POR: Eduardo Orta Hernández
En los grandes estacionamientos al aire libre, no techados en los centros comerciales, la línea de demarcación que pintada separa el espacio de cada vehículo, bien pudiera ser sembrada de arbustos, cuyo tronco adulto no sobrepase de 30 centímetros y una vez alcance la altura de 2, 80 metros se les deje que sus ramas se desarrollen y crezcan de manera natural en sentido horizontal, cubriendo así los vehículos, cuando un agradable microclima aportada por la sombra y por el vapor de agua, que su hojas expelen.
El resultado de arborizar los estacionamiento, como política de todos los gobiernos municipales, con fundamento en una Ley nacional vinculante, desarrollada en cada ordenanza de obligatorio cumplimiento y como requisito formal para otorgar las licencias (patentes) de actividades económicas, es que en todos esas entidades locales se construirá unos espacio y una ciudad con micro clima humanizados, agradable para la vida y la salud de los visitantes a los centros comerciales.
Un estacionamiento sembrado de arbustos es sombra, oxígeno, clima agradable, temperatura de 20 grados debajo de la sombra, agua, habitación para aves y demás especies, eliminación de CO2.
Un espacio verde, agradable, fresco, en vez de el sofocante calor, el hirviente asfalto, los enceguecedores rayos del sol, o un desértico pavimento anidado de vehículos.
Disfrutará la ciudad del espacio sembrado, dulce para la vista, pasear usted un trayecto previa entrada al centro comercial entre el sonido de pájaros, las frescas chicharras, el multicolor plumaje de las aves, el correteo de las ardillas y el espectáculos del caminar indiferente de las iguanas, todo en una armonía impresionante, que despierta la curiosidad de los niños y de los adultos, solo imaginarlo ya es agradable e invita al disfrute de transitar y sintiendo el caminar entre la frescura y el viento de las ramas, su crispar de hojas, en esa conversaciones misteriosa de la naturaleza. Es un verdadero encuentro con la vida, ganando una nueva forma de disfrutar un día de compras entre los espacios de un estacionamiento comercial sembrado de arbustos y plantas ornamentales, que complementan con sus flores el colorido paisaje.
¿Cómo hacerlo? Mediante una Ley nacional conforme a una nueva visión de ordenamiento territorial. Ley nacional, cuyos beneficios colectivos son innegables, las Alcaldías le corresponde hacer realidad dicha ley, mediante decreto o sesión en las Cámaras Municipales que creen las respectivas ordenanzas, y de esa manera se haga obligatorio la arborización en cada estacionamiento presente y futuro.
Así, los centros comerciales, contribuirán en la solución a la crisis climática y compensarán en algo el efecto invernadero, producido por los aires acondicionados que se encuentran instalados en los locales y en toda la estructura inmobiliaria del centro comercial, de esta manera contribuirán los centros comerciales con una una mínima reparación, al daño causado a la atmósfera por el uso masivo y desmedido de los artefactos acondicionadores de temperatura.
La arborización de los estacionamientos, de los centros comerciales al aire libre, permitiría adquirir una nueva cultura, de amor a la naturaleza, a los árboles, a crear espacios para el disfrute y goce del ser humano, a valorar el ambiente en el cual transitamos, se adquiere una cultura de protección de la vida humana, la querencia por la sombra, lo verde del paisaje y la amistad hacia las aves y la fauna, un nuevo diseño donde el vehículo, el automotor comparte espacio dentro de la naturaleza sin agredir, sin negaría y sin grandes inversiones económicas.
De esa manera, los estacionamientos dejarían de ser esos inmensos y desolados patios cementados, asfaltados o pavimentados, DESAGRADABLES, antinatural, donde chirría y encandila el sol, siendo el concreto un fogón que sofoca y agrede al humano, a la naturaleza, a la vida y a la ciudad.
Las autoridades deben pensarlo y las instituciones crear los mecanismos y el soporte legal para tal fin, su importancia es elevar la calidad de vida de la población dentro de una ciudad para vivirla, así como generar el impulso para el protagonismo y la participación del pueblo todo, en aquellos asuntos de interés general.
Es hora que los diputados o legisladores aborten, rompan con el impuesto silencio, con las directrices de las siglas y cogollos, asuman su verdadero papel de protagonistas de primera línea en todo proyecto que tienda a mejorar la vida, a transformar la sociedad y presenten proyectos legislativos en beneficio de la comunidad que los eligió, dejando las pancartas para los momentos de campaña electoral. Es momento de honrar la verdadera y auténtica función de hacedor de leyes, de asumir el protagonismo que tanto la nación espera de sus mandatarios, valioso instantes los actuales para emular parlamentarios de la talla de Gustavo y Eduardo Machado, Luis Beltrán Prieto Figueroa, Simón Sáez Mérida, Aristóbulo Izturi, Domingo Alberto Rangel, José Vicente Rangel, Fabricio Ojeda y tanto otros consagrados luchadores que, desde los curules, supieron representar dignamente la representación que el pueblo les dio. Hora de hacer leyes que mejoren la calidad de vida, que tiendan a superar las cadenas de un modelo de acumulación capitalista, que permita superar la organización de los espacios capitalistas, que recupere y fortalezca la soberanía y la libertad del ejercicio de legislar para y con el pueblo.
POLVORÍN. Explosión insumisa de ideas.
Un combate por la vida. “Que todos sepan lo que no deben ignorar”