Por: Miguel Jaimes Niño
En un viaje hacia la geopolítica ésta comienza a juntarse sobre las tesis del vicealmirante de la marina de los Estados Unidos de Norteamérica; El hombre de Nueva York, Alfred Teller Mahan. Es 1890 y el interés por el poderío marítimo desarrolla su forma militar para ir a la toma de los océanos. Lugares lejanos, invadidos, apoderados de sus secretos.
Mahan había nacido en West Point, NY en 1840 y falleció en 1914 cuando el mundo conoció el inicio de la I Guerra Mundial y la posterior destrucción del Imperio Otomano en 1922. La educación de Mahan fue confiada a la Academia Naval.
Estados Unidos ya había creado la Guerra Civil entre 1861 a 1865. Alfred Teller Mahan un Oficial Naval de la Unión presenció estos acontecimientos. Su labor militar venía del resultado de su experiencia de casi cuarenta años.
Para 1886 fue invitado por la Escuela de Guerra Naval en Newport, Rhode Island, como docente en los periodos 1886 a 1889. Nuevamente la invitación se extendió desde 1892 a 1893.
En aquella academia militar sus disertaciones fueron publicadas bajo el título; La influencia del poder naval en la historia, 1600―1783 y 1890. Sus tesis sirvieron para la estrategia naval norteamericana y como penetrar en el mundo.
Desde entonces la obra de Mahan es una exposición de estrategias navales. En su pensamiento se destaca el importante papel con el cual lograron situarse sobre el mundo. A partir de allí las sobrevenidas repercusiones políticas sobre varios países, y como era de esperarse, bastión claro a la hora que Estados Unidos e incluso Alemania tomarán decisiones que abismalmente cambiarían la geopolítica mundial.
Por eso las tesis imperialistas concluyentes del pensamiento norteamericano de su seguridad nacional aún siguen vigentes -siglo XXI-. Mahan retornaba a la armada en momentos cruciales para Norteamérica cuando se daban fuertes enfrentamientos militares contra España.
Los escritos del almirante Mahan fueron publicados en los principales diarios del momento en EE. UU., significaron una cruzada para convertir desde entonces a sus gobiernos en una gran potencia militar con el fin de llegar a participar en las luchas imperialistas promovidas por Europa Occidental para repartirse colonialmente al mundo.
La Europa Occidental de 1890 fue parte de la Edad de Oro estadounidense y de la Época Victoriana británica. Periodo de clara predominancia en los países anglosajones. Tras esto, EE. UU. obtuvo posesiones en el Océano Atlántico y Océano Pacifico tras derrotar a España, demostrando su superioridad el Reino Unido en los conflictos diplomáticos con Francia, Portugal, China, y Venezuela.
La esfera de Mahan fue enorme en su país, influyó en política, industria y banca. Estos últimos ―banca― recogieron con frenesí expansionista los dividendos del big stick ―gran garrote―. Para ese momento el ya elegido dos veces Theodoro Roosevelt, discípulo de Mahan, un mahariano, desarrollaba la diplomacia del dólar, inicio de aquella cofradía.
Para 1898 estaba la Guerra Hispano―Americana y en 1918 fue la terminación del Canal de Panamá. Con esto convirtieron varios océanos en el nuevo Mare Nostrum norteamericano. Reglas, normas y órdenes, desde entonces y hasta ahora, bajo el temible poderío marítimo.
Por eso Alfred Teller Mahan tuvo el título de Profeta del Imperialismo. Con él comenzaba la Era Mahan. Una grieta, herida que aún sangra como quistes purulentos los cuales resultan mejor abiertos que mal cerrados.
Tras esto los treinta y nueve años más violentos en la historia de la humanidad estuvieron comprendidos entre los lapsos 1875 a 1914. Final e inicio de dos siglos. La Era de los Imperios. El monopolio de la industria y de la banca, Primera Revolución Industrial la cual hizo que a principios del siglo XIX su dueño fuera Inglaterra. Los territorios más ricos del planeta estuvieron en sus manos y los unió por medio de ferrocarriles. Se apoderaron de islas y puntos convirtiéndolos en puertos carboneros y protección para sus líneas comerciales y marina de guerra.
Pero vino la Segunda Revolución Industrial la cual se produjo alrededor de la química, electricidad y el motor de explosión interna. Los beneficiarios de aquella proeza fueron; Alemania, Japón y especialmente los Estados Unidos.
La filosofía norteamericana del self made man ―«Hombre hecho a sí mismo»― les permitió desarrollarse con mano de obra especializada venida desde el Viejo Continente ―Europa―. El desaforado orden de construcción apartó buena parte de fortunas las cuales comenzaban a ser quitadas a otros países, esto originó un estricto control de procesos y cambios internos en todas las áreas.
El Norte Industrial Moderno creció vertiginosamente a partir de 1862 tras ganar el Norte americano la llamada Guerra de Secesión. Todo se trató de un fuerte impulso, primero militar cuando el Norte aplastó al Sur, y de allí su paso a formidables ganancias. Desde entonces para Estados Unidos ninguna guerra sería por otro motivo que no fuera el económico. Quedando en aspavientas un Sur de fuertes relaciones esclavistas pero con gran fuerza de riquezas, poder, todo basado en sus asociaciones de capital mercantil.
En décadas de los cuarenta del siglo XIX después de haber concretado toda la expropiación territorial contra México y una vez contando con las inmensas planicies del centro y Oeste comenzaron a construir un promedio por año de 7.571 km de vías férreas para impulsar sus industrias del hierro y del acero.
En 1865 su Nueva Federación pasó de 56.000 km de vías férreas a 321.000 km en 1900. Ese fue un motor transcontinental de hacer dinero dominando desde la costa del Atlántico y del Pacifico todo a través de la Casa Morgan, una dinastía bancaria estadounidense la cual después se convirtió en las finanzas modernas.
El clímax de aquella frontera entre 1870 a 1890 creció al ritmo del impulso industrial, fue protegida por numerosas barreras legales logrando mecanizar su agricultura con el precio de mayor brutalidad y sadismo contra la población autóctona de llanuras y montañas a quienes les cerraron sus fronteras, y la migración que venía llegando tuvieron que concentrarse en ciudades como obreros y servir a la fase primera de todo el imperialismo industrial.
Su posición aislacionista y la búsqueda de aranceles aduaneros altísimos más el rastreo del desequilibrio en el Viejo Mundo, buscó en el pensamiento de George Washington frases célebres con vigencia permanente; Las Naciones no tienen amigos, sólo intereses. Esto confirma que para las naciones no hay buenos o malos, sólo existen intereses.
Por eso el permanente escenario interno y predominante a finales del siglo XIX llevó al oficial de la marina norteamericana Alfred Teller Mahan a interpretar la expansión imperialista invitando a la Unión a salir fuera de sus fronteras y debatir en el campo de sus intereses con el liderazgo de Europa.
Esto concluyó que para finales del siglo XIX solo se estudiaran dos escenarios; uno se había diagnosticado como perjudicial para la Unión y el otro como una solución. Pero Mahan hacía de estos dos presupuestos fundamentales el inicio de una vía hacia el control de mercados que permitiera competir contra el liderazgo europeo. Primeramente había que aislar a la Unión del aislacionismo. Mientras el segundo dependería de la fortaleza interna para dominar nuevos mercados que las estrategias del poder político se proponían.
Pero someter el aislacionismo y lograr destrezas para que Estados Unidos lograra someter los nuevos mercados solo iba a depender si se lograba crear el camino por medio de un poder marítimo. Esto solo se planteó bajo una sola fórmula; Estados Unidos debía participar activamente en el reparto colonial del mundo.
Pero el aislacionismo y proteccionismo económico no redujo las ya obtenidas altas tasas de negociaciones en los mercados, esto a pesar de la acelerada expansión de las existentes potencias europeas y japonesas. El objetivo era convertir el mar en el escenario del nuevo destino manifiesto y para esto había que reunir todas las fuerzas sociales, económicas, políticas y militares. Por lo tanto era necesario la construcción de una marina mercante y unirla a la marina de guerra, así una vez protegida desestimular e intimidar a sus adversarios competidores e irse a la conquista de nuevos mercados y acceder a puntos estratégicos.
La estrategia se orientó en mantener e imponer los nuevos derechos de los Estados Unidos. Para esto había que preparar la guerra naval en dos aspectos; uno defensivo y el otro hacia la ofensiva. En lo defensivo estarían las instalaciones costeras con sus lanchas y arsenales. Mientras en el segundo, lo ofensivo estarían los barcos de guerra con gran capacidad de ataques y destrezas.
Aquellos antiguos bucaneros y piratas que dirigieron sus actos de piratería por parte de una pasada Inglaterra fueron hechos por gente de visión. Por eso las ideas geopolíticas de Mahan expresaban fielmente en aquel momento algo histórico para el desarrollo del capitalismo en Estados Unidos y Europa. Esto le hizo recibir su más fiel apoyo en el ala más conservadora del Congreso. Por eso este conservadurismo cambiado de tiempo se mantiene como política, más de amenaza que de defensa contra el mundo.
Los conservadores para el momento de 1897 a 1909 que apoyaban a Mahan eran Henry Cabot Lodge radical y líder de bancada más conservador. William McKinley junto al conocido Theodore Roosevelt.
Ese pensamiento se ha liderado a través de otros tiempos presentes en revistas y periódicos, hasta ahora nada ha cambiado; Atlantic Monthly, Forum, North American Review, Harper’s New Monthly Magazine, New York Journal y New York World, todos encargados de exponer en artículos e ideas el expansionismo y la jurisdicción del poder marítimo.
Esta es la justificación norteamericana para la toma del Caribe, pero también para la extensión de la guerra por un Medio Oriente en el cual ejerzan el control por el Estrecho de Ormuz.
Hasta más pronto…
Miguel A. Jaimes N.
3 mayo 2026
Para Al-Mayadeen. El Líbano.
Dr. Miguel A. Jaimes N.