De acuerdo con funcionarios de Washington y expertos en narcotráfico, los jóvenes consiguen pistolas y rifles de alto calibre y los venden casi exclusivamente a miembros de los cárteles radicados en Estados Unidos.
«Lo que hagan y a quién maten no me importa, siempre y cuando gane mi dinero. Estoy seguro de que no son inocentes», declaró un menor reclutado por redes criminales en Estados Unidos. Foto: EFE
Estudiantes de secundaria en Estados Unidos forman parte de una red clandestina dedicada a adquirir pistolas y rifles de alto calibre para comercializarlos casi de manera exclusiva con miembros de los cárteles mexicanos asentados en territorio estadounidense, de acuerdo con investigaciones de funcionarios de Washington y especialistas en narcotráfico citadas porThe New York Times.
Las autoridades de seguridad detallan que los grupos criminales intensifican el reclutamiento de adolescentes y adultos jóvenes en estados fronterizos como Arizona. Este fenómeno responde a la proximidad territorial con México, a la densidad de operadores criminales en territorio estadounidense y al atractivo de obtener dinero rápido, una dinámica acelerada por herramientas digitales de mensajería cifrada como WhatsApp y Telegram.
Un joven implicado en la red explicó al medio norteamericano que las operaciones iniciaron cuando su grupo de amigos reunió 700 dólares mediante la venta de bocadillos y empleos temporales en restaurantes. Con este capital, un integrante mayor de edad compró un rifle tipo Kalashnikov en un establecimiento autorizado para revenderlo por 1.200 dólares, un ciclo de reinversión constante que expandió su capacidad operativa.
«Lo que hagan y a quién maten no me importa, siempre y cuando gane mi dinero. Estoy seguro de que no son inocentes», declaró uno de los participantes.
Los menores de edad suelen almacenar el armamento en domicilios particulares o puntos de acopio clandestinos hasta que los emisarios de las organizaciones criminales acuden a retirarlo. En determinadas ocasiones, contratan a pares para cruzar las armas a través de la frontera y entregarlas en ubicaciones específicas dentro de México.
Caso de violación grupal en la Universidad Cornell
La participación de menores en el tráfico de armas guarda sintonía con conductas delictivas de alto impacto en el sector universitario, donde la impunidad y la agresión vuelven a colocar a la juventud estadounidense en el centro del escándalo.
Miles de usuarios se manifestaron en redes sociales en respaldo a la víctima de una violación grupal denunciada en la Universidad Cornell, en el estado de Nueva York, luego de que el periodista Michael Tracey solicitara ayuda para revelar su identidad bajo el argumento de evaluar su veracidad, lo que desató una ola de rechazo ante la amenaza de revictimización.
La campaña de solidaridad se viralizó en TikTok, X e Instagram bajo la etiqueta #IAmJaneDoe —seudónimo procesal empleado en el sistema judicial estadounidense para resguardar la identidad de los afectados—, donde miles de perfiles replicaron la consigna para defender el derecho al anonimato de las víctimas de agresiones sexuales.
Los registros judiciales detallan que la afectada, identificada como Jane Doe, denunció haber sido drogada con ketamina y agredida sexualmente en 2024 por siete integrantes de la fraternidad Chi Phi a la edad de 20 años. Pese a que las instancias legales desestimaron inicialmente los cargos, la investigación fue retomada formalmente el lunes.
El rector de la institución, Michael Kotlikoff, calificó el caso de profundamente perturbador, reconoció que la crisis institucional repercutirá en la reputación del campus durante los próximos años y asumió el compromiso de transparentar la gestión tras las críticas generalizadas sobre la respuesta inicial de las autoridades universitarias.