriantes aliados en su litoral.
            Ese mismo litoral atlántico les permitió que Halifax, región cuya capital y ciudad canadiense era la más grande provincia de Nueva Escocia, cuyo epicentro económico pertenece a las Provincias Atlánticas, donde descansa su puerto magnánimo en su costa atlántica, sea hoy la ciudad de mayor crecimiento en Canadá a la cual Norteamérica en varias oportunidades ha amenazado con anexarse.
            Por eso Halifax junto a Bermuda y Jamaica focalizan el poder geográfico y estratégico de Vancouver en el Pacífico. Generaban presencia, control, rutas, negocios y navegación confiable. Así comenzaron a ser los dueños de áreas, países y océanos.
             Por eso no es de extrañar que Estados Unidos se apresure en sus declaraciones sobre la adhesión de Canadá, lo mismo que con Groenlandia. Canadá pudieran sufrir daños si se proponen interrumpir su comercio costero si así lo desean. Las regiones de Boston, New York, Delaware y Chesapeake serían afectadas en la base del derecho internacional y nada podrían hacer para impedirlo, nada que no sea a costa de la fuerza.
            Mientras que con Groenlandia terminarían de obtener la pieza clave de su anillo en todo el norte y su último gran obstáculo sería la Federación Rusa. Si se da la conquista de esta última el poder mundial descendería desde el Norte hasta los infinitos límites del Sur, es decir el planeta entero en manos de los Estados Unidos.
Hasta más pronto…
Artículo exclusivo para Al Mayadeen. El Líbano.

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