ESTOS HIJOS DE PUTA COMO el Cerimedo son totalmente desechables por la derecha…

El mercenario digital Fernando Cerimedo es sólo un peón. Y ahora, tras el fallido femenicidio sicarial por contrato de su ex pareja, Nadia Beller, en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, cayó en desgracia. Igual que su socio, el ultra español Javier Negre, el argentino es un simple engranaje de una estructura criminal mafiosa anclada en Estados Unidos. Junto con sus “milicias celestiales” y La Derecha Diario, llegado el momento, los dos son prescindibles. Por su especialidad en el uso intensivo de redes sociales y el despliegue de campañas sucias con inteligencia artificial (IA), manipulación de algoritmos, granjas de bots, contenidos falsos o engañosos y compra de votos y periodistas al servicio de la guerra cognitiva para moldear la conversación pública y erosionar gobiernos progresistas de la región, ambos han desempeñado un papel clave en la trama. Pero son simples fusibles de recambio. Porque más allá de la teoría de la conspiración, la ruta del dinero que ha sostenido hasta ahora la infraestructura de sus empresas fraudulentas, conduce a una vasta red articulada con el riñón de la ultraderecha del Partido Republicano, con Miami como nodo articulador y Washington como centro de acceso al poder real imperial.

Esa red es la que les ha facilitado intervenir los últimos cuatro años en campañas electorales en Latinoamérica, vía operaciones de comunicación política, plataformas mediáticas y circuitos de lobby que convergen en un mismo espacio político administrado, hoy, por Donald Trump, al servicio de un fin geopolítico estratégico: el repliegue hemisférico de Estados Unidos para, ante la creciente pérdida de hegemonía, volver a tomar impulso para las batallas contra el enemigo principal: China. Adscrita a la Estrategia de Seguridad Nacional 2025, la maquinaria de la Doctrina Donroe necesita operadores que puedan circular por el “patio trasero” del imperio transfiriendo el know-how (saber hacer) de manera eficiente, con una agenda de derechas que incluye la defensa del sacrosanto mercado, la guerra cultural al progresismo y la fabricación y estigmatización de un “enemigo público” según cada país en particular. Cerimedo y Negre son piezas de ese dispositivo, no sus inventores.

Como documentó el Observatorio de Medios de Cubadebate en las páginas de La Jornada –a partir de registros ante el Departamento de Justicia de EU y expedientes presentados bajo la Ley de Registro de Agentes Extranjeros (Foreign Agents Registration Act, FARA)–, en 2023 Cerimedo se convirtió en un eslabón más de una cadena que ha venido funcionando desde la administración de George W. Bush, integrada por súper halcones republicanos de la talla de Otto Reich, John Bolton, Elliott Abrams, James Cason y Mauricio Claver-Carone (actual “virrey” del ladrón de siete suelas en Venezuela), todos vinculados con el aparato de Seguridad Nacional, la comunidad de inteligencia y think tanks como la Fundación Heritage, el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) y el Council on Foreign Relations (el mayor influencer en la política exterior de EU y cuna de banqueros, directores de la CIA y secretarios de Estado, de Kennan a Kissinger, pasando por Brzezinski y Cyrus Vance), a los que se sumaría después Marco Rubio, ahijado político del chairman Jorge Mas Canosa, y quien alimenta ahora a la gusanera de Miami, donde destacan los congresistas María Elvira Salazar y Mario Díaz-Balart, residuos de la industria de la contrarrevolución cubana, hoy al alza.

En vísperas de la segunda vuelta electoral en Argentina, que con la ayuda del magnate Elon Musk llevaría a Javier Milei a la Casa Rosada, Cerimedo se asoció con el lobista argentino-estadunidense Damián Merlo –un ex oficial de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana y los programas del Instituto Republicano Internacional (IRI), y vicepresidente de Otto Reich Asociados–, y creó la empresa Numen Advisors LLC, en Florida, el 24 de mayo de 2023.

Otras dos piezas centrales de esa red son Joseph Humire, ligado a Heritage y a quien la página oficial del Departamento de Defensa sitúa al frente de Asuntos de Seguridad de las Américas, y Brad Parscale, arquitecto digital de las campañas de Trump en 2016 y 2020, y creador de las firmas #MakeAmericaGreatAgain y #MAGA (Hacer América grande de nuevo). Según The Economist, Parscale es la bisagra que conecta al argentino con el aparato digital del trumpismo. A su vez, Cerimedo es “el hombre MAGA” de Parscale en Latinoamérica mediante sus plataformas Campaign Nucleus y Eyes Over (asociadas a Trump), y juntos dirigen la consultora Numen (creada con Merlo), con sede en Puerto Madero, Buenos Aires. A través de su empresa Clock Tower X, el gurú de Cerimedo lidera una millonaria campaña de propaganda a favor del régimen genocida de Israel. Nadia Beller denunció a Parscale como un operativo de la CIA.

Cerimedo se jactó de dirigir el conglomerado de medios ultraconservadores Salem Media Network (135 radios y 43 periódicos), propiedad del inquilino de la Casa Blanca y del que es socio su hijo Donald Trump Jr. y que antes de ser asesinado tuvo entre sus comunicadores a Charlie Kirk.

Otro eslabón clave es el magnate petrolero Tim Dunn, quien según The Guardian, fue el octavo mayor donante de la campaña releccionista de Trump. En febrero, al recibir su premio como ‘consultor del año’ en Mar-a-Lago (la residencia de Trump en Palm Beach, Florida), Cerimedo agradeció a Dunn –quien creó una maquinaria política evangélica que busca convertir a Texas en una suerte de teocracia– por “dar la batalla contra el socialismo en Latinoamérica”. Dunn controla 40.6 por ciento del poder de voto en AiAdvertising, compañía especializada en el uso de inteligencia artificial para publicidad y segmentación de audiencias, de la que Brad Parscale era dueño de 5 millones de acciones.

Se entiende, pues, que en ese mar de tiburones Cerimedo sea una pieza desechable.

CARLO FAZIO

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